domingo, 25 junio 2017
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Laura Sierra y Manuel Tévar son pianistas. Se conocieron hace muchos años y son los componentes de Iberian & Klavier. Interpretan a cuatro manos, dos pianos y orquesta. Van cosechando éxitos desde sus primeros trabajos y su proyección internacional es robusta. Sus comienzos fueron distintos aunque el destino les hizo encontrarse en el punto del camino exacto. Acaban de presentar su tercer disco: «El piano del Maestro Alonso»

13 may 2017 / 12:59 h - Actualizado: 12 may 2017 / 20:20 h.
  • Iberian & Klavier. / Pepe Marín
  • Manuel Tévar. / Michal Novak
  • Laura Sierra. / Michal Novak
  • Foto promocional de Iberian & Klavier. / Michal Novak

Iberian & Klavier: Abierto 24 horas

Laura Sierra y Manuel Tévar, son matrimonio. Y son los dos componentes de Iberian & Klavier. Desde su creación han ido cosechando éxito tras éxito interpretando actuando en recitales a cuatro manos, dos pianos y con orquesta.

Son una pareja muy divertida, entrañable, de trato exquisito. Laura está radiante esperando a Lis, una niña que llegará pronto a este mundo.

Me intereso por cómo ha sido el proceso musical que les ha llevado hasta aquí.

Laura habla con calma, con un tono de voz que invita a la tranquilidad.

«Nos unen muchas cosas. Han ido de la mano nuestras vidas personales y la música. Fui alumna de Manuel en el conservatorio. Era mi profesor de improvisación. Ya entonces le seguía mucho, cada vez que estrenaba algo de lo que componía iba a verle. Me fascinaba su música. Y todo fue como un juego».

Manuel matiza.

«Nos gustamos musicalmente desde el principio».

Hablamos de los flechazos intelectuales. Coincidimos en que son rotundos, definitivos; se trata de encuentros que te dejan fuera de combate, te pongas como te pongas.

«A nosotros la música nos mantiene unidos y, además, nos da de comer. No se puede pedir más». Habla Manuel aunque ella asiente sonriendo. «Vivimos de la música y siempre hemos estados inmersos en la época de crisis. Cuando empecé a dar conciertos lo hacía gratis. Conociendo ya a Laura, la cosa se había puesto dura y la decadencia era total».

Laura replica.

«En realidad, nos unimos porque nos lo pasábamos muy bien y porque conectábamos totalmente desde el primer momento. Sin hablarnos nos entendíamos. Daba un poco de vértigo juntar la vida profesional con la personal, pero descubrimos que todo era más fácil. Si a eso le añades que la respuesta de la gente que nos escuchaba era muy buena, la decisión fue fácil y acertada».

Le pido que explique en qué consiste esa respuesta del público a la que se refiere.

«Descubrimos que la gente nos seguía, que no les importaba ir tres veces al mismo concierto... Fue todo una sorpresa, algo inesperado».

Son casi ocho años juntos sobre el escenario. Y presumen de estar donde están gracias al público. Pero ¿qué es el público, quién es? pregunto. Contesta Manuel.

«El público es un concepto muy amplio. Nosotros nos referimos a personas, a un grupo más pequeño. Los seguidores son seguramente pocos, pero fundamentales. Personas que quieren saber qué haces y dónde, que bajan a saludarte al finalizar el concierto, que compran tus discos. El gran público tiende a valorar de otro modo las cosas, con diferente criterio».

«No es el público fan, es esa gente que te ha visto y no se separa de ti» dice Laura.

Me interesa saber, ahora, por qué un músico elige un instrumento y no otro, si el instrumento les elige a ellos.

«Es una combinación de lo que te encuentras en el camino (la pareja de mi padre era pianista y eso influyó) y tu propia vocación» dice Laura muy segura.

«Yo comencé en una actividad extraescolar; Juan Álvarez, pianista titular del Ballet Nacional de España; era mi profesor y enseñaba piano. No había otra posibilidad. Comencé suspendiendo en el conservatorio, no creas. Y eso fue como si me pusieran una banderilla negra. A partir de ese momento, eso sirvió para que me estimulase y querer hacerme pianista. Lo cuento porque podría ser judoka o futbolista si hubiera elegido otra actividad» dice Manuel mientras va alternando la mirada entre su esposa, algún objeto o yo mismo.

