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La aventura del misterio

Conspiración: las conjuras del poder

Los hechos históricos pueden tener un trasfondo secreto y diferente al que nos han hecho creer en la explicación oficial

07 ene 2018 / 00:28 h - Actualizado: 07 ene 2018 / 00:29 h.
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Recién terminado y editado mi nuevo trabajo Conspiración: Las conjuras del poder (Editorial Samarcanda) hoy me atrevo a hacerles leer otra realidad, una realidad diferente y secreta que puede esconderse detrás de hechos históricos cuya explicación oficial nos han hecho creer. Puede que esa explicación sea la correcta, la verdadera, pero también –y no es menos cierto– existen voces que han visto más allá encontrando que esa realidad es una pantalla que esconde un terrible secreto que ha sido silenciado para no desestabilizar las bases sociales...

Las grandes conspiraciones jamás pasan de moda... Caminaremos por la historia del siglo XX y de otras épocas participando de aquellos hechos sobre los que se cierne la sombra de la conspiración, casos como el propio asesinato de JFK, el Watergate, la muerte de Bin Laden o el 11-S estarán, entre otras, en las conspiraciones políticas. Pero no sólo hay conspiraciones dentro del mundo de la política, también las hay contra la salud como con casos tan sonados como el del síndrome de la Colza en España, la fluorización del agua, el misterioso origen del SIDA y muchos otros.

Permítame hoy que les escriba de alguna de ellas y que pensemos, tranquilamente, en ese otro lado de la realidad...

EL ‘DESASTRE DEL 98’: LA EXPLOSIÓN DEL ‘MAINE’

Fue uno de los incidentes más descaradamente amañados de la historia para provocar un enfrentamiento armado con una potencia que no estaba, precisamente, en su suelo patrio sino en las denominadas colonias, el último reducto que España mantenía como antigua potencia mundial, venida a menos, y que sería recordado por siempre como el Desastre del 98.

Enfrentó a España y los Estados Unidos teniendo como triste protagonista a un acorazado estadounidense llamado Maine el 15 de febrero de 1898. Aquel fatídico día el acorazado se hundió misteriosamente y se desencadenó la guerra hispano-estadounidense, en un acontecimiento poco claro que siempre fue contemplado como una conspiración tramada para involucrar a España en aquella absurda guerra.

Fue el aniversario de la firma del tratado que puso fin al conflicto y sigue sin aclararse la causa del estallido en el barco y una pregunta que siempre se ha generado ante la explosión del Maine: ¿accidente o conspiración?

William Hearst, magnate de la comunicación de Estados Unidos dijo: «Pongan las fotos, que yo pongo la guerra». Esta afirmación dejaba muy a las claras el interés que tenían los Estados Unidos en entrar en el conflicto entre Cuba y España a finales del siglo XIX. Pero... ¿Cómo hacerlo?

En la zona estaba el acorazado Maine y sería ese mismo navío de guerra el que iba a originar el conflicto armado, fue la casus belli que Washington esgrimió como contra España, una causa tremendamente oscura que dejó muchas dudas sobre lo sucedió.

Y llega la hora de la conspiración...

Después de perder aquella guerra a España poco le quedaba de aquel Imperio donde jamás se ponía el sol, pero las dudas del hundimiento del Maine eran constantes. Desde el gobierno español se afirmaba con rotundidad que no había sido una acción bélica española. Todo apuntaba a un sabotaje de los propios estadounidenses para originar aquella guerra... Un vil montaje.

Pasadas décadas de este incidente comenzó el estudio sosegado de lo ocurrido, así en el diario El Mundo se afirmaba: «Numerosas investigaciones apuntan a un accidente o incluso a un montaje de los estadounidenses para tener una excusa para intervenir en la guerra. El conflicto puso fin al dominio español en Cuba y Puerto Rico –además de Filipinas– mediante el Tratado de París firmado el 10 de diciembre de hace 114 años. Sin embargo, a pesar de haber transcurrido más de un siglo, las causas de la explosión del navío están lejos de aclararse. Las reiteradas negativas de EEUU para realizar una investigación imparcial han reforzado las hipótesis de quienes aseguran que todo fue un pretexto de los norteamericanos para iniciar las hostilidades».

En enero de 1898, el USS Maine ancla en el puerto de La Habana, a las autoridades españolas este hecho no les gustó máxime cuando el conflicto entre españoles y cubanos se prolongaba por espacio de tres años ya y en España se sabía del interés que tenían nos Estados Unidos por controlar la isla de Cuba. Con esos intereses de por medio, los Estados