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Axl Rose con AC/DC, ¿pasa algo?

Polémica por la incorporación del cantante en la gira de la mítica banda australiana

18 abr 2016 / 13:53 h - Actualizado: 19 abr 2016 / 20:37 h.
  • Axl Rose, en los años del arrollador éxito de su banda, Guns’n’Roses. / El Correo
    Axl Rose, en los años del arrollador éxito de su banda, Guns’n’Roses. / El Correo

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Corrió como la pólvora en las redes sociales la noticia de que Axl Rose, el que fuera líder de la banda Guns’n’Roses, se incorporaría a la gira europea Rock or Bust de AC/DC en sustitución del veterano Brian Johnson, aquejado de graves problemas de oído. Las opiniones se dividieron entre la decepción y la euforia, pero, ¿qué pasa en el fondo con este inesperado fichaje?

«No me fastidia que haya un cambio de vocalista. A fin de cuentas, este es el cuarto en la historia de la banda. Lo que jode es que sea Axl Rose», manifestaba en su cuenta de Facebook el escritor Daniel Ruiz García. «Sin embargo, acudiré con interés intacto al concierto de Sevilla. Después de haberlos visto media docena de veces, la cosa tiene un punto de extravagancia que lo hace irresistiblemente interesante».

«Es como si vas a ver a Rocío Jurado y te ponen a Falete en su lugar», comentaba otro usuario. «Por si acaso, también está Martínez Ares en el banquillo. ¡Sevilla prepárate!», afirmaba un tercero, en referencia al recital previsto para el próximo día 10 de mayo.

Son varios los factores que juegan en contra de Axl Rose a la hora de ganarse el favor de los incondicionales de AC/DC. En primer lugar, su imagen pública. «AC/DC son profesionales. Una maquinaria de precisión. Si el concierto es a las diez, a las 21.59.30 se apagan las luces y a las 22.00.00 están tocando la primera canción. Hacen bolos de tres horas, incluso en su ancianidad. No se les escapa detalle», comentaba otro escritor, Sergio del Molino, en la misma red. «Axl Rose es ese tipo que no se presenta en los conciertos porque no le da la gana, el divo que destroza hoteles, la parodia de la estrella de rock, la caricatura de niño mimado».

En efecto, Axl Rose fue siempre un enfant terrible del rock, especialmente a finales de los años 80, los del desmesurado éxito de Guns’n’Roses. Ni la puntualidad ni las buenas maneras fueron jamás su fuerte. Tampoco, todo hay que decirlo, la regularidad: no siempre estuvo a la altura de su prestigio cuando cantaba en directo, pero... ¡qué demonios, era un cantante de rock, no un futbolista! Además, el hecho de que AC/DC tampoco hayan sido precisamente santos –su anterior vocalista, el mítico Bon Scott, falleció de hecho de intoxicación etílica– no da lugar a demasiados melindres al respecto. ¿Quién no se volvía un poco loco en aquel tiempo?

Puede que los años hayan hecho madurar a Axl Rose, puede que el artista merezca una gran oportunidad como esta. Pero William Bruce Bailey Jr. –su verdadero nombre–, arrastra un estigma aún más difícil de limpiar.

El rock duro ha sido tradicionalmente refractario al éxito y la popularidad, aunque paradójicamente todos lo buscaran. Su culto a la autenticidad pasaba en los 80 por una regocijante sensación de secreto compartido por apenas un puñado de fieles iniciados. Daba igual que bandas como Kiss, Iron Maiden o los propios AC/DC reunieran a miles de personas en sus conciertos: se trataba de que cada una de ellas se sintiera especial. El rock no era, no debía ser para todos los paladares, o correría el riesgo de perder su esencia.

Grupos como Bon Jovi o Europe rompieron esa tendencia y abrieron los sonidos duros y las baterías machaconas a sectores infinitamente más amplios, aunque necesitaron cierto recorrido y dos o tres discos para lograrlo. Solo Guns’n’Roses consiguió batir récords con su primer disco, Appetite for destruction, que vendió 31 millones de copias, 19 en EEUU. AC/DC, en cambio, simbolizaba el éxito cimentado pacientemente a lo largo de cuatro décadas, los fans ganados uno a uno.

Los más recalcitrantes fans del heavy metal, que empezaron abrazando a los G’n’R y su estilo, el sleazy, como un soplo de aire fresco para el género, acabaron no perdonándole a Rose y los suyos aquella hazaña, como tampoco que su siguiente propuesta fuera Lies, un álbum predominantemente acústico, muy alejado de la línea hardrockera de sus inicios. Y aunque volvieron con fuerza con Use your illusion I II, yendo directos al número uno de las listas estadounidenses, la decadencia no iba a tardar en manifestarse. La estrella de G’n’R que todos habíamos visto subir fulgurante estalló en su cénit. Los intentos de resucitarla han sido, a juzgar por los comentarios y los números, más bien decepcionantes. Los tiempos habían cambiado y el grunge empezaba a adueñarse de los 90.

Sin embargo, es probable que los avispados promotores hayan pensado que los fieles de AC/DC irán a verlos en todo caso, mientras que los de Guns’n’Roses podrían incorporarse con el reclamo de Axl. «Será sublime o será un desastre», proclamaba un seguidor de los australianos en Twitter. No es el único que lo piensa.


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