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Irán y España se asoman al espejo

‘Miradas paralelas’ reúne en Tres Culturas los trabajos de doce fotógrafas de ambos países para poner de manifiesto las similitudes entre ambas realidades

16 may 2017 / 09:15 h - Actualizado: 16 may 2017 / 10:14 h.
  • Retrato de la fotógrafa española María Zarazúa, incluido en la muestra ‘Miradas paralelas’.
    Retrato de la fotógrafa española María Zarazúa, incluido en la muestra ‘Miradas paralelas’.
  • Celebración de una boda iraní captada por Hengameh Golestan.
    Celebración de una boda iraní captada por Hengameh Golestan.
  • Uno de los trabajos de Isabel Muñoz expuestos en Tres Culturas.
    Uno de los trabajos de Isabel Muñoz expuestos en Tres Culturas.

Dos mundos aparentemente ajenos o distantes, que resultan asombrosamente similares cuando se asoman juntos al espejo de la fotografía. Eso es lo que propone la muestra Miradas paralelas, que se exhibe desde la semana pasada en la Fundación Tres Culturas de Sevilla, y en la que se reúnen trabajos de doce fotógrafas de España e Irán.

La exposición, comisariada por Zara Fernández de Moya y Santiago Olmo, y en cuya producción ha colaborado con la Asociación Mediterráneo Occidental, MED-OCC, se estructura por parejas, confrontando a una española con una iraní: Soledad Córdoba y Shadi Gadirian; Cristina García Rodero y Hengameh Golestan; Amparo Garrido y Rana Javadi; Isabel Muñoz y Gohar Dashti; Mayte Vieta y Ghazaleh Hedayah; María Zarazúa y Newsha Tavakolians.

«La idea era buscar una gemela creativa para cada una de las fotógrafas española, estableciendo afinidades, tratando de encontrar universos compartidos», comenta Fernández de Moya, quien destaca asimismo la variedad de temas de la exposición. «Las obras van desde asuntos tan universales como las bodas a conceptos más simbólicos o alegóricos. Aunque proceden de años y series muy distintos en la trayectoria de cada una, el conjunto posee una unidad sorprendente».

Sobre todo, Miradas paralelas ha querido huir de los estereotipos, ya que, apunta la comisaria, «las iraníes están muy cansadas de la visión que los medios dan de ellas. El arte es conocimiento del mundo y diálogo, es todo lo contrario a ese complejo de superioridad que denota el orientalismo, con su explotación del exotismo».

Sobre al acogida en Irán, asegura que «fue impresionante el entusiasmo que suscitó. Allí están hasta las narices del cliché de género, y apreciaron que en ese sentido hubiera una apuesta comisarial serie, arriesgada, y que sus gemelas españolas fueran unas artistazas».

En todo caso, la experiencia de exponer primero en Teherán y luego en España ha propiciado una unión entre las autoras que promete perdurar. «Mi trabajo, que tiene ya 16 años, se ha enriquecido con este proyecto», comenta Amparo Garrido. «Me ha enorgullecido saber que todavía tiene vigencia, que aún tiene algo interesante que decir, alguna verdad».

Mayte Vieta, por su parte, afirma que «ha sido toda una sorpresa reconocer en mi gemela intereses comunes, como es la voluntad de retratar el instante a través de luz y reflejos. Es llamativo encontrar similitudes con alguien que vive tan lejos, lo que demuestra que nuestras realidades no son tan distintas».

Para María Zarazúa, «la idea es preciosa, y para mí es un lujo que hayan contado conmigo. Hemos acabado formando una pequeña familia, chat de Whatsapp incluido, de modo que el vínculo va más allá de la exposición, es una experiencia de vida».

Mientras que Soledad Córdoba ve esta iniciativa como «la prueba de que a pesar de la distancia física de 5.000 kilómetros, nos une la defensa del arte y toda una red de referencias emocionales», Ghazaleh Hedayah, la única iraní que pudo estar la semana pasada en la inauguración de Sevilla, cree que «demuestra que no importa de dónde vengas, las diferencias se diluyen a través de una misma forma de mirar».

Por último, Cristina García Rodero, la primera española en la agencia Magnum y toda una maestra en el oficio, se refiere así a las ventajas y desventajas de ser mujer en el ámbito fotográfico. «La gente desconfía menos de las mujeres, pero al menos yo no tengo la fuerza ni la estatura de un hombre. A veces las mujeres tenemos otras cualidades, somos más peleonas, o más trabajadoras. Es más difícil que nos vengamos abajo. Las dificultades hacen que tengamos la vocación más firme. Trabajar en mi época como reportera no era nada fácil. En todo caso, ser luchador no es una cualidad exclusiva de hombres, ni de mujeres».

La exposición Miradas paralelas permanecerá abierta al público en Tres Culturas hasta el 15 de septiembre, y posteriormente está previsto que viaje a Barcelona.


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