sábado, 15 diciembre 2018
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El enigma del pianista gracioso

Stefano Bollani es un claro ejemplo de músico capaz de fusionar con gusto al componer, de mostrar una delicadeza exquisita al piano y de hacer el ridículo buscando carcajadas entre el público. Una mezcla imposible

12 nov 2018 / 22:25 h - Actualizado: 12 nov 2018 / 22:45 h.
  • Stefano Bollani. / Jaime Massieu
    Stefano Bollani. / Jaime Massieu

Stefano Bollani es un buen pianista. Los músicos que componen su banda son un cheque en blanco y al portador. Disciplinados y conocedores del oficio. Buenos acompañantes. Y la música que compone Bollani no está nada mal. Dicho esto, cualquiera podría pensar que sus conciertos son una maravilla, que no deben surgir demasiadas pegas cuando estos músicos suben al escenario y se ponen a hacer música. Sin embargo, el que escribe se sintió molesto en algunos tramos del espectáculo. Demasiado gesto en busca de carcajadas en la platea por parte de Bollani, todo demasiado parecido a una fiesta patronal de pueblo. Algo de humor no está mal. No conviene tomarse las cosas demasiado en serio. Reconozco que yo mismo pude reír con algunas de las ocurrencias de Bollani, pero no con todo el arsenal que desplegó frente al público que se encontraba en el patio de butacas del Fernán Gómez Centro Cultural de la Villa de Madrid. El jazz es una cosa y el circo otra bien distinta. Ahora bien, el personal pareció disfrutar de lo lindo y era capaz de perdonar el exceso de chistes y algunas incorrecciones musicales. Hubo de todo.

Stefano Bollani llegaba acompañado de Jorge Helder (contrabajo), Jurim Moreira (batería) y Thiago da Serrinha (percusiones). Armando Marçal, otro percusionista, no pudo acudir a la cita. Es una buena banda, pero poco más. Jazz de corte clásico que se fusiona con ritmos brasileños y con toques latinos evidentes. El contrabajista dialoga directamente con el líder del grupo dentro del ámbito de una complicidad que no esconden; Moreira hace sonar la batería dosificando los esfuerzos para lograr estar pendiente y sumar un buen swing al conjunto; y el percusionista se compromete en cada tema de modo que los ritmos y sones se enriquecen con su intervención. Bollani al piano, con delicadeza y cierto descontrol en algunas fases de concierto, se queda a medio camino cuando, en realidad, debería ser capaz de mucho más. Los que le pudimos escuchar junto, por ejemplo, a Richard Galliano sabemos que este pianista es mucho más de lo que deja ver, que puede hacer cosas más importantes. Una de esas cosas importantes, todo hay que decirlo, no será cantar como demostró al interpretar La nebbia a Napoli. Justito de voz y de afinación. Sin embargo, componiendo e interpretando, este músico puede tener cierto recorrido. Es delicadísimo haciendo sonar el instrumento salvo que se ponga a gesticular.

Los temas que sonaron pertenecen al álbum Que Bom. Si hay que destacar alguno habría que señalar Simo tutti figli di qualcuno con el que se iniciaba el concierto y la pieza Sbucata da una nuvola, muy equilibrada en su composición y bien interpretada. Solo los temas de propina eran de otros compositores.

Los asistentes lo pasaron muy bien. Eso es muy importante y no se debe juzgar. Respetar los gustos de la gente es imprescindible. Pero eso no esconde que a Bollani se le atraganten algunos territorios en los que indaga o una puesta en escena que tiende a convertir sus conciertos en un festival. ¿Qué necesidad hay? ¿Por qué sacrificar el talento musical a favor de un humor dudoso? No termino de entender.


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