viernes, 06 diciembre 2019
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, última actualización

Aguado rinde a los elementos

El matador sevillano levantó con un sobrero de Domingo Hernández una Goyesca en la que falló la corrida de Juan Pedro Domecq. Morante cuajó una faena para el recuerdo

01 sep 2019 / 09:56 h - Actualizado: 01 sep 2019 / 10:03 h.
  • Pablo Aguado fue el triunfador de la tarde. / Arjona
    Pablo Aguado fue el triunfador de la tarde. / Arjona

El festejo parecía sentenciado sin que los resultados hubieran respondido a la extraordinaria expectación levantada más allá de una faena casi secreta de Morante al tercero de la tarde; un trasteo reforzado por la ruidosa ‘cla’ de Pablo Aguado –que no le va nada- y la sensación de que la corrida de Juan Pedro Domecq había llegado hasta las cumbres de Ronda con las ruedas pinchadas. Pablo había formado un lío gordo parando al sexto con el capote. Los capotazos surgieron tersos, empacados, cadenciosos... despertando una impresionante unanimidad y la lluvia de esos sombreros de publicidad que se habían colocado en los escaños de Sol antes del festejo. ¿Iba a ser este toro el del lío gordo que esperábamos? El joven diestro sevillano se lo había brindado a Morante antes de comprobar que se moría por las esquinas...

Mientras tanto algo se empezó a barruntar en los tendidos. Morante devolvió a Pablo el sombrero de dos picos. Hubo parlamento entre ambos y el más joven se dirigió a la presidencia después de consultar con sus apoderados: “¿Lo echamos?”. Sin solución de continuidad se anunció que saldría el sobrero de Domingo Hernández. Morante –en un gesto de grandeza torera que le honra- se lo había regalado a su joven competidor, que salió algo arrebatado con el capote.

Aguado rinde a los elementos
Morante de la Pueba. / Arjona

Lo mejor estaba por llegar: La faena, de acople creciente, comenzó por bajo. El bicho se pegó un volantín que puso a prueba sus fuerzas y hasta la paciencia del propio matador que formó el primer lío con un cambio de mano de seda que reveló su mejor dimensión. ¿Iba a ser en este por fin? El pasodoble ‘La Concha flamenca’ se enhebró a la perfección a la labor del torero sevillano, que sorprendió en los molinetes, acarició en los remates y exprimió con un extraordinario sentido de la escena y la cadencia una embestida cogida con algunos alfileres.

Aguado rinde a los elementos
Pablo Aguado. / Arjona

Hubo naturales largos como un río; muletazos de seda y esa compostura natural basada en la belleza pura del muletazo. Pablo torea sobre la cintura, sin forzar posturas y haciendo de la limpieza del trazo y ese temple imposible el mejor hilo de su toreo, desnudo de cualquier artificio. El toro estaba exprimido y su matador se marchó por la espada. Pero aún hubo tiempo para amarrar la faena en unos excelsos muletazos por bajo. La banda, armonizada con la labor del torero también lanzó su traca final y la espada entró. Aguado también había rendido el Tajo del Guadalevín. Le dieron dos orejas, se lo llevaron a hombros...

Aguado rinde a los elementos
Morante de la Pueba. / Arjona

Ésa fue la cúspide de una tarde de altibajos en la que también hay que anotar la valiosa faena de Morante –brindada a Santiago Abascal- al tercero de la tarde. Le pegaron un fuerte puyazo que el diestro cigarrero alivió por el palo de Chicuelo. La faena comenzó por sabrosos ayudados, un molinete de Giraldillo y un antañón muletazo de la firma. Y a partir de ahí se puso a torear con temple natural sobre la mano derecha cosiendo tanda a tanda con ese catálogo de tauromaquia sepia que se reforzaba con la indumentaria rabiosamente dieciochesca que había escogido. Con la muleta en la izquierda la cosa subió aún más de tono, sacando de la chistera molinetes invertidos, kikiriquís... Su labor –seguramente una de las mejores de un año desigual- se vivió como un auténtico bálsamo aunque un sector del público, demasiado predispuesto a otros asuntos, no captó por completo su verdadera dimensión. El presidente, más puntilloso de la cuenta, le envió un aviso improcedente cuando estaba a punto de montar la espada. No importó. Un pinchazo previo a la estocada no impidió que cortara una oreja que paseó tan pimpante. Antes se había dado poca coba con un primero desfondado y cortó por lo sano –y muy bien que hizo- con un quinto que no ofrecía ninguna posibilidad de lucimiento.

Aguado rinde a los elementos
Pablo Aguado. / Arjona

No se nos olvida: Aguado había cortado otra oreja al cuarto de la tarde, al que recibió con una larga cambiada y un excelente ramillete de verónicas. El toro tenía su clasecita pero estaba justísimo de fuerzas. Fue una faena muy jaleada por los fieles del gran diestro sevillano que nos dejó con alguna miel en los labios. La culpa la tuvo el escaso fondo del animal, toreado a cuenta gotas y exprimido en la distancia corta, muy metido el torero entre los pitones. Los últimos muletazos, a pies juntos, estuvieron llenos de sabor. Pero algunos andaban emperrados en ver algunas maravillas que –afortunadamente- estaban por llegar. Ya se lo hemos contado: el propio Aguado vencería a los elementos cuajando de cabo a rabo el sobrero. Qué lujo de torero...

Ficha del festejo

Plaza de la Real Maestranza de Ronda, LXXIII Corrida Goyesca

Ganado: Se lidiaron seis toros de Juan Pedro Domecq y un sobrero de Domingo Hernández, correcta aunque desigualmente presentados. Los del hierro titular estuvieron globalmente desinflados. El primero, noble, no tuvo verdadero contenido; derrengado por completo el segundo; potable pero soso el tercero; desfondado y a menos el cuarto; frito el quinto; absolutamente inválido el sexto y simplemente manejable el sobrero de Hernández.

Matadores: Morante de la Puebla, con casaca de damasco tornasol, calzones de color guinda y pasamanería negra: silencio, oreja tras aviso y algunos pitos.

Pablo Aguado, de damasco color espuma de mar con abalorios negros: ovación, oreja, silencio y dos orejas en el sobrero de regalo.

Incidencias: la plaza se llenó hasta los topes en tarde de calor sofocante. Dentro de las cuadrillas brillaron Iván García y Pascual Mellina. Raúl Ramírez intentó el salto de la garrocha con el quinto de la tarde. Actuó de sobresaliente el veterano diestro venezolano Simón Mijares ‘El Duende’.


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