miércoles, 22 mayo 2019
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Perdida la esencia, perdida la esperanza

Razzia es la sexta película de Nabil Ayouch. Este realizador ya ha demostrado su gran talento con otros trabajos entre los que destaca Los caballos de dios (2012). Apuesta, ésta vez, por una propuesta coral que aunque resulta agradable y, a ratos, profunda y de gran belleza lírica, no termina de funcionar bien a causa de un guion que se dispersa en exceso

04 ene 2019 / 13:21 h - Actualizado: 04 ene 2019 / 14:28 h.
  • La mujer frente al machismo y a imposiciones religiosas, es uno de los vehículos narrativos que utiliza el realizador. / Fotografía cortesía de Suria Comunicación
    La mujer frente al machismo y a imposiciones religiosas, es uno de los vehículos narrativos que utiliza el realizador. / Fotografía cortesía de Suria Comunicación

Nabil Ayouch es francés de origen magrebí. Elige Marruecos para desarrollar su nueva propuesta con la que trata de indagar en la necesidad de no perder la esencia, en la necesidad de la diversidad en las sociedades si estas quieren progresar.

Divide el relato en dos bloques fundamentales. El primero se centra en un pequeño pueblo situada en la zona del Atlas. Allí un profesor es obligado a abandonar su forma de enseñar a los alumnos. Debe cambiar la poesía por el aprendizaje memorístico e informativo; cambia el lenguaje de los sentidos y el bereber por el árabe. Imposiciones de un Gobierno que radicalizaba su postura en los años 80 e incidía en la arabización de la enseñanza dado que el salafismo imponía su ley. El segundo bloque se desarrolla el año 2015 en Casablanca. Allí nos encontramos con algunos personajes que llegaron desde ese pueblo y vemos cómo han evolucionado. Además, la cámara se centra en una mujer moderna que soporta un machismo contenido de su pareja que no le deja respirar; en un joven gay que quisiera ser una estrella de la canción; en un empresario judío que asiste a la destrucción de su mundo refugiándose en el alcohol; y en una quinceañera lesbiana que tiene un lío morrocotudo con su condición sexual. Veremos cómo la renuncia a lo que se es termina en violencia, en desastre personal.

Perdida la esencia, perdida la esperanza
La actriz principal, Maryam Touzani, es también guionista de ‘Razzia’. / Fotografía cortesía de Suria Comunicación

El guion de la película, escrito por el propio Nabil Ayouch y por la que es actriz principal, Maryam Touzani, quiere aparentar en exceso cuál es su vocación. Lo que se cuenta es mucho menos de lo que se dice finalmente. Cierta grandilocuencia estropea el fondo que, por otra parte, es muy agradable y se salpica de versos preciosos, de reflexiones importantes. Demasiado arroz para tanto pollo. Pero, todo hay que decirlo, la película se deja ver, es agradable y emociona en algunos momentos. El montaje ayuda poco a disimular los errores narrativos que hacen que el conjunto sea irregular.

Las interpretaciones no están nada mal. La cámara se acerca mucho a todos los personajes buscando que el espectador empatice, que se resalte la humanidad de todos ellos.

La fotografía es cuidadosa y luce mucho más cuando se nos muestran esas tierras inhóspitas que se encuentran en Marruecos.

Perdida la esencia, perdida la esperanza
La enseñanza articula buena parte de las reflexiones que van de principio a fin en la película. / Fotografía cortesía de Suria Comunicación

La delicadeza de Nabil Ayouch con las mujeres, con las distintas condiciones sexuales que nos podemos encontrar y con otro tipo de confesiones, es evidente. Y en los tiempos que corren es muy de agradecer. Tanto como las ganas de hacer buen cine que demuestra el reallizador. Que Razzia llegue, además, desde Marruecos es una alegría.

Será difícil que tenga repercusión entre el público puesto que la distribución es limitada y porque todo lo que no sea cosa de la gran industria o venga avalado por premios o grandes taquillas, está condenado al ostracismo.

Perdida la esencia, perdida la esperanza
Las protestas colectivas deben ser la suma de las individuales sin exclusiones. Esta idea sobre vuela cada secuencia de ‘Razzia’. / Fotografía cortesía de Suria Comunicación

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