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Literatura

Ángeles González-Sinde: «A veces, es muy fácil confundir a tu hijo contigo mismo»

Ángeles González-Sinde Reig es madre de dos hijas. Escritora, guionista y directora de cine. Fue Ministra de Cultura de 2009 a 2011. Duomo Ediciones acaba de publicar su última novela «Después de Kim », una novela que explora el territorio del amor, de la ausencia y de la recuperación de lo perdido

26 may 2019 / 10:35 h - Actualizado: 26 may 2019 / 11:01 h.
  • Ángeles González-Sinde Reig. / Efe
    Ángeles González-Sinde Reig. / Efe

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La primavera en Madrid está siendo especialmente rebelde. Una mañana crees poder congelarte en apenas unos minutos y otra estás achicharrado; una tarde el cielo es azul y la puesta de sol da un respiro al termómetro y al día siguiente ese mismo cielo parece más un cuadro de John Constable que otra cosa. Hoy toca un viento molesto e insistente, un viento que en esta ciudad no puede esquivarse con facilidad porque acecha en cualquier esquina.

Ángeles González-Sinde Reig es una mujer de mirada serena, de palabra justa y meditada, amable. Construye el discurso intentando un equilibrio que tanto echamos algunos de menos. El verbo descontrolado es una de las cosas que, lamentablemente, adornan nuestro día a día.

Nos encontramos en algún lugar del centro de la ciudad. La tranquilidad justa, el silencio justo. Le propongo un repaso por lo que es, por lo que ha influido hasta llegar aquí.

«Siendo una niña, iba a un colegio que estaba lejos de donde yo vivía y que tenía un horario un poco raro. Entonces, eso hacía que jugara en la calle durante los veranos, cuando estaba de vacaciones y cuando mis vecinas también lo estuvieran, claro. Pero durante el curso escolar estaba mucho en casa. Supongo que de ahí me viene la vocación escritora. Estaba sola. Escuchaba mucho la radio, las novelas, dibujaba... Saltar la comba, jugar a la goma y esas cosas eran cosa del verano. Mis cursos eran muy solitarios».

La imagen que dibuja Ángeles González-Sinde me arrastra a esas tardes en casa en las que toda la familia compartía momentos alrededor de la radio, de esas historias que ocurrían dentro de un aparato y que resultaban fascinantes. Y las abuelas, siempre, cerca.

«Más que leer mucho tuve la suerte de que mi abuela me leía mucho. Tengo en el recuerdo el placer de que me leyeran. En realidad, no tengo una vocación temprana como escritora. Me costó mucho descubrirla. Mi padre se dedicaba al cine, a escribir guiones y tal vez me parecía, por tenerlo cerca, difícil. No me veía en ese terreno. Leía, veía películas, pero no lo identificaba como mi vocación».

Ángeles González-Sinde: «A veces, es muy fácil confundir a tu hijo contigo mismo»

La conversación va fluyendo con la misma tranquilidad con la que habla Ángeles González-Sinde, una mujer que tenía 26 años cuando se acerca a la literatura creativa por primera vez y, digamos, en serio. Ya trabajaba en otras cosas cuando toma papel y lápiz para comenzar a convertir la escritura en una forma de vida.

«Mi trabajo principal es el de guionista. La literatura, cuando comencé a escribir mis primeros guiones, me parecía que era palabras mayores, otra liga, cosa para otras personas. Pero, mira, el agotamiento o la frustración, a veces, te lleva a lugares buenos. Quizás la rutina de escribir guiones es lo que me llevó a escribir novelas; aunque primero a explorar la escritura infantil, a escribir mi primera novela infantil. Para mí esa literatura tiene un territorio de enorme libertad porque los límites de la realidad y la fantasía se entremezclan, porque la magia funciona para que los objetos vuelen y no pase nada; y, además, escapa a la oficialidad de la cultura. Es un mundo aparte y me llevó a escribir cuatro novelas infantiles antes de escribir la primera para adultos. Escribir literatura infantil es posible porque sigues instalado en esos territorios. Es algo que no sucede durante la adolescencia que es una etapa a la que no volvería de ninguna de las maneras. Era todo confusión y es una de las razones por las que llegué tarde a mi vocación. En el colegio, un profesor seguramente frustrado con nuestro comportamiento, nos explicó que adolescer es crecer con sufrimiento. Me siento muy identificada con eso. Era grande la sensación de soledad y de incomprensión. De esa época solo rescataría mi entrega por la música, el absoluto amor por la música».

