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Sí, Patrimonio de la Humanidad

Siete años después de la declaración de la Unesco, todavía queda algún que otro reticente

07 sep 2017 / 13:23 h - Actualizado: 09 nov 2017 / 08:09 h.
  • El cantaor José Mercé, junto al llorado Moraíto, en una imagen de archivo.
    El cantaor José Mercé, junto al llorado Moraíto, en una imagen de archivo.
  • El cantaor Segundo Falcón y la bailaora Manuela Carrasco, entre quienes celebraron la declaración de la Unesco el 16 de noviembre de 2010.
    El cantaor Segundo Falcón y la bailaora Manuela Carrasco, entre quienes celebraron la declaración de la Unesco el 16 de noviembre de 2010.

Fue un 16 de noviembre, hace justo siete años, cuando la Unesco admitió al flamenco en su lista representativa del Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. Mucha tinta había corrido antes acerca de la conveniencia y oportunidad de dicho reconocimiento, muchas expectativas se habían despertado, muchas suspicacias también. El flamenco nunca fue un campo fácil ni unánime, pero al final fueron muy pocos los que no se sumaron al estallido de alegría que sucedió al anuncio oficial.

¿Qué balance queda, siete años después? ¿Cómo ha cambiado, para mal o para bien, la vida de los flamencos? ¿Y la percepción de los aficionados? Para María Ángeles Carrasco, directora del Instituto Andaluz de Flamenco, la clave para entender el sentido de todo es la palabra representativa. «No se trata de proteger un bien en peligro, sino de reconocer las peculiaridades del patrimonio en cuestión, reconocer su prestigio y su representatividad y garantizar su salvaguarda, entre otros compromisos», explica. O dicho de otro modo: «La Unesco no pone dinero, sino que te obliga a mantenerlo. No conlleva presupuesto, sino compromiso de la administración».

Tanto tiempo después, todavía hay quien pone en entredicho las ventajas de la declaración. Pero Carrasco invita a dar la vuelta al razonamiento: «¿Qué pasaría si se lo quitaran?», se pregunta. «Es evidente del nombre del flamenco es lo realmente importante, pero el apellido, Patrimonio de la Humanidad, tiene peso. Claro que ya había una gran cantidad de gente que le tenía un respeto inmenso al flamenco, pero otros muchos no: desde los que lo consideraban un arte menor, hasta quienes ni siquiera llegaban a considerarlo cultura, sin olvidar el hecho de que desde antiguo las mujeres flamencas fueran vinculadas con oficios poco decorosos. Que hoy esté en una lista que representa los patrimonios más importantes del mundo, es algo que solo puede sumar».

Una prueba del éxito de la declaración: a pesar de los recortes que ha habido en todos los sectores, pero especialmente en Cultura, nunca se ha mermado el presupuesto para el tejido asociativo, integrado por unas 400 peñas en toda Andalucía. Y, paralelamente, se han mantenido y hasta aumentado las líneas de ayuda al tejido profesional. Y se está potenciando la presencia del flamenco en el exterior, y han aumentado las programaciones estables en los teatros. Esta semana, sin ir más lejos, se celebra la Bienal de Arte Flamenco de Chaillot, en Francia, en un teatro que es un referente mundial de la danza. Se estrenan esperados espectáculos de Andrés Marín, Rafaela Carrasco y David Coria –solista del Ballet de Andalucía–, todos ellos con ayudas a la producción de la Junta.

«He estado en Lisboa un congreso sobre Patrimonio, y los representantes del fado y el tango coincidían en la necesidad de implantar un modelo como el del Instituto Andaluz del Flamenco. Algo habremos estado haciendo bien», afirma Carrasco.

Y apostilla: «El reconocimiento patrimonial, no cabe duda, ha abierto puertas. Y lo que está claro es que en ningún caso ha restado. Sin embargo, siempre se cuestiona doblemente: ¿Por qué tiene que haber subvenciones al flamenco?, se preguntan. Pues porque es cultura. ¿Debería tenerlas el cine o la música clásica, y el flamenco no? ¿Y por qué la Giralda o Úbeda y Baeza deben tener protección de la Unesco, y el flamenco no? Nadie pregunta por la Giralda, pero a mí me preguntan todos los años el por qué de la declaración. Creo que hay ciertos complejos flamencos que dificultan la comprensión».

Sea como fuere, Carrasco cita siempre unas declaraciones de Israel Galván que resumen mejor que nada la conclusión del asunto: «Me parece [el de Patrimonio Inmaterial de la Humanidad] un título muy bonito, un sello de calidad. Pero esto lo digo a nivel colectivo. A nivel personal, cada uno tiene que buscar su propio camino, y yo ya me lo busqué antes de todo esto».


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