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Besos de colores, rock & roll y flamencura

Triana, como cabría esperar de un grupo de música con semejante nombre, abunda cada día más en su propio mito. Ahora es una película de García Pelayo la que aviva el rescoldo del recuerdo

04 abr 2016 / 10:59 h - Actualizado: 04 abr 2016 / 11:03 h.
  • Paco Millán, productor de la película sobre el grupo Triana, en la Alameda de Hércules con el cartel de su obra en sus manos. / Pepo Herrera
    Paco Millán, productor de la película sobre el grupo Triana, en la Alameda de Hércules con el cartel de su obra en sus manos. / Pepo Herrera
  • El grupo de rock andaluz Triana es uno de los referentes culturales del sur.
    El grupo de rock andaluz Triana es uno de los referentes culturales del sur.

Hace cuarenta años Gonzalo García Pelayo produjo El Patio, primer disco del grupo Triana, convirtiendo a la banda inmediatamente en casi una forma de vida. La película Todo es de color, dirigida por él y producida por Paco Millán, está dedicada a esa segunda y tercera generación de trianeros que han heredado esa música casi como parte de sus vidas. Una historia que arranca en el cementerio madrileño de Villaviciosa de Odón, donde descansan lejos de su tierra dos de sus miembros; la voz y alma del grupo, Jesús de la Rosa, y el percusionista, Juan José Palacios Tele. Javier García Pelayo es el autor del guion y principal protagonista, alguien que conoció en primera persona a la banda sevillana al ser su mánager y que en la película encarna al líder de un grupo de moteros que va rumbo a los Caños de Meca para organizar un concierto tributo a Triana. En este viaje de cinco días la historia se cuenta a través de una exquisita selección musical y frases que podrían perfectamente conformar el guion de la propia película. Para Todo es de color se ha creado una banda sonora llena de temas representativos de la banda y participaciones de artistas de la talla de Raimundo Amador, Gualberto, Ricardo Miño, Manuel Imán, Aljibe o Zaguán, entre otros.

García Pelayo dirige esta película documental encargada de reflejar el ambiente que Triana plasmaba en su música y en sus letras, siempre latente cuando es él quien está detrás de las cámaras. Dos guiños concretos a aquella Manuela estrenada en 1976, donde aparece una referencia a aquella memorable escena del zapateado sobre la tumba a los sones de Abre la puerta y otra con la sensual Charo López tendiendo la ropa con los alfileres en la boca. Entre 1976 y 1982 García Pelayo rodó cinco películas, entre ellas Vivir en Sevilla, considerada en la actualidad una película de culto, al ser un ejemplo de la decadencia de una ciudad que se preparaba para un cambio universal y que fue exponente de un movimiento cultural que emergió en la Transición y que desaparecería con los preliminares de la Expo.

Todo es de color no es un documental sobre el grupo, es en palabras de su director, «un ensayo poético». Paco Millán, un sevillano del Polígono de San Pablo, barrio prolífico en parir genios en múltiples disciplinas, es el productor de esta obra. De casta le viene al galgo, ya que el padre de Millán fue jefe de prensa de García Pelayo. Pese a ello, para él esta película ha sido casi un hándicap, ya que había decidido olvidarse de la producción cinematográfica la cual tuvo que retomar al comprobar que la gente no se había olvidado de Triana al observar la repercusión que tuvo el aniversario del disco El Patio entre sus miles de incondicionales. Decidió lanzarse al ruedo, volcarse en el proyecto ideado por Gonzalo y pedirse una excedencia a sí mismo. «De salir de nazareno con varita he pasado a ser el hermano mayor de la cofradía», refiriéndose al reto de afrontar la producción de esta película de la mano de García Pelayo, con quien había trabajado como operador de cámara en Niñas y Copla asumiendo en cuerpo y alma el peso de esta road movie trianera. «Trabajar con Gonzalo ha sido algo muy especial, es una persona excepcional y un genio, creador de los tres primeros discos de Triana, los cuales, son una joya absolutamente». Se siente muy emocionado de lo que se ha conseguido, de cuyo proceso de grabación guarda con emoción el momento en el que se cantó Tu frialdad ante los Hércules de la Alameda, en una de las escenas más importantes de la película. Una cinta que según afirma «ya no es suya, porque pertenece a la gente, al espíritu de Triana».