Aprovecho para tratar el asunto del aprendizaje musical. ¿Por qué no termina de gustar a los chicos aprender música si esta forma parte de nuestra vida? Nos ponemos contentos y escuchamos música, queremos motivarnos y escuchamos música, estamos tristes y nos encerramos a escuchar la misma canción triste veinte horas seguidas. Pero, sin embargo, la enseñanza no cuaja como algo divertido y necesario.

Laura no se lo piensa. «Es un problema del sistema. Tenemos demasiados objetivos fijados, debemos conseguir unos mínimos y, en realidad, lo que hace falta es que las cosas hagan la vida más fácil, más agradable; hace falta que te gusten las cosas. Sin que ames algo es muy difícil que se avance. Aprendizaje y diversión deberían ir juntos y no es así. Se hace casi imposible que se perciba la música como algo natural y fundamental. Creo yo que uno de los grandes problemas es que no nos dicen que hay un camino: la exclusividad. Si los niños lograsen entender que hacer música es algo muy, muy, personal y que nadie más en el mundo va a tocar una pieza como lo haces tú mismo, que la forma de expresar una sensación, un sentimiento, es única, facilitaría las cosas».

Puede ser que la gente no termine de entender que el código musical para expresar es diferente, añado.

«Otro problema es que nadie te enseña a pensar en que el que tienes sentado en la butaca de un teatro, y que ha pagado una entrada, es el que tiene que recibir un mensaje. El músico debe hacer sentir, debe saber contar lo que otro escribió, lo que otro pensó cuando escribía la partitura. El músico es él, pero forma un conjunto con los que escuchan. Si no tenemos claro esto, es imposible que las cosas vayan bien y es normal que exista una clara ruptura entre el intérprete y el público. De este modo, no sentir lo que te cuentan se traduce en un inmenso problema que aleja a la gente de la música. Ir a concierto pensando ‘voy a escuchar lo que quieren contarme estos chicos’ no es lo habitual. Se va a otra cosa. El interés de un creador es que su música debe funcionar. Pero, a veces, no queremos casar la necesidad los intereses propios con los del público. Si se consigue la comunión necesaria se produce lo que llamamos éxito. Por eso hay que pensar muy bien en quién va a escuchar eso y cómo se lo voy a contar» dice Manuel.

La improvisación en la música clásica parece que no existe. Eso cree la gente. El que escribe sabe que no es cierto y, por ello, les animo a que me den su opinión.

«Bach improvisaba todo el día. Luego escribía para enseñar. Pero improvisaba mucho. De hecho, muchos jazzmen han aprendido de él» contesta Manuel.

«Nosotros tocamos obras de Manuel que son parte escrita y parte improvisada. Es fascinante, claro, porque nunca nada es igual» añade Laura.

¿Vivís al son de una partitura?

Laura dice: «Nuestra vida es música. 24 horas al día vivimos la música. En nuestro caso, nos gusta y lo podemos compartir».

Manuel espera paciente para matizar. «En cualquier caso, el grado máximo de conexión lo alcanzamos en el escenario. No hemos hecho dos conciertos iguales, todo se concentra en el momento y esa rutina de las 24 horas viviendo la música se convierte en algo único cuando hacemos un concierto. Aunque prepares el fraseo, anotes en la partitura... es un momento especial que nunca se repetirá».

Dicen poder tener una conversación con el piano. Es un lenguaje que manejan con la misma facilidad que cualquier otro. Dicen saber cómo se encuentra el otro en cuanto escuchan los primeros acordes.

Laura Sierra y Manuel Tévar, o lo que es igual Iberian & Klavier, acaban de presentar su nuevo disco. El piano del Maestro Alonso. Han querido contar la historia de un joven que deja todo atrás al marchar a Madrid buscando el triunfo, rompiendo con todo. Me recuerdan que, ya que hablamos de improvisación, Alonso compuso ¡Mi adiós a Granada!, de pie, mientras se despedía de sus amigos. En el disco, interpretan a cuatro manos, piezas como Noche en la Alhambra, Doli o Rosita.

Nos despedimos porque el tiempo no hace concesiones. Me recuerdan que el próximo 18 de mayo actúan como solistas con la orquesta de Córdoba, dirigida por el maestro Lorenzo Ramos. Será en el Gran Teatro de Córdoba e interpretarán el Concierto para dos pianos y orquesta de Mozart y el Carnaval de los animales de Saint Saens.

Si hay suerte allí estaré. Porque merece la pena.


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