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Y de pronto la gente volvió a las librerías

Empujón navideño. Esta es la época en que más libros se venden en España, pero el negocio no vive sus horas más felices. En particular, en el sur. Eso sí, la tradición de dar por muerto al sector sigue acumulando años

19 dic 2017 / 07:35 h - Actualizado: 18 dic 2017 / 20:54 h.
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Si observa las fotos que se adjuntan con estas líneas, verá un curioso mapa. Está elaborado por la Confederación Española de Gremios y Asociaciones de Libreros, la Cegal, en colaboración con el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, fue presentado hace un mes dentro de un amplísimo –y esclarecedor– documento de situación y refleja las librerías existentes en el país por autonomías y en función de la densidad de población, por cada 100.000 habitantes. Cuanto más oscuro es el tono de color del dibujo, más establecimientos hay en esa proporción. En Cataluña, ocho. En Madrid, nueve. Casi doce en Navarra. Rozando las quince en Galicia. ¿Y en Andalucía? Pues en Andalucía, 5,7. Como se verá en otra tabla procedente del mismo informe, titulado Mapa de librerías en España 2016, el crecimiento de este tipo de negocios en el sur, aunque existe, no es para tirar cohetes: es verdad que hay otros paisanos a los que les va peor en esto, pero que Andalucía presente un 1,7 por ciento de aumento frente a la subida del 21,2 por ciento en Aragón y el 25,6 por ciento en Cataluña es que algo no funciona. O que podría funcionar sensiblemente mejor.

Hablando este fin de semana con uno de los libreros ya míticos de Sevilla, Miguel Ángel Escalera, de Rayuela (Escarnación esquina con Santillana, hasta donde llega el olor a calentitos del Spala y el solazo ubicuo de la plaza), comentaba él que la efervescencia del mercado librero en estas fechas en las que la gente, de golpe, vuelve a acordarse de que existen los libros no enmascara que el negocio está cogido con alfileres, pese a no ser él especialmente pesimista. «Lo estamos llevando con el esfuerzo de todos los años», comentaba, mientras los empleados del establecimiento se afabanaban sacando ejemplares nuevecitos de sus cajas y repartiéndolos por los anaqueles. «La Navidad, para nosotros, supone una importante fuente de ingresos para seguir tirando el resto del año, que es más cortito. Esto y la Feria del Libro, sí, aunque para nosotros más la Navidad, si bien en los dos casos son las fechas en que se tapan los agujeros del resto del año. En Sevilla llevamos 21 años. Somos referente en literatura infantil, aunque siempre hay gente que no lo sabe y nos descubre; sobre todo, gente de fuera que viene por turismo, nos ve, nos visita y se va muy contento del espacio». Sobre la situación actual de las librerías, con la competencia en internet, se muestra igualmente cauto: «Se lleva para adelante, porque todavía hay gente que nos busca en los espacios físicos, pero es una competencia bestial. Y hay mucha gente que a lo mejor vienen, ven y luego compran en otro sitio. Yo creo que a las librerías físicas les queda vida. Nos han dado por muertos desde hace mucho tiempo, y aquí estamos. Hace diez años decían que íbamos a durar dos. Y están naciendo nuevas librerías. Es verdad que con mucho esfuerzo y cada vez con menos ganancia, buscando el autoempleo y ganarse la vida como sea, pero bueno, hay proyectos no solo aquí sino en toda España. Vamos a seguir peleando. Yo creo que tenemos nuestro espacio. Pero ¿cuánto es ese espacio y cuántas quedaremos? No sé. Nosotros vamos a seguir plantando batalla».

