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Bellas Artes: No solo Murillo

Retos. La pinacoteca sevillana concluirá el año con más de 200.000 visitas, la vista puesta en el año Murillo y la perenne asignatura pendiente de la ampliación de Monsalves

09 dic 2016 / 19:31 h - Actualizado: 10 dic 2016 / 09:17 h.
  • La directora del Bellas Artes, Valme Muñoz, rodeada por la presidenta de la Junta, Susana Díaz, y la consejera de Cultura, Rosa Aguilar, en una fotografía de archivo. / El Correo.
    La directora del Bellas Artes, Valme Muñoz, rodeada por la presidenta de la Junta, Susana Díaz, y la consejera de Cultura, Rosa Aguilar, en una fotografía de archivo. / El Correo.
  • Llegada al Bellas Artes de ‘El jubileo de la Porciúncula’. / E. C.
    Llegada al Bellas Artes de ‘El jubileo de la Porciúncula’. / E. C.
  • Detalle de una de las salas. / E. C.
    Detalle de una de las salas. / E. C.

Da la sensación de que el Museo de Bellas Artes de Sevilla siempre está en una carrera de fondo, manteniéndose como un buen corredor al que continuamente se le está poniendo a prueba. Hace poco, el director de la National Gallery de Londres, Gabriele Finaldi, dijo que la pinacoteca sevillana era «una de las más bellas del mundo». Pero como no se puede vivir únicamente de los cantos de cisnes, su directora, Valme Muñoz Rubio, tiene múltiples reivindicaciones sobre la mesa de su despacho.

«La función principal de un museo en el siglo XXI ha de ser mucho más ambiciosa que la de servir de escaparate, que era lo que se ofrecía en el siglo XIX, cuando a los museos iban solo visitas muy restringidas y elitistas», dice. De momento, el ejercicio de 2016 se planea que culmine con una cifra superior a los 200.000 visitantes, por encima del público alcanzado en 2015. «Las actividades paralelas que desarrollamos son tan buenas para incrementar las visitas como las exposiciones de calidad», sentencia su responsable.

Después del Museo de la Alhambra –que está dentro del conjunto monumental–, el Bellas Artes sería la otra gran referencia artística del Sur. «Aquí se da una relación muy afortunada entre continente y contenido porque el edificio en sí ya merece una visita y contextualiza perfectamente a la colección», dice. Sin embargo, Valme Muñoz no pierde la oportunidad de reivindicar lo que tanto tiempo lleva postergado, la ampliación.

«Estamos muy limitados de espacio, tenemos necesidades que solo podríamos cubrir si nos extendemos al Palacio de Monsalves, cuyo plan de intervención ya está perfectamente diseñado. Precisamos una gran sala de exposiciones temporales y una zona donde realizar talleres y congresos... hasta ahora, por ejemplo, las conferencias las hacemos en las propias salas del Museo, y eso es muy delicado», argumenta la directora.

Mientras llega y no de Madrid el beneplácito a la intervención, el Bellas Artes sigue especialmente concentrado en lo que empresarialmente se llamaría captar clientela. Con el patrocinio de la Fundación La Caixa y Cajasol, el centro habitúa a llenarse de profesores y alumnos, también de familias y de sevillanos que habitan en zonas desfavorecidas. «Hay cierto público que nunca vendría por su propio pie, hay que ir a buscarlo», dice.

A comienzos de año, la pinacoteca vivió un momento importante con la exposición Francisco Pacheco. Teórico, artista y maestro, el particular hit del Museo en 2016. Ahora mismo mantienen en cartel la denominada Los objetos hablan, un recorrido –tanto geográfico como cronológico– por las colecciones del Museo del Prado y una aproximación a la manera como los objetos que nos rodean y que utilizamos de manera natural, automáticamente o conscientemente, forman parte esencial de nuestra vida.

Y mientras que el público pasea por las salas, en los talleres se lleva a cabo una intensa tarea de restauración. «Estamos centrados en las obras de Murillo que podrán verse en la gran exposición que preparamos para final de 2017, coincidiendo con el inicio del año del pintor», concluye Muñoz. También se continúa poniendo a punto una de las piezas más valiosas e imponentes del artista, El jubileo de la Porciúncula, que ha cedido, durante diez años, el Wallraf-Richartz Museum de Colonia.


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