domingo, 16 diciembre 2018
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Oliva Sabuco: Medicina, filosofía y política en La Mancha

El año 1857, se publicaba la obra «Nueva filosofía de la naturaleza del hombre, no conocida ni alcanzada por los grandes filósofos antiguos, la cual mejora la vida y la salud humana». El libro lo firmaba una mujer manchega llamada Oliva Sabuco. Se ha puesto en duda si la autoría de esta obra aunque en Aladar tendemos a creer que fue Oliva y no su padre la que escribió un libro de nombre espantoso y contenido visionario. Lean ustedes y decidan

24 feb 2018 / 08:11 h - Actualizado: 15 feb 2018 / 22:11 h.
  • Oliva Sabuco nació en Alcaraz (Albacete) el año 1562. / El Correo
    Oliva Sabuco nació en Alcaraz (Albacete) el año 1562. / El Correo
  • Oliva Sabuco: Medicina, filosofía y política en La Mancha

Recientemente he adquirido un libro muy interesante, «Sabias, la cara oculta de la ciencia» de Adela Muñoz Páez, publicado por editorial Debate. El libro en cuestión trata de mujeres que a lo largo del tiempo han destacado como científicas. De algunas, perdura su memoria hasta nuestros días; de otras, no. Este es el caso de la castellano-manchega, Oliva Sabuco. Nacida en Alcaraz (Albacete) el año 1562, recibió los apellidos de sus madrinas Bernardina de Nantes y Bárbara Barrera, llamándose Oliva Sabuco Nantes Barrera y no los de su madre Francisca de Cózar. Fue la cuarta hija de ocho que tuvieron la pareja formado por Francisca y Miguel Sabuco.

Su padre se había licenciado en leyes en la universidad de Alcalá, fue regidor y boticario en Alcaraz. Se baraja la posibilidad de que Oliva fuera educada en un colegio de las madres dominicas en su ciudad natal, pero no se registra en ningún lugar que tuviera formación oficial más allá de eso. Sin embargo, bastantes intelectuales de la zona, entre los que destaca Pedro Simón Abril (humanista destacado de la época) se relacionaban con la familia, lo que puedo brindar a Oliva la posibilidad de instruirse en diferentes facetas intelectuales. El hecho de convivir con su padre, que trabajaba como boticario, también pudo brindarle conocimientos de medicina, botánica y ciencias naturales.

La madre de Oliva murió y su padre no dudó en contraer matrimonio poco tiempo después con una mujer que tenía la edad de su hija y con la que Oliva no habría de tener buenas relaciones. Este matrimonio provoca diversos problemas, sobre todo económicos, con los hijos habidos del primer matrimonio. Oliva se casa cuando tenía dieciocho años, los problemas familiares son evidentes.

En el año 1857, con mala relación por medio con su padre, se publicaba en España la primera edición de «Nueva filosofía de la naturaleza del hombre, no conocida ni alcanzada por los grandes filósofos antiguos, la cual mejora la vida y la salud humana». El título desvelaba el gran concepto que la autora tenía de sí misma, pero no lo mejor que el marketing ha dado al mundo. Bromas aparte, la obra tuvo un enorme éxito y no sólo se publicó en España, sino también en Portugal y gozaba de permiso para publicarse en América.

El libro en cuestión constaba de dos cartas, cinco coloquios y dos opúsculos. Las cartas iban dirigidas al Rey Felipe II, poniéndose a sus pies y declarándose humilde sierva y vasalla (vamos, lo que hago yo cada vez que envío un original a una editorial) y pidiéndole ayuda para la publicación (sí, también lo hago, y no lloro y me pongo a los pies de la familia del editor o editora, porque me da cierto pudor). La otra carta, me ha resultado llamativa, va dirigida al Francisco Zapata, conde de Barajas, presidente del Consejo de Estado. En esta solicitaba que, para el caso de que su obra fuera atacada por émulos estafadores que quisieran usurpársela, se convocase un consejo de sabios ante el cual ella demostraría la veracidad de las afirmaciones de su obra. No andaban sus presentimientos muy alejados de la realidad.