Se puede hacer una loa romántica de los libros adobada con dos o tres frases célebres y alguna ilustración relamida, pero el informe –o sea, lo real del asunto– se impone sobre la lírica. Y lo real es que hay un aumento ligero pero significativo de la red de librerías independientes, que en España son 3.967 –es decir, las que no son grandes superficies comerciales, ni librerías de viejo, ni empresas de internet–. Y esa media nacional de 8,5 librerías por cada 100.000 habitantes coloca a España muy por encima de la media europea, donde la cifra es de 5,5. ¿Hay que empezar a descorchar el champán sin esperar a Nochevieja? Bueno, el presidente de Cegal, Juancho Pons, explica que ese dato tan aparentemente satisfactorio se debe a la más alta concentración existente en otros países –Francia, Alemania, Holanda...– en la venta en grandes cadenas, que se está zampando al comercio tradicional. Contándolo todo, los datos del último informe Eurostat señalan 5.480 librerías en España, el país que más tiene de toda Europa. Pero ojo: según la misma fuente, desde 2008 la cantidad ha caído un 16,2 por ciento. Si es solo por culpa de la crisis, habrá quien lo diga. Pero ya dice el refrán lo que hay que hacer cuando ve uno cómo le cortan las barbas al vecino. Y nada parece apuntar –más bien al contrario– que aquí no vaya a pasar lo mismo que en esos otros países tan modernos de Europa, donde la gente cada vez va menos a la librería, porque para eso están los hipermercados.

La supervivencia de los libreros, en muchos casos, depende de apostar por un tipo concreto de obras. En España, según Cegal, el 26,5 por ciento de las librerías están absolutamente especializadas, y otro 13 por ciento, pese a ser generales, presentan algún tipo de especialización. El informe detalla que «entre las librerías especializadas y generales con especialización destacan las de literatura infantil/juvenil (27,9 por ciento) muy por encima del resto. Suponen un porcentaje superior al 10 por ciento las dedicadas a lenguajes, lingüística y literatura (11,2); las dedicadas a las ciencias sociales (economía, derecho y educación) (11); las especializadas en cómics (10,4), y las dedicadas a artes, bellas artes y deportes (10,2 por ciento)».

«Nosotros empezamos hace siete años como una librería especializada solo en arte». Quien habla es Jesús Barrera, responsable de Un gato en bicicleta, la librería del número 22 de Pérez Galdós, Sevilla. «A partir de ahí fuimos abriéndonos un poco en el sector y llenando nuestras estanterías de libros de editoriales independientes tanto en narrativa como en poesía. La verdad es que poco a poco, en poesía, hemos conseguido un fondo muy importante, y si te digo ha sido más por el cliente que por las editoriales; muchísima gente viene buscando libros de arte y poesía. A mí me parece algo extraño también. Se hacen tiradas cortitas, pero el cliente siempre viene buscando aquí lo que no encuentra en otras librerías. Una gran superficie no va a tener esta clase de libros. Tenemos muchos clientes que vienen a que yo les aconseje, les gusta mucho. Saben que son libros y autores que no conocen en su mayoría, y van buscando algo nuevo que aprender, que enseñar, que leer. Muchísima gente viene diciendo que quiere regalarle un libro a una persona que no lee. En esos casos siempre les sugiero un libro de relatos, más sencillo, porque no tiene que estar 250 páginas con una historia, y es más fácil que se enganche. Y curiosamente me ha pasado que esa persona que no leía, y para la que venían buscando un libro, ha venido después a por más porque le ha gustado leer. Incluso mucha gente viene diciendo: quiero empezar a leer poesía porque nunca he leído poesía, ¿qué hago?, y así».

Tal vez la solución sea esa, ofrecer algo diferente, lo cual puede abocar al gremio a un esnobismo peligroso y al lector a soportar incómodas burbujas. El caso es que, según el Mapa de Librerías, más de la mitad de estas en toda España facturan menos de 90.000 euros anuales, y un 23,6 no llega a los 30.000. Las grandes, por contra, superan el medio millón de euros y en algunos pocos casos (42, por ser más precisos) alcanzan el millón y medio.

En cuanto a la provincia de Sevilla, el informe de la confederación de libreros dice que el número de librerías, que en 2015 era de 116, un año después era de 106, esto es, una bajada anual del 6,9 por ciento. Uno de los descensos más acusados de toda España, solo por detrás de Guadalajara, Palencia y Ceuta y Melilla. El crecimiento más notable se registra en Lugo (48 por ciento más de un año a otro), seguido del de Huesca (40,6), Tarragona (33,3), Gerona (29,4), Teruel (27,3), Barcelona (21,9)... O sea, lo que dicen los colores del mapa: más oscuritos por el norte, más claritos por el sur. Aunque siempre habrá alguien que pueda agarrarse al dato de Palencia. Es lo bueno de los libros: que incentivan la interpretación y la fantasía.


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