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La rueda celeste

Técnicamente espléndida y narrativamente fascinante. Le Guin nos arrastra a otra de sus distopías para que una moral personal y algo dudosa ordene una realidad más que inquietante

30 jun 2018 / 08:14 h - Actualizado: 26 jun 2018 / 09:02 h.
  • Portada de ‘La rueda celeste’. / El Correo
    Portada de ‘La rueda celeste’. / El Correo

En esta novela, la escritora estadounidense Ursula K. Le Guin (novelista, poeta y ensayista, principalmente) atrapa al lector de forma rotunda a través del mundo de los sueños y la manipulación humana de los mismos en un entorno no menos reconocible y distópico a un tiempo.

Deudora de Philip K. Dick entre otros, los personajes principales son George Orr, que empieza siendo una medusa para convertirse en una especie de replicante demasiado humano, y su psiquiatra Michael Haber, un tipo con delirios de grandeza que opera en su mente a través de la hipnosis y otros métodos de persuasión, primero para convertir unos complejos sueños en simples líneas conductuales y después para apoderarse de los antiguos y hacerse dueño y señor de su antigua voluntad, por la que Orr era capaz de hacerlos realidad.

Ursula K. Le Guin es además una escritora perturbadora de atmósferas, capaz de describir entornos tranquilos y apaciguados que en Orr y en el lector pueden llegar a ser de pesadilla, consiguiendo un clima de psicosis o esquizofrenia colectiva.

Al no ponerse en el lugar ni de Orr ni de Haber, y utilizando al personaje de la abogada defensora de aquel, alguien con un pasado también tortuoso a sus espaldas, la novela es capaz de hablarnos, desde la psicología más científica, de cómo a partir de la fase dos o de husos del sueño, alguien se puede apoderar de los sueños de otro a través de su libertad, siempre y cuando quien acuda a estas sesiones sea incapaz de llegar a la quinta fase REM por sí mismo. Y es que en el caso de que Orr pudiera llegar a esta fase por sí mismo, pondría patas arriba el orden y concierto de la sociedad mundial.

Por otro lado, Haber es alguien de quién no podemos fiarnos, un psiquiatra perverso que recuerda a los médicos y locos de Poe, capaz de hacerse dueño del mundo con psicosis ajenas y que en su vida personal es incapaz de mantener relación alguna con seres de otro sexo.

Inquietante, en la fábula que nos ocupa se utiliza un narrador de elaboración compleja que pretende apoyarse alternativamente en estos dos personajes de manera sabia, sin apenas dar tregua a otras concesiones o vidas, más que desde lo paralelo.

Provocadora, se plantea una moral muy personal a través de la que no siempre lo que vence es lo más adecuado o mejor para la humanidad, obteniendo a través de sus portentosos diálogos el principio de una hecatombe situada en Portland (Oregón), lugar en que casualmente esta afincada la escritora y que tuvo un dramático desarrollo de la Segunda Guerra Mundial con Japón como principal enemigo.

Calificación: Extraordinaria.

Tipo de lector: Dispuesto a inquietarse.

Tipo de lectura: Absorbente.

Argumento: Los sueños y la manipulación humana de los mismos.

Personajes: Bien perfilados.

¿Dónde leerlo?: Tras un sueño reparador, en un sofá.


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