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Las sonatas

El protagonista de Las Sonatas de Valle-Inclán, el marqués de Bradomín, es un sinvergüenza, enamoradizo y casquivano, orgulloso y poco de fiar

02 ene 2017 / 19:14 h - Actualizado: 02 ene 2017 / 19:21 h.
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El protagonista de Las Sonatas de Valle-Inclán, el marqués de Bradomín, es un sinvergüenza, enamoradizo y casquivano, orgulloso y poco de fiar. Pero tiene un encanto tal, una pasión, una autenticidad y un deseo tan grande de vivir, que lo convierten en uno de los personajes más inolvidables de la literatura. Las Sonatas están narradas en primera persona por el marqués, pero su narración es una interpretación muy personal de los hechos que está rememorando. Y no pocas veces hay enormes contradicciones entre lo que dice y afirma el narrador, y los hechos que lleva a cabo el personaje. Es muy poco de fiar, este marqués.

La Sonata de Primavera es la más incomprendida de las cuatro. Ambiente modernista sí, de poema de Rubén Darío con su palacio italiano lleno de princesas, la bella hija mayor que quiere ser monja y es tan santa que no concibe los amores que siente por ella el Marqués de Bradomín, quien muere solo por tenerla cerca, por rozar su mano... Pero hay que leer entre líneas, hay que prestar mucha atención a los guiños que don Ramón nos va dejando a lo largo del texto, y sobre todo tengamos muy en cuenta ese final tan despiadado. Valle-Inclán está haciendo uso de esa estética modernista para burlarse justamente de sus excesos, y hace vivir a Bradomín un amor puramente platónico para condenar el efecto asfixiante y demoledor de las doctrinas de la Iglesia de Roma sobre algo tan bello y natural como es el amor entre un hombre y una mujer. Cada vez que el marqués de Bradomín se refiere a María Rosario como «santa», se puede sentir la ironía tan mordaz con la que el autor está usando esta palabra.

En la Sonata de Estío, el marqués de Bradomín viaja a México para recuperarse de unos amores desgraciados, para volver a enamorarse a las primeras de cambio de la primera mujer hermosa con la que se encuentra. El estío es la época de su plenitud amorosa, no solamente con la Niña Chole con la que logrará hazañas amatorias inigualables por un simple mortal, sino que sus amores y deseos se hacen extensivos (de pensamiento si no de obra) a otras mujeres, e incluso hombres, que se cruzan en su camino. Un ambiente exótico, de libertad y de sensualidad, hace posible que el marqués dé rienda suelta a sus sentidos aún poniendo en riesgo su propia vida. Y la Niña Chole, aunque cruel y pecadora, va a gozar de un destino mucho más benévolo que el que tuviera María Rosario en la Sonata de Primavera, a pesar de su santidad.

En la Sonata de Otoño en marqués juega en casa, va a Galicia a visitar a Concha, su primer amor de juventud que moribunda le reclama a su lado, y se encuentra allí rodeado de recuerdos y de familiares, en un ambiente en el que el verano gallego ya da paso al otoño y este al invierno. Mientras tanto, Concha apura con el Marqués los últimos momentos de felicidad amorosa que le son permitidos, después de que sus amores de juventud se truncaran por la oposición familiar (y por las infidelidades de Bradomín). Como siempre, el Marqués no tiene más que palabras de elogio para la mujer (o las mujeres) que en ese momento son las receptoras de su pasión, en todas ellas encuentra algo positivo y algo que amar, e incluso sus defectos le parecen virtudes. Bradomín, tan impío y tan religioso al mismo tiempo, sigue sintiendo un placer especial en rivalizar con Dios por el amor de las mujeres devotas y creyentes. Pero también se hace viejo, y la cercanía de la muerte le hace cada vez más temeroso de su eterno rival, Jesús el Nazareno, quien finalmente podría llegar a alzarse victorioso y llegar a arrebatarle a todas sus conquistas. Esta es la melancólica conclusión final, que cierra el último episodio del otoño de su vida y da paso a lo que será el invierno de su vida.

En la Sonata de Invierno se aman las causas perdidas, las pecadoras arrepentidas, las santas pecadoras, la languidez de la enfermedad y de la resistencia vencida. Política, amor y religión se entremezclan y responden al mismo ideal estético decadentista, el invierno llega a las tierras de Navarra y a la vida y al espíritu del Marqués de Bradomín. Los amores ya nunca más serán lo que fueron, las guerras han perdido todo su carácter heroico, la religión es un pacto que cerrar antes de la muerte para asegurarse la salvación eterna. Lo único que le queda a Bradomín es el escepticismo que le han dejado todas sus ansias sentimentales que se malograron. Sus amores se han vuelto perversos, o canallas y cínicos (por temeroso de su capacidad viril) hacia las mujeres que aún son capaces de quererlo. Esta es la Sonata más artificiosa e ironizante de todas. Valle-Inclán se toma mucho menos en serio lo que aquí escribe, y esa ironía llega a chocar con el carácter melancólico y resignado de fin de una época que es lo mejor de esta obra.

Calificación: Una obra maestra de la literatura.

Tipo de Lector: Que sepa apreciar el sabor añejo de un gran clásico.

Tipo de lectura: Entretenida pero muy especial. Pide una lectura pausada y atenta, saboreando las frases en todos sus matices.

Engancha desde la primera línea.

Alguna página descriptiva le sobra

Argumento: Las aventuras y desventuras amorosas del Marqués de Bradomín en un ambiente modernista y decadente.

Personajes: Idealizados, arquetípicos, simbólicos. Increíbles y entrañables.

¿Dónde puede leerse?: Junto a una ventana con vistas al jardín, viendo pasar las estaciones del año.


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