Hablamos de los hijos, de los problemas que aparecen con ellos, de lo difícil que es entenderlos. «A veces, es muy fácil confundir a tu hijo contigo mismo» dice para resumir esta parte de la conversación. A veces, una sola frase da sentido a una conversación eterna.

‘Después de Kim’ es la última novela de Ángeles González-Sinde, un buen texto que explora la posibilidad de recuperar los espacios comunes, la ausencia (otra vez la ausencia), los mecanismos por los que una pareja se hace casi eterna o se desmorona al poco tiempo. Me interesa especialmente esa forma tan particular de presentar el amor de madre («El amor, por suerte, se encuentra distribuido entre diferentes personas y diferentes relaciones. En cualquier caso, a mí me gusta más hablar del afecto que del amor. El amor de madre es un amor que confunde, tiene sus inconvenientes»). Un relato atractivo y sugerente.

Por qué explicarse el mundo cuando no es posible. Escribir es intentar explicarse cosas que, sencillamente, quedan muy lejos de la razón. ¿Por qué?

«Para que el caos no te devore hay que intentar ordenarlo. Me encantaría que la evasión que procura la lectura o pensar me hubiera servido para ordenar mi caos. La escritura sí me funciona. Mientras estoy escribiendo tengo la sensación de poder canalizar esas corrientes internas que discurren, que no se estancan. Cuando descubrí la literatura para adultos ya no pude dejar de escribir. Toda la escritura termina siendo terapéutica para mí. Incluso los guiones de encargo los terminas llevando a tu terreno. Es una forma de activar el mecanismo de la imaginación, acercar la escritura a lo que te interesa pone la maquinaria en marcha. Te encuentras más cómodo y reconoces una utilidad inmediata».

¿Cómo se puede uno asomar a universos que no le interesan nada y lograr un buen trabajo? pregunto interesado por esos trabajos encargados.

“Aprendes a hacerlo. Algunas historias quedan muy lejos. Lo importante es el desafío, es conectar con universos éticos y de valores que resuenen. Me explico esos universos hasta donde puedo. Y como no es suficiente tengo que escribir la siguiente novela. Y, además, la literatura también sirve para enviar mensajes a la familia. En España no hablamos mucho en el seno familiar y la literatura te permite dejar pistas, cerrar asuntos, dar vuelta a las situaciones, te permite entender situaciones y hacer entender a otros. Al menos se intenta».

¿Y lo de ser ministra?

“Ser ministra es algo excepcional porque es un trabajo excepcional que se realiza en condiciones excepcionales y que te cambia la vida para siempre. Adquieres un conocimiento de tu país, de los mecanismos de gobierno que no tenías. Además, conoces a gente de sectores muy amplios y eso siempre está fuera de lo normal. Estar en política te permite acceder a cosas que de otro modo sería casi imposible. Vivir tantas experiencias y tan extraordinarias te hace conocer mucho de las personas y de ti mismo».

Y, ahora, ¿qué?

«Soy yo misma más en la madurez que en la juventud. Cuando era más joven vivía con más dificultad. Ya me tolero, convivo bien conmigo misma».

El viento esperaba mi salida. Y me acompaña hasta la Plaza de Cibeles. Madrid, esta vez, recuerda a un cuadro Antonio López. Es una ciudad preciosa.


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