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¿Qué hiciste en la guerra, papi?: La guerra a lo loco

Blake Edwards consiguió mostrar la guerra desde lugares muy originales para la época. Aunque, bien pensado, la pregunta es ¿existe algo más ridículo que una guerra? Con un guión loco, que arranca con un balón de fútbol pinchado por accidente y el deseo de celebración de la fiesta de la vendimia, se puede contar cualquier cosa

17 jul 2018 / 10:13 h - Actualizado: 08 jul 2018 / 21:47 h.
  • James Coburn, en el centro, protagoniza ‘¿Qué hiciste en la guerra, papi?’. / El Correo
    James Coburn, en el centro, protagoniza ‘¿Qué hiciste en la guerra, papi?’. / El Correo
  • Un balón de fútbol y un fiesta de la vendimia desencadenan un gran embrollo. / El Correo
    Un balón de fútbol y un fiesta de la vendimia desencadenan un gran embrollo. / El Correo
  • La guerra puede mirarse desde el punto de vista del humor más loco. / El Correo
    La guerra puede mirarse desde el punto de vista del humor más loco. / El Correo
  • Cartel de la película. / El Correo
    Cartel de la película. / El Correo

Blake Edwards fue un gran especialista en mirar las cosas desde el territorio del humor. Y no distinguía entre lo más superficial o lo más sesudo, lo más ridículo o lo más violento.

La guerra fue uno de sus temas de interés. En Operación Pacífico pintó un submarino de color rosa y las cadenas de transmisión fueron la ropa interior femenina. En ¿Qué hiciste en la guerra, papi? (What Did you Do in the War, Daddy?, 1966) un escenario de la Segunda Guerra Mundial queda convertido en un lugar en el que todo se tiñe de ridiculez, en el que la violencia es un ingrediente cómico, en el que hombres y mujeres representan la bondad y el rechazo a las armas. Para los que no lo sepan, hay señalar que algunos de los títulos de este realizador son Víctor o Victoria; 10, la mujer perfecta; El guateque o Desayuno con diamantes.

¿Qué cuenta la película ¿Qué hiciste en la guerra, papi?? La compañía C, un grupo de hombres cansados y desmotivados, será la encargada de tomar Valermo, un pueblo Siciliano. Al llegar no encuentran resistencia alguna. El pueblo al completo asiste a un partido de fútbol que forma parte de la fiesta anual de la vendimia. Y con el balón de fútbol pinchado arranca el núcleo de la trama.

El reparto es coral. Para el cartel se reservaron nombres como James Coburn, Aldo Ray, Dick Shawn, Sergio Fantoni o Giovanna Ralli, pero ser coral es una de las características que mejor funcionan en el trabajo de Edwards. No quería el realizador mostrarnos personajes ridículos, quería que la guerra en sí misma fuera ridícula. En cualquier caso, Coburn cumple muy bien en un registro fuera de lo normal para él. La comedia no fue lo que más interpretó este actor que recordamos en papeles de hombre duro y de pocas gracietas. Giovanna Ralli resulta perturbadora por su belleza, por su desparpajo frente a la cámara y por lo creíble que llega a ser. Sergio Fantoni podría ser Tony Curtis. Peor actor que el americano aunque de corte similar. El personaje que encarna Fantoni bien podría haberse creado para el norteamericano. Todos bien.

Algunas escenas son un disparate divertidísimo. Por ejemplo, en la que los soldados ensayan lo que harán para engañar a los observadores aéreos, sobreactuando mientras las putas del pueblo aplauden desde el balcón del prostíbulo, es muy loca y divertida. Los personajes, además, se ven obligados a cambiar su rol, a intercambiar lo que son con lo que son otros, y el lío es mayúsculo. Hay que decir que el guion de William Peter Blatty tiene tintes de comedia de mitad de siglo XX aunque no se encierra en territorios comunes o en ideas que envejecieran poco después. Los guionistas de antes eran mucho más universales y trataban de divertir. Fuera lo que fuera que contasen resultaba, al menos, entretenido.

Henry Mancini es el autor de la banda sonora. No es una partitura especialmente brillante aunque va muy bien con lo que se cuenta en la pantalla. Todo es muy marcial, muy cuartelero. Y todo es tan agradable como es el conjunto.

La Segunda Guerra Mundial fue el conflicto más sangriento, vergonzoso, injusto e innecesario, de la historia. Las víctimas civiles se cuentan por millones, las bajas militares también. Las masacres y los crímenes de guerra resultan bochornoso para cualquier ser humano. La Segunda Guerra Mundial fue un tiempo de infamia que ha dejado marcado al ser humano para siempre. Pero, a pesar de todo, realizadores como Blake Edwards han sabido agarrar algo tan terrible y convertirlo en una parodia sin que nadie pueda sentirse ofendido. El dolor solo puede soportarse desde el humor, desde la parodia, desde el sarcasmo y la mente abierta. Blake Edwards y todos los que han convertido la miseria humana en un chiste merecen el respeto y consideración general.


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