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El dadaísmo cumple 100 años con gran salud

El Festival Contenedores ha recordardo la efeméride en una edición de transición hacia la próxima convocatoria, que será a lo grande en mayo de 2016

17 dic 2015 / 17:24 h - Actualizado: 17 dic 2015 / 17:25 h.
  • El Festival Contenedores se inauguró y se clausuró ayer en el Centro de las Artes de Sevilla. / José Luis Montero
    El Festival Contenedores se inauguró y se clausuró ayer en el Centro de las Artes de Sevilla. / José Luis Montero
  • El certamen se planteó como un homenaje al dadaísmo, movimiento que cumple 100 años en 2016. / J. L. M.
    El certamen se planteó como un homenaje al dadaísmo, movimiento que cumple 100 años en 2016. / J. L. M.
  • La próxima edición se celebrará en mayo de 2016. / J. L. Montero
    La próxima edición se celebrará en mayo de 2016. / J. L. Montero

El Festival Contenedores inauguró y clausuró la edición de 2015 al mismo tiempo. Para ser justos, con 90 minutos de diferencia entre un acto y otro. Su director, Rubén Barroso, es tan hábil que es capaz de extraer petróleo performativo hasta cuando no hay medios a su alcance. Contenedores lleva 15 años defendiendo el arte de acción y los comportamientos artísticos inusuales. Tras una «travesía en el desierto», como él mismo la definió, ayer quiso hacer en el Centro de las Artes de Sevilla una inflexión, un pequeño acto para tomar aire y encarar el anhelado resurgimiento, en mayo de 2016.

El próximo año es el año Dadá. Ese movimiento surgido en Zürich en 1916 que cuestionó todo lo cuestionable, que se reveló contra todos los cánones (artísticos y vitales) y que reivindicó el caos, poniéndolo todo patas arriba y siendo hoy, un siglo después, igualmente mordedor, tan amenazador para el conservadurismo que sus dientes relucen afilados.

A Barroso nunca le ha preocupado en exceso que sus Contenedores se entiendan más o menos porque, parafraseando a Robert Filliou, él trabaja para el año 3.000. Y porque, como los dadaístas, aquí de lo que se trata es de crear sin pretender crear nada. Al grito de «¡Viva Dadá!», Marta G. Rangel, Aure Gallego, Aline P. y el propio Barroso prendieron la mecha de una velada dadaísta en la que diversas acciones y recreaciones dadás se intercalaron con lecturas ideológicas del movimiento que hoy nos siguen sonando tan necesarias y viscerales que parecen haberse escrito ayer.

«La obra de arte no debe ser bella en sí mismo porque la belleza ha muerto». Rangel se esmeró en interpretar dos poemas fonéticos, Karawane, de Hugo Ball; con la participación del público: «Jolifanto bambla o falli bambla / grossiga m’pfa habla horem / égiga goramen / higo bloiko russula huju / hollaka hollala...» También adquirió presencia la extensa Ursonate, de Kurt Schwitters, de la que se recitó e interpretó un fragmento.

Que Barroso decidiera hacer desaparecer su cabeza bajo una inacabable cinta de papel aluminio y que Gallego hiciera un homenaje ‘en rojo’ a Marcel Duchamp mudando sus calcetines por otros de ese color fueron algunas de las pequeñas destrezas dadaístas con las que se brindó por un arte cuya propia denominación fue objeto histórico de jocosa controversia. Jean Arp declaro que Tristan Tzara encontró la palabra «dadá» el 8 de febrero de 1916 a las seis de la tarde. «Estoy convencido de que esta palabra no tiene ninguna importancia y que solo los imbéciles pueden interesarse por los datos», dijo.

Contenedores prepara muchas cosas para su edición de 2016. Y Dadá y los suyos volverán a estar justamente presentes. Y si no sale todo lo que se pretende, saldrán otras cosas. Porque Rubén Barroso (...y los suyos) es de esos artistas que nunca van a parar de hacer cosas. Porque cosas es precisamente lo que se dedica a hacer. Porque «Contenedores es una actitud vital, una forma de estar». Y ahora el nuevo Ayuntamiento tiene que decidir si es valiente. Valiente pero de verdad. Tiene que decidir si se une al grito: ¡Viva Dadá!


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