El espíritu de un grupo que ahora deja su legado en generaciones encargadas de recoger sus frutos, «son miles los seguidores fieles de la banda que hay en España, es algo increíble, por ello la película queríamos hacerla aquí antes que en el resto de España porque en Andalucía, Triana son nuestros Beatles». De esa manera define la esencia de una película que se estrenaba el pasado mes de marzo en el sevillano cine Alameda su productor, un taurino con elegante traje de mil rayas, más cerca de Al Capone que de Juan Belmonte, a pesar de irse a Las Ventas a pedir una oportunidad para su Back to Sahara, otra road movie documental que recogió una historia de amistad entre pueblos y algunas páginas ocultas de nuestra historia reciente. Cuenta la historia de Manuel de Ceano Vivas, alguien que nació en el Sáhara español y que cuarenta años después, junto a su padre, planea volver al Sáhara, uno a conocer la tierra que le vio nacer y el otro a recuperar el pasado y los mejores años de su vida, ofreciendo una visión del Sáhara como nunca había sido contada, salvando controles militares a unas cámaras que fueron capaces de retratar un territorio lleno de recursos naturales ocupado por Marruecos. Un documental coproducido por Canal Sur con el apoyo de la Junta de Andalucía, que recupera la vida en las colonias y la difícil convivencia de aquellos tiempos.

Este productor simpático, optimista y nervioso, se adentró en el flamenco con una película documental rodada entre Nueva York, Tokio, Granada y Sevilla llamada Around Flamenco, donde durante cinco años convivió con toda una galería de personajes que hacen de su pasión por el flamenco, el sentido de su vida. «Siempre me llamó la atención ver los autobuses que cargaban y descargaban turistas japoneses a las puertas de los tablaos del paseo de Colón y la cantidad de extranjeros que vienen a los espectáculos de la Bienal de Flamenco de Sevilla, entonces conocí a una bailaora neoyorquina que estaba montando un espectáculo con un grupo de artistas gitanos de las Tres Mil Viviendas. Me fui con ellos a Nueva York para documentar todo el proceso del espectáculo y conocí a la comunidad flamenca de la gran manzana. Así nació la idea de esta película».

Loco por el flamenco es la traducción de Around Flamenco, por donde el bailaor Mario Maya, El guitarrista Diego Sabicas, Tío Diego, la bailaora Manuela Carrasco y el guitarrista japonés Terúo Kabaya, todo un embajador del flamenco en Japón, protagonizan la historia junto a algunos personajes no tan conocidos, artistas anónimos que trabajan en los tablaos de Nueva York y Tokio, entregados completamente a una pasión.

Una flor en el desierto es otro de los documentales de Millán. En este caso narra la historia de Soledad Miranda, una sevillana del Tardón familiar de Paquita Rico que vivió en el Polígono de San Pablo, donde tiene una calle con su nombre, y que murió con 27 años en un accidente de tráfico cerca de Lisboa dejando un hijo de tres años y una carrera próspera truncada. Actriz camaleónica, protagonista de Currito de la Cruz que al mismo tiempo se convertía en estrella del cine de terror compartiendo cartel con Christopher Lee en títulos como El conde Drácula y se adentraba en el erotismo más valiente, como fue el caso de Vampyros Lesbos, dentro de nombres artísticos diferentes, ya fuese Soledad Miranda, Susann Korda o Susan Korday.

Millán pretende adentrarse en la Feria de Abril como nuevo proyecto, «Personajes duales en escenarios duales en un escenario efímero», lo cuenta apasionado mientras por el balcón asoma la imponente presencia de los dos Hércules de la Alameda empeñados en vivir cerca de esta historia. Ante esos colosos se congregaron admiradores, periodistas, Eduardo, único trianero vivo y familiares, una mañana entre «besos de colores, rock and roll y flamencura», como dice su productor, quien me despide regalándome besos de colores, del color de aquella música encerrada dentro de aquel disco mítico, “El Patio”, que a tantos puso su particular y propia banda sonora y que se terminaba de mezclar una madrugada coincidiendo con la llegada de la primavera.

García Pelayo recuerda ese momento, un 21 de marzo del 75; «Todo es de color fue la última canción que hicimos de ese disco, nada más acabar salí a ver amanecer imbuido del espíritu de esa canción».


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