martes, 21 noviembre 2017
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Olor a pólvora

Lo clásico y lo contemporáneo se abrazan. Se fusionan Oriente y Occidente, mezclando técnicas antiguas e innovadoras. Son dos universos que convergen en la ampliación del Prado, con la exposición de uno de los más destacados creadores actuales. Cai Guo-Qiang, artista fujianés, trabaja sobre la línea trazada por las antiguas tradiciones chinas y se basa en la utilización de la pólvora, esa «medicina de fuego». Una excelente muestra

11 nov 2017 / 09:00 h - Actualizado: 07 nov 2017 / 13:25 h.
  • Ignición durante la creación con pólvora del Espíritu de la pintura en el Salón de Reinos. Madrid, 2017. Foto © Museo Nacional del Prado
    Ignición durante la creación con pólvora del Espíritu de la pintura en el Salón de Reinos. Madrid, 2017. Foto © Museo Nacional del Prado
  • Las nubes distantes Cai Guo-Qiang Pólvora sobre lienzo, 360 cm x 300 cm 2017 Foto © Museo Nacional del Prado
    Las nubes distantes Cai Guo-Qiang Pólvora sobre lienzo, 360 cm x 300 cm 2017 Foto © Museo Nacional del Prado
  • Alquimista Cai Guo-Qiang Pólvora sobre lienzo, 240 cm x 200 cm 2017 Foto © Museo Nacional del Prado
    Alquimista Cai Guo-Qiang Pólvora sobre lienzo, 240 cm x 200 cm 2017 Foto © Museo Nacional del Prado
  • Ignición durante la creación con pólvora de una de las pinturas en el Salón de Reinos. Madrid, 2017. Foto © Museo Nacional del Prado
    Ignición durante la creación con pólvora de una de las pinturas en el Salón de Reinos. Madrid, 2017. Foto © Museo Nacional del Prado
  • Ignición durante la creación con pólvora de una de las pinturas en el Salón de Reinos. Madrid, 2017. Foto © Museo Nacional del Prado
    Ignición durante la creación con pólvora de una de las pinturas en el Salón de Reinos. Madrid, 2017. Foto © Museo Nacional del Prado
  • El Salón de Reinos... Cai Guo-Qiang Pólvora sobre lienzo, 360 cm x 600 cm 2017 Foto © Museo Nacional del Prado
    El Salón de Reinos... Cai Guo-Qiang Pólvora sobre lienzo, 360 cm x 600 cm 2017 Foto © Museo Nacional del Prado
  • Día y noche en Toledo Cai Guo-Qiang Pólvora sobre lienzo, 260 cm x 600 cm 2017 Foto © Museo Nacional del Prado
    Día y noche en Toledo Cai Guo-Qiang Pólvora sobre lienzo, 260 cm x 600 cm 2017 Foto © Museo Nacional del Prado
  • ‘La ruta de la seda’ de Cai Guo-Qiang . / El Correo
    ‘La ruta de la seda’ de Cai Guo-Qiang . / El Correo

El Museo del Prado presenta una colaboración con el artista chino Cai Guo-Qiang. Se materializa en una exposición de cuadros de gran formato para los que el creador se ha inspirado en los grandes pintores de la institución madrileña, también en una selección de los bocetos, dibujos y fotografías con los que los preparó, además de un documental realizado por la cineasta Isabel Coixet que refleja el proceso creativo del autor y que es el germen de un largometraje.

El trabajo de Guo-Quiang se basa en la utilización de la pólvora, esa «medicina de fuego» que los alquimistas chinos encontraron mientras buscaban el elixir de la inmortalidad. Con ese material, en distintos colores, con su combustión, detonación y efectos realiza una serie de composiciones que homenajean a El Greco, Rubens, Goya y Velázquez. Las culminó el día 25 de octubre en el Salón de Reinos del Palacio del Buen Retiro. Ese día se produjo la última de la serie de performaciones mediante el humo y el fuego con las que buscaba convocar a los fantasmas que habitan las cámaras abandonadas del caserón de los Jerónimos. Una sala en la que colgaron en su día obras ilustres, componiendo el aparato iconográfico con el que la Monarquía Hispánica gustaba de presentarse ante el mundo. Un ingenio publicitario, un «relato» como lo definiríamos hoy.

Los conceptos básicos de la obra del artista fujianés se van rebelando gradualmente, según vamos sumergiéndonos en sus creaciones. Todos siguen la línea más pura de las antiguas tradiciones chinas: Los juegos teatrales con las luces y las sombras –piying-, los fuegos artificiales con los que el imperio asiático iluminó el mundo, el culto a los ancestros; el kirigami, arte chino del papel recortado; y la pintura con manchas de la dinastía Lui Song. Todo remite al concepto en el que se basa una civilización que ha renacido una y otra vez de guerras, purgas y destrucciones: la Permanencia.

Cuando la materia creativa se identifica con el tema a analizar, el impacto es doble. Eso sucede con «Palmira» (2017), cuyo imaginario atraviesa «Los fusilamientos del 3 de mayo» de Goya, y en el que el poder explosivo de la pólvora que impregna el lienzo nos conduce a la actualidad de la destrucción provocada por el fanatismo de Dáesh.

Cuando es el proceso en sí mismo el que se refleja en el resultado, se amplía el punto de vista, como ocurre en «Día y noche en Toledo» (2017), donde además de un homenaje, y una nueva versión de una obra anterior de Goya (Zuloaga hizo otra, la de la Academia de San Fernando), Guo-Qiang pretende reflejar el paso del tiempo, tal y como lo percibió en su visita a la ciudad castellana, con una panorámica que abarca el completo recorrido del sol entre dos noches. Entonces es el fulgor de la mezcla deflagrante el que crea el recorrido de la luz, suscita la idea de tiempo, y conforma la figuración misma del cuadro.

«El espíritu de la pintura» (2017) es un gran mural que encierra a todas las potencias creadoras del Prado.

La panoplia creativa de Cai Guo-Qiang arranca con las miniaturas de paisajes que su padre dibujaba en cajas de cerillas, se prolonga con su preparación en la Academia de Teatro de Shanghái, y las investigaciones de casi una década en Japón. Ha expuesto -y continua haciéndolo- en las más prestigiosas instituciones del mundo, desde la Bienal de Venecia al Metropolitan de Nueva York, el Guggenheim de Bilbao, o el Museo Pushkin de Moscú, además de proyectarse en interesantísimas explosiones al aire libre como la de la Noche Blanca de París en 2013, o la «Escalera al cielo» en la costa de la isla de Huiyu en Quanzhou, en 2015.

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EL ESPÍRITU DE LA PINTURA. CAI GIO-QIANG EN EL PRADO

Museo Nacional del Prado

Madrid, 25 de octubre de 2017 a 4 de marzo de 2018

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DÉJÀ VU

Jugando desde la paradoja, Cai Guo-Qiang dejaba abierto su trabajo a múltiples e interesantes reflexiones con la producción en 2008 de nueve libros -ejemplares únicos- utilizando pasta de pólvora. Se trata de «Danger Book: Suicide Fireworks».

Las imágenes que crea son por sí mismas significativas y potentes, remiten al test de Rorschach y a la pintura Shan Shui: manchas negras, de materia espesa, sobre papel blanco; amalgamadas con los grumos, unas cuerdas combustibles emergen del libro y se unen con un mecanismo infernal de fósforos en el lomo de cada ejemplar.

Son las mechas del artefacto.

Por supuesto que la obra sugiere la performance y el artista la ejecuta; lo recogen Kai Ming Leung , Lukas Hauser y Laurent Petty en un audiovisual para el estudio del autor, que consigue así un prototipo que es creado/destruido por medio de las llamas mediante la explosión/implosión de un fuego de artificio en miniatura.

No se debe de perder de vista en cuanto al fondo político que Cai Guo-Qiang es chino, y trabaja habitualmente siguiendo la estela de las milenarias tradiciones del «Imperio del Medio», entre las que están la pólvora, el feng-shui y la pirotécnica (como la que creó para los juegos olímpicos de Pekín, en 2008, colaboración criticada y polémica).

Nos enfrentamos pues a un libro, símbolo de todos los libros; que puede ser peligroso por lo que encierra, susceptible de convertirse en arma, o de autodestruirse con lo que contiene. Remite a las hecatombes de las bibliotecas chinas y las destrucciones de la Revolución Cultural.

Un trabajo conceptual e interesante en torno a los libros y su poder.

El mérito editorial es de Elena Ochoa para Ivory Press.

Entre los tesoros de los museos de Qatar que pudimos ver el año pasado en la Fundación Banco de Santander, de Boadilla del Monte, tuvimos la oportunidad de ubicar otro intenso trabajo de Cai Guo-Quiang, «La Ruta de la Seda».

Realizado con una gran profundidad simbólica, el cuadro transmite un recuerdo del legendario camino mediante la imagen de noventa y nueve caballos, número y animal simbólicos, tanto en China como en la cultura islámica, con el que el autor quiere celebrar un funeral espiritual por todos los emigrantes árabes que murieron fuera de su tierra. Utiliza para hacerlo uno de sus fetiches creativos, el fuego artificial, en la composición de un inmenso mural pintado con sombras de pólvora que tiene algo de arte rupestre, y también de juego de sombras chinescas. La nube de pájaros de metal, que colabora en la superposición de sombras sobre el lienzo, otorga corporeidad y tridimensionalidad a la obra.

Las aves, como grupo escultórico, nos remiten a otros trabajos del artista chino, como «De cabeza» de la colección del Deutsche Bank, donde encontramos -otra vez- noventa y nueve lobos; o «Herencia», la instalación de Brisbane de 2013, que simula un grupo de mamíferos -99- en torno al lago de un paisaje congelado.


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