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Nora y la necesidad del feminismo

Aitana Sánchez-Gijón y Andrés Lima dan vida a una nueva Nora, la protagonista de Casas de Muñecas de Ibsen, con la versión española de la obra de Lucas Hnath.

16 mar 2019 / 16:22 h - Actualizado: 16 mar 2019 / 16:25 h.
  • Nora y la necesidad del feminismo

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Auque Ibsen siempre lo negó 'Casa de muñecas' está considerada como la primera obra feminista del teatro contemporáneo. Quince años después Lucas Hnath vuelve a dar vida a su protagonista con esta obra, una suerte de drama contemporáneo que reflexiona sobre si las mujeres pueden llegar a ser libres en nuestra sociedad.

Tras 15 años de ausencia Nora vuelve a casa convertida en una escritora feminista de éxito. Su vuelta no está motivada por la nostalgia, ni la necesidad de tomar contacto con sus hijos, sino porque debido a al triunfo como autora feminista necesita el divorcio que, en teoría, su marido debía haber tramitado a su marcha. Así, de entrada Nora se muestra como una feminista radical para la que es mucho más importante su éxito laboral que su familia. Al menos, es lo que se desprende de su diálogo con Ann Marie, la ama de llaves que la ha sustituido en la crianza de sus hijos.

Desde luego, visto así no parece que el texto de Lucas Hnath sea precisamente una apología del feminismo. Más bien parece lo contrario. No obstante a medida que transcurre el relato se adentra en una interesante reflexión sobre la identidad y la libertad, dos cuestiones que en el siglo en el que se sitúa la obra ( XIX) estaban negadas a las mujeres, y que por desgracia todavía no acabamos de resolver, en un gran parte precisamente por la cuestión de la maternidad. Tal vez por ello Lucas Hnath no permite que Nora se muestre ni por un momento arrepentida de haber renunciado por completo a formar parte de la vida de sus hijos. Para compensarlo sitúa en escena a la hija más pequeña, quien al contrario que su madre aboga por el matrimonio y la familia, pero no porque quiera asumir el papel que se vio obligada a aceptar Nora al casarse, sino porque no siente que amar y pertenecer a alguien suponga necesariamente una pérdida de su propia identidad, de la que ella es muy consciente precisamente por haber sido una hija abandonada.

Por otra parte el marido de Nora, que Ibsen dibujó como un hombre poderoso, serio frío y un tanto agresivo, aquí se perfila como un ser mucho más humano y cercano, alguien con el que podemos empatizar con facilidad, lo que de alguna manera desdibuja a la protagonista. Y es que, lo que le interesa al autor es poner en el escenario los diferentes puntos de vista aunque, por fortuna, en la escena final Nora consigue redimirse. Así, el autor consigue con habilidad que sea el espectador el que tome partido, aunque su texto no le hace del todo los honores al de Ibsen.

La puesta en escena de Lima se sirve de la escenografía de Beatriz Sanjuan, realista aunque con un toque conceptual, para recrear un espacio frío y distante que sitúa en primer plano al texto y a los personajes, interpretados con absoluta maestría por todo el elenco, en el que destacan María Isabel Díaz Lago por la carga de humanidad que imprime al personaje de Anne Marie y Aitana Sánchez Gijón por su imponente presencia escénica. Lástima que el ritmo sea un tanto irregular.

Obra: La Vuelta de Nora

Lugar: Teatro Lope de Vega, 14 de marzo

Autor: Lucas Hnath

Traducción: Verónica Huerta

Dirección: Andrés Lima

Interpretación: Aitana Sánchez Gijón, Roberto Enriquez, María Isabel Díaz Lago y Elena Rivera.

Calificación: ***


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