lunes, 27 mayo 2019
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Dentro de un libro abierto

No es la leyenda que la acompaña, ni el emplazamiento singular, pero tampoco su estructura clásica, sino un ciclo de pinturas, completado cien años después de su construcción, lo que convierte esta casa de recreo en una joya. La villa Valmarana ai Nani se levanta en las colinas que abrazan Vicenza, frente al valle del Silencio y permanece en las manos de la misma familia desde su construcción

12 may 2018 / 08:36 h - Actualizado: 08 may 2018 / 22:11 h.
  • El sacrificio de Ifigenia. / Gianbattista Tiepolo
    El sacrificio de Ifigenia. / Gianbattista Tiepolo
  • La melancolía de aquiles. / Gianbattista Tiepolo
    La melancolía de aquiles. / Gianbattista Tiepolo
  • Tiepolo destaca por la envergadura ilusionista de su mirada. / Gianbattista Tiepolo
    Tiepolo destaca por la envergadura ilusionista de su mirada. / Gianbattista Tiepolo
  • Tiepolo es el Gran Escenógrafo. / Gianbattista Tiepolo
    Tiepolo es el Gran Escenógrafo. / Gianbattista Tiepolo
  • Los muros de la Valmarana recogen los ecos suscitados por el canon literario occidental. / Gianbattista Tiepolo
    Los muros de la Valmarana recogen los ecos suscitados por el canon literario occidental. / Gianbattista Tiepolo
  • La villa Valmarana ai Nani se levanta en las colinas que abrazan Vicenza. / Augusto F. Prieto
    La villa Valmarana ai Nani se levanta en las colinas que abrazan Vicenza. / Augusto F. Prieto
  • Tiepolo busca centrarse en sentimientos. / Gianbattista Tiepolo
    Tiepolo busca centrarse en sentimientos. / Gianbattista Tiepolo

Cuenta la narración de un rey que tuvo una hija enana. Para evitarle lo cruel de su deformidad, la rodeó de otros humanos similares, damas y sirvientes en miniatura, y la encerró con ellos, aislándola del mundo, en una corte en fiesta permanente. Todo fue cuento de hadas hasta que un apuesto príncipe escaló los muros y se hizo presente. Entonces, la prisionera reparó en sus defectos y, desolada, se quitó la vida arrojándose desde las alturas del palacio. Petrificados para siempre por el dolor, los enanos que la acompañaban permanecen coronando los muros del dominio.

Esas esculturas estuvieron en otro tiempo en los jardines, y parece que aquel que las ideó fue el mismo artista que decoró el interior de la morada.

La villa Valmarana ai Nani se levanta en las colinas que abrazan Vicenza, frente al valle del Silencio, en un entorno de una belleza resplandeciente. Una de sus vecinas es quizás la villa más famosa del mundo, a la que conocemos como La Rotonda –villa Capra- célebre por ser una de las obras cumbres de la arquitectura. La que recorremos aquí está influida por aquella y se define, por sus estudiadas proporciones -y por el concepto con el que se diseñó- como palladiana. Es una morada de recreo, pero también una hacienda agrícola, un lugar ameno, alejado del lenguaje grandioso de los palacios urbanos.

En sus armónicos salones, Gianbattista Tiepolo pintó un ciclo de frescos por encargo del patricio véneto Giustino Valmarana. Es un compendio de obras maestras de la literatura europea que sitúa, mirando a cada uno de los cuatro puntos cardinales, la «Ilíada» de Homero, la «Eneida» de Virgilio, «Jerusalén liberada» de Tasso, y el «Orlando furioso» de Ariosto, en lo que es una mirada retrospectiva al momento fundacional de la construcción del edificio, el Renacimiento.

Esta cualidad metaliteraria diferencia la construcción de las series mitológicas, las apoteosis heráldicas, o los ciclos religiosos que acostumbraban adornar los templos familiares y las sedes dinásticas citadinas, diferenciándola, transformándola en una casa de los placeres apropiada para la tertulia, la música, la Historia, y el Arte. En un salón abierto a la naturaleza. Centro cultural, tributario de las grandes villas imperiales de la antigua Roma, y precedente de los caprichos barrocos.

El sacrificio de Ifigenia. La ira –y la melancolía- de Aquiles. Los abandonos -de Dido o de Armida-. La liberación de Angélica. El maestro busca centrarse en sentimientos, en instantes congelados en el tiempo más que en una narrativa al uso, recreándose para ello en el retrato psicológico.

Troya, Roma, Jerusalén, París. La guerra. Los bandos enfrentados de moros y cristianos, de tirios y troyanos, de ilirios y latinos. El amor, el honor, el deber, y la poesía.

Los muros de la Valmarana recogen los ecos suscitados por el canon literario occidental, desarrollando sus temas e incrustándolos en el paisaje, como resumen de una herencia clásica que acudieron a visitar todos los célebres viajeros del Grand Tour, desde Goethe a la marajaní de Khapurtala, Albert Camus, Truman Capote, Salvador Dalí, Frank Sinatra, Peggy Guggenheim, o Luchino Visconti.

Tiepolo pintó los ciclos de la villa después de culminar el aparato pictórico del Palacio Real de Madrid, ciudad a la que regresaría para morir en 1770. Es considerado el pintor más importante del setecientos. Porque el artista veneciano destaca por la envergadura ilusionista de su mirada, la vivacidad de su paleta cromática, la minuciosidad en los detalles, o el dramatismo con el que presenta a sus personajes, y es caso único –junto con José María Sert como su más avanzado alumno, ya en el siglo XX- en la construcción global de la puesta en escena. Es el Gran Escenógrafo.

Los paramentos internos de la casa se convierten así, como por arte de magia en un teatro del mundo, un suculento telón que se superpone a la naturaleza misma -o que la supone- con personajes y acontecimientos que se concretan en una realidad artificiosa. Dentro de este ámbito encantado, los habitantes se sienten parte y centro del mundo de los emblemas literarios. Es la creación dentro de la Creación.

En el anexo de la villa, conocido como foresteria, Giandomenico Tiepolo, hijo del gran muralista, se torna hacia la Ilustración y despliega un panorama de la China legendaria, trabajada sobre el exotismo –«El paseo del Mandarín»- así como diversas reconstrucciones historicistas más o menos afortunadas, que no llegan en ningún caso a la altura de su mentor.

La Villa permanece en las manos de la misma familia desde su construcción, y ha visto pasar la guerra.


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