El grueso de la publicación son los cinco coloquios, están escritos en castellano y tratan disciplinas tan diferentes como la medicina, psicología, leyes, filosofía natural, ética y política. En el coloquio participan diferentes personajes, siendo uno de ellos el que representa la opinión de la autora que se expresa a lo largo de la obra. En cuestiones médicas presenta teorías llamativas de la época, como la concepción biseminal de la reproducción humana. Y es que hasta entonces se creía que, tal y como decía Aristóteles, los hijos eran creación del varón y la mujer era el recipiente en el que se criaban. Sin embargo ella expuso una teoría alternativa según la cual, la generación humana era una mezcla de ambas simientes y que a veces prevalecía la del varón y en otras ocasiones no. También en este libro hace una primera descripción de lo que podría ser considerada la depresión, poniendo de manifiesto que el malestar anímico podría acarrear malestar físico, enfermedad o incluso la muerte. Así mismo defendía que la inteligencia se encontraba en el cerebro y no en el corazón y los testículos, como se creía hasta el momento (una idea que algunos parecen conservar hasta nuestros días). Por otro lado no admitía que el cerebro del hombre y la mujer fueran muy diferentes, sin que esta debiera andar sometiéndose a los deseos de él. Ahí es nada.

No sólo trataba de medicina la obra sino también cuestiones éticas y políticas, llegando a proponer en una sociedad en la que, lo que primaba era el origen de la persona (si no eras castellano viejo estabas fastidiado), una tesis tan arriesgada como sencilla. Afirmaba que la honra era algo que debía ganarse el hombre con su comportamiento a lo largo de la vida. También arremetía contra la justicia por la dilación de procedimientos judiciales y por el abuso que la sociedad hacía de los mismos (que parece que mucho no hemos cambiado). Ponía de manifiesto la necesidad de tomar comida saludable, no muy copiosa, hacer ejercicio moderado y tratar de vivir en un ambiente agradable, evitando situaciones conflictivas. Para regocijo de los animalistas, en su obra también hablaba de la existencia del alma de los animales (aunque no era como la humana), pues había observado que estos también tenían sentimientos. Ahora observo a mi ninfa albina (se llama Susi) que permanece sentada en mi rodilla mientras escribo este artículo y que me mira con más conocimiento y curiosidad que algunos de los humanos que conozco. Coincido con Oliva en que algo debe rondar ahí dentro de esas cabecitas, que no es sólo una afición a posarse en mis piernas, y en que los animales tienen sentimientos.

Los dos últimos libros estaban redactados en latín y al parecer se exponen de una forma menos entusiastas las ideas de la autora, porque era la parte que debía pasar la censura del Tribunal de la Inquisición, que era el encargado de comprobar la autoría y proceder contra el autor en caso de entender que no se cumplían las reglas básicas recomendables.

En 1903 el registrador José Marco Hidalgo descubrió el testamento de Miguel, el padre de Oliva Sauco, en el que declaraba ser el auténtico autor de la obra cuya autoría se le había atribuido a ella para darle honra y fama y que debía repercutir en su beneficio (y no en el de su hija), so pena de maldición eterna hacía Oliva. Lo cierto es que desde entonces se ha cuestionado la autoría de la obra, hay quien defiende que sí es de ella y otros que no. Aún a riesgo de parecer ingenua, voy a abogar por la autoría de Oliva por varios motivos. Primero: el testamento se hace en una época en la que padre e hija tienen mala relación porque él no ha abonado la dote prometida cuando contrajo matrimonio, se ha casado con una joven de su edad y ha tenido un hijo de ese matrimonio. Segundo: es complicado explicar por qué no atribuyó la autoría al resto de los hijos del primer matrimonio, máxime teniendo un hijo varón que también era licenciado. ¿Por qué favorecer exclusivamente a Oliva, que además iba a salir de la familia al casarse? Creo que Miguel Sauco buscaba los beneficios de la primera edición (que fueron cuantiosos) para su mujer y su nuevo hijo, en detrimento de su hija. También es llamativo el hecho de que ella escribiera una carta al ministro de Felipe II haciendo ver que podía existir quien cuestionase su autoría me hace pensar que la mala relación venía de atrás y que no se fiaba un pelo de su padre y de ciertos hombres que podrían querer atribuirse la firma de sus libros. Recordemos que se ofrecía a acudir a reivindicar lo que sabía ante un tribunal de sabios y que su padre lo que hizo fue un testamento al que sólo él y su familia tendrían acceso una vez que hubiera muerto. Si realmente hubiera sido el autor, ¿no lo habría reivindicado ante el rey? ¿No habría acudido, siendo letrado, a los tribunales a que reconocieran sus derechos? ¿No tenía formación en ese sentido? Parece poco creíble que un hombre con su formación no hubiera defendido sus derechos jurídicamente, en la forma oportuna y legítima.

Vosotros podéis pensar lo que estiméis oportuno pero yo me quedo con Oliva Sauco como autora de un gran tratado en pleno siglo XVI y os recomiendo vivamente el libro de Adela Muñoz Páez, «Sabias» para completar nuestra visión del mundo.


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