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Chapeau por la zarzuela sevillana

La idea de Javier Sánchez-Rivas era dar trabajo, ayudar a los desfavoecidos y recuperar un arte perdido. Y lo ha logrado con una empresa original a más no poder.

04 oct 2016 / 07:00 h - Actualizado: 04 oct 2016 / 21:37 h.
  • Javier Sánchez-Rivas, con sus dos tocados predilectos: el birrete de doctor en Economía y el sombrero del personaje de don Hilarión. / Pepo Herrera
    Javier Sánchez-Rivas, con sus dos tocados predilectos: el birrete de doctor en Economía y el sombrero del personaje de don Hilarión. / Pepo Herrera

La suya es, ¿cómo decirlo?, una empresa diferente. Tan diferente como pueda serlo aquella cuyo presidente ejecutivo, tras representar La corte de Faraón, le pide la mano a su novia desde el escenario de un teatro ante quinientas personas. Como lo pueda ser aquella que esté luchando sin descanso por hacerse con unos decorados extraordinarios y unos vestuarios históricos, con idea de recuperarlos del deterioro del olvido, restaurarlos y utilizarlos. Aquella, en fin, que tenga como triple objetivo dar empleo remunerado, dedicar una buena parte de los ingresos a fines sociales y rescatar y salvaguardar el patrimonio de la zarzuela: tres milagros en uno. El responsable de este imposible en vías de materialización se llama Javier Sánchez-Rivas García y la proeza se llama Compañía Sevillana de Zarzuela. Su idea es convertir Sevilla en la capital mundial del género, y quien lo mire a los ojos podrá estar seguro de que lo va a conseguir.

«Dentro de tres semanas me voy a Madrid a negociar con el maestro Carballo –el mayor escenógrafo de zarzuela de los últimos 50 años, que se jubila– que nos venda a un precio asequible toda la escenografía de las grandes representaciones. Imagínate lo que eso supone», dice, entusiasmado. Este economista y profesor universitario nacido en La Línea explica su aventura como una deuda de gratitud con Sevilla, «el lugar donde he sido y soy infinitamente feliz», la ciudad donde «saliendo del cero absoluto» ha conseguido triunfar como empresario y poner rumbo a sus máximas aspiraciones «personales y profesionales» y donde ha encontrado «las máximas facilidades» por parte del Ayuntamiento, las universidades y otras instituciones para poner en pie su proyecto. «Entendí», dice Javier, «que mi responsabilidad social para ese éxito que Dios me había permitido tener era canalizar a través de la zarzuela recursos para las personas más desfavorecidas y dar oportunidad de trabajo a mis compañeros músicos, que no habían tenido tanta suerte como yo y que ahora suman unas 50 o 60 personas».

No todas las empresas son iguales, volviendo al inicio. Pero en lo que sí parece coincidir con otras apuestas de esas ante las que habría que quitarse el sombrero es en sus orígenes absurdos, tal y como lo explica este empresario. «La idea nació en marzo de 2009, y lo hizo de la manera más tonta que te puedas imaginar. Yo había fundado mi primera empresa, Expansión Cultural, en marzo de 2008, y cuando iba a cumplir un año quise organizar un acto social pero no tenía dinero para hacerlo. Yo he sido un amante de la zarzuela desde que tengo uso de razón porque mi abuelo fue autor, porque la he escuchado muchísimo; he crecido con la zarzuela todos los día en mi casa... Yo estaba entonces en el coro de la Universidad, y les digo a mis amigos del coro –o sea, a mi pandilla con los que me tomaba mis copitas (ya habíamos terminado la carrera y emprendíamos nuestros primeros pasos profesionales, pero seguíamos en el coro porque nos gustaba la música)– lo siguiente: ¿Por qué no montamos una zarzuela solidaria? Y macho, jamás pensé ni por asomo que esto pudiera llegar adonde ha llegado. Me acerqué a Cajamadrid a pedir una subvención para financiar los primeros trajes de chulapa, el CAT nos prestó trajes costumbristas que tenía, luego la Universidad también ayudó con la cartelería... y de buenas a primeras me encuentro que los que eran mis clientes institucionales de la empresa (dedicada a comunicación institucional, azafatas, protocolo, logística de eventos...) se unen a mí para sacar adelante un proyecto social y cultural, convirtiéndose en mis amigos y en mis apoyos para seguir sacando esto adelante».

«Montamos La verbena de la Paloma en Ingenieros. Fue el 28 de mayo de 2009. Un éxito total, 1.200 personas. La hicimos con el coro de la Universidad y con la orquesta del coro, y no tenía nada que ver con lo de ahora porque eran la mayoría estudiantes, la orquesta era de aficionados... pero éramos allí casi setenta personas. Luego se les invitó a cenar... en fin, que fue muy divertido. Y además, se sacó una muy buena donación para Asedown. Y a partir de ahí, ese verano yo me fui a hacer el camino de Santiago, como siempre hago, y cuando volví lo estructuré todo. Nace entonces Eventos Culturales Andaluces. Así se llamaba la asociación, que con el tiempo pasaría a denominarse proyecto sociocultural de la Compañía Sevillana de Zarzuela».

Dicen que todos los principios son duros, y los suyos no fueron una excepción. Por fortuna, su empresa Expansión Cultural iba viento en popa y podía asumir los recursos necesarios. «Y a partir de ahí empezó a crecer. Es verdad que el primer año, 2010, yo estaba con la tesina y tampoco tenía muy claro hasta dónde podía llegar. Montamos una obra que escribí yo, Amores, romanzas y el viejo don Hilarión, una mezcla de varias romanzas con un libreto muy divertido, y nos encontramos que volvió a tener otra vez un éxito brutal. Y ahí fue cuando ya definitivamente, el 11 de junio de 2010, decidí darle un apretón de tuercas. Y al año, en el antiguo teatro Cajasol, el Turina actual, empezamos ya con una temporada estable, hasta llegar a la actualidad con doce producciones estrenadas». Sin contar conciertos, recitales, los espectáculos en la Sala Turina, en Antares... Este jueves, sin ir más lejos, actúan en la apertura de curso de la Olavide. Un no parar.

«Si conseguimos llegar a un entendimiento con Carballo, podríamos estar hablando, con total y absoluta humildad, de que Sevilla sería la capital de la zarzuela. No por nada, sino porque en Madrid no se está trabajando al ritmo al que estamos trabajando nosotros. Hoy día, eso es una realidad. Ni por asomo se está trabajando al mismo ritmo de rescate de la zarzuela. Pero bueno, hay que seguir trabajando en la línea en la que vamos. Son más de veinte escenografías. Están en muy buen estado; algo habrá que restaurar, igual que hicimos con el vestuario de La corte de Faraón, pero eso forma parte de la responsabilidad del proyecto, el rescatar el patrimonio. Y el que Sevilla sea titular de todo eso es una oportunidad sin parangón para nuestra ciudad».

En marzo estrenarán su décima tercera producción, El año pasado por agua. Han fundado el Club de Amigos de la Zarzuela Don Hilarión, con más de 700 socios que se dedican, básicamente, a acabar con todas las entradas disponibles y a transmitir el feed back de una sociedad que agradece la recuperación de un género que estaba clínicamente muerto. «Jesús de Sancha, Marta García Morales, Alejandro Rull, Paco Guerrero, Elena Martínez y Pepe Martínez Vela son mi equipo de trabajo más directo y con quienes he podido llegar hasta donde estamos. Dentro de un año... no sé dónde estaremos. Mi lema es Sin límites, pero con humildad».


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