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«Nos estamos volviendo todos locos con las redes»

El guitarrista jerezano, que ha acompañado a todos los grandes de los últimos tiempos, convertirá el Espacio Turina en el ‘Sonanta Club’, en el que se hará acompañar de una banda de notables músicos

18 sep 2018 / 21:45 h - Actualizado: 18 sep 2018 / 21:47 h.
  • El guitarrista jerezano Alfredo Lagos, en una imagen de archivo. / Antonio Acedo.
    El guitarrista jerezano Alfredo Lagos, en una imagen de archivo. / Antonio Acedo.

En su currículum, acabamos antes si preguntamos a quién no ha acompañado. Hoy (19.00 horas), el guitarrista jerezano se presentará en el Espacio Turina en grupo con el espectáculo Sonanta Club.

—Ha tocado para lo mejor del cante y del baile. ¿Los grandes tienen algo en común, o cada persona es un mundo?

—Algo en común sí creo que tienen, aunque no sabría decirlo. Lo cierto es que cuando te encuentras a alguien superespecial, se nota desde el primer momento. He tenido la suerte de estar con gente muy distinta, entre ellos algún genio, aunque la palabra esté muy devaluada...

—Un viejo cantaor decía que a un guitarrista no le pedía que tocara mejor que nadie, sino que no perdiera los aviones. ¿Usted ha sido de los puntuales?

—Por supuesto. Desde niño me he preocupado por mantener esa seriedad. Hay de todo en estos mundos, gente que vive al día, que tiene un ensayo mañana pero piensa que si no va, no pasa nada. Yo me he preocupado por no hacer eso, y exijo esa seriedad a quien me rodea. Solo he perdido un avión, y porque era la Feria de Málaga y me pilló un atasco tremendo para ir a Alemania. por fortuna, me lo cambiaron para el siguiente.

—En Sonanta Club actuará en formato grupo. ¿Se siente más a gusto que en la soledad del guitarrista de concierto?

—He hecho propuestas donde estaba solo, o con algún palmero, pero me apetecía adoptar otro punto de vista. Si queréis el protagonista soy yo, pero el resto también tiene cosas que contar y quiero que lo hagan. El concepto es que estamos en un bar, un club de jazz o una peña, y le pides una guitarra al dueño, aparece por ahí un cajón, «¿te sabes esta de Chick Corea?» y ves que te sientes a gusto con tus compañeros.

—La exploración de territorios como el jazz o la música latina, ¿se ha convertido en paso obligado para los guitarristas flamencos?

—La música en general va por ahí. Sería absurdo, con tanta información, seguir como si viviéramos encerrados en una burbuja. Ya es inconcebible el guitarrista que tocaba su soleá con cuatro acordes, y su seguiriya con tres, y ya. Vivimos en una época en que todo el mundo bebe de todo el mundo, y los tiempos nos llevan ahí.

—El tiempo de las carreras, ¿pasó definitivamente?

—Es verdad que ha sido una época fuerte bajo la influencia de Paco, que nos deslumbró a todos, y esa estela todavía va a perdurar mucho. Hubo mucha gente empeñada en demostrar la técnica, en poner la música al servicio de la técnica, pero estamos en el camino de apaciguarnos. Los jóvenes se dan cuenta de que hay algo más que correr. Hay tantos guitarristas buenos, que o te buscas un lenguaje propio, o eres uno más.

—Dadas las horas de vuelo que lleva en la Bienal, ¿es el único que no se va a poner nervioso esta edición?

—¡Claro que me pongo, mucho! Lo hago en cualquier escenario, pero la Bienal es además un toro complicado. En Sevilla hay afición, pero uno tiene que contar su propia historia, y yo procuraré explicarme lo mejor que pueda.

—Paco de Lucía venía de poner el mundo a sus pies, pero en Sevilla veía en primera fila al presidente de la peña Niño Ricardo y se ponía malo...

—Sí, recuerdo que conocí a Paco en Japón, cuando trabajaba en un tablao con Joaquín Grilo. Vino varios días y luego nos invitó a su concierto. Cuando terminó, le felicité, «maestro, qué maravilla», y me confesó que había estado nervioso porque nos había visto en primera fila, fíjate. Tocas en Moscú ante 3.000 personas y tiras para adelante, pero en Sevilla, con una sala llena de guitarristas, pesa, pesa. También es verdad que los nervios duran diez minutos, luego el coche arranca y tiras como puedes. Si no, sería un suplicio.

—Usted acompañó varias veces a Rosalía. ¿Entiende que esté ahora en el ojo del huracán entre partidarios y detractores exaltados?

—La conocí hace un par de años, cuando aún no había grabado, y era un diamantito en bruto. Me interesó que una chavala superjoven, de 21 o 22 años, afinara super bien. Es verdad que se sabía tres o cuatro cantes, pero los conocía medianamente bien, y en todo caso está empezando y le queda todo el camino por delante, si es que quiere seguir. En ese caso, tendrá que estudiar y veremos adónde llega. Ahora todos los puristas que creen que el flamenco se va a acabar pasado mañana se preguntan qué se ha creído. Se tiene que calmar todo un poco, me temo que las redes nos están volviendo locos a todos.

—¿Y la crucifixión de Refree, que también la ha acompañado a menudo?

—Toda la vida se ha criticado, era muy sencillo en un patio de vecinos, cuando el otro no estaba delante, así que imagínate ahora. Vamos a despotricar, ¿este por qué está allí, y no yo? Solo se señala lo malo y no se mira lo positivo, que es con lo que realmente se aprende. No me digas que si le cae el flequillo de esta manera, que si no sabe, que si pone la mano de esa manera... Si está ahí, algo bueno tiene, seguro. ~


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