miércoles, 12 diciembre 2018
00:41
, última actualización

Paisajes con luz propia

Solsticio de Invierno, muestra que reúne el trabajo de Fran Pérez Rus y Jose García-Valles en la Galería Weber Lutgen de Sevilla, es una nueva apuesta del espacio por los medios creativos más actuales, y presenta a dos artistas de inquietudes similares aunque con las suficientes diferencias para ofrecer un rico discurso.

12 mar 2016 / 12:17 h - Actualizado: 11 mar 2016 / 12:18 h.
  • Nodo III de Fran Pérez Rus. / El Correo
    Nodo III de Fran Pérez Rus. / El Correo
  • ST Holograma de José García-Valles. / El Correo
    ST Holograma de José García-Valles. / El Correo
  • Cartel de la exposición Solsticio de invierno. / El Correo
    Cartel de la exposición Solsticio de invierno. / El Correo

La galería Weber Lutgen, en colaboración con el proyecto Plan Renove, sigue posicionándose como uno de los espacios más interesantes y actuales de la escena sevillana con Solsticio de invierno, exposición coprotagonizada por el sevillano José García-Valles (1986) y el jienense Fran Pérez Rus (1986). Una muestra a dos bandas que encuentra su unidad en la apuesta de ambos artistas tanto por sofisticados medios de producción como en una contenida puesta en presencia de las obras y, sobre todo, un interés común en la luz como elemento protagonista de sus respectivos discursos.

El acontecimiento natural que le da título sirve como hilo conductor e inmersivo para una muestra que elude, casi en todo momento, la referencia directa al paisaje y se centra en la interpretación de fenómenos que inciden en nuestra concepción del entorno, haciendo de la duración un elemento esencial de las obras que son percibidas en un proceso de cambios cíclicos. La apuesta de ambos por las nuevas tecnologías y la vídeo proyección da pie a una sugerente exposición en semipenumbra donde las obras ganan todo el protagonismo, elevando el minimalismo formal de muchas de ellas. Ambos artistas presentan, sin embargo, suficientes rasgos de autoría para trazar caminos diferentes aunque igualmente interesantes.

Jose García-Valles muestra una coherente evolución desde sus anteriores proyectos, abandonando la hibridación de técnicas y la huella del pincel en pos de una depuración hacia formas básicas en transformación por la incidencia lumínica y cromática. Vallés sigue indagando en el espacio y el tiempo a través del paisaje, pero pierde de vista la línea de horizonte para proyectarlos en un entorno más inmediato, en el que el accidente ya no es natural sino originado por programas informáticos. La referencia iconográfica deja paso a la abstracción geométrica, recipiente conceptual sujeto a cambios de comportamiento bien por la influencia natural de la luz en las fotografías que componen la SerieF1 , o la proyección artificial en S/T Holograma, Interestella5555 y Low Poly, la alusión más directa al paisaje en forma de plano cartográfico en tres dimensiones de una montaña, que es atacado desde arriba por efectos que borran y hacen resurgir sus incidencias topográficas. Lo más interesante del trayecto de Valles en esta búsqueda de los elementos mínimos y esenciales de su discurso es que permanece en las obras una amplia dimensión contemplativa y espiritual, herederas de la pintura de Rothko o las instalaciones de Olafur Eliasson, piezas en las que el discurso metafísico se ancla a los ojos, ahondando en un carácter hermético de la naturaleza, en aquello que nos cautiva a través de la visión sin que podamos comprender ningún porqué.

Fran Pérez Rus se interesa también principalmente por el espacio y la luz, pero aunque sus piezas poseen un atractivo estilo visual, su discurso se expande conceptualmente más allá, hacia los espacios virtuales y sociales con todos sus cambios y fluctuaciones. El jienense plantea, huyendo siempre de calidades cromáticas en favor de la dicotomía luz-oscuridad, una dualidad entre lo estático y lo cambiante, no como choque de fuerzas, sino como elementos que se definen mutuamente. En la serie Nodos, vídeo creaciones que aluden y reinterpretan las balizas marinas utilizadas para indicar puntos de orientación en el cambiante oleaje, lo estático se ilumina en una superficie inestable y fluctuante, análoga a los procesos sociales y nuestro discurrir en el hábitat virtual, a la navegación en un sentido más amplio que nos compete a todos los internautas. Refiriendo también a fenómenos naturales de cambio, al movimiento y las migraciones, el video Boids muestra un cumulo de punteros digitales desplazándose continuamente y al unísono por la pantalla como un bando de pájaros. El sentido pragmático de la señalización, la certeza reconfortante del punto fijo, desaparece en este desplazamiento incesante sobre las superficies táctiles, las redes comunicativas también siempre cambiantes.

El trabajo de ambos, equitativamente distribuido en los dos módulos que conforman la galería, nos acerca a los nuevos modos de producción en el arte actual por los que Weber Lutgen parece apostar en sus últimas exposiciones (mostrándose como la galería más arriesgada de la capital hispalense), pero también a formas de entender el espacio y sus fluctuaciones en un continuo trasvase entre el fenómeno natural y la mirada afectada por el filtro de la pantalla, aludiendo a un paisaje mutable a través de procesos artificiales que median entre el hiperactivo yo posdigital y lo perenne del entorno que nos rodea.


Todos los vídeos de Semana Santa 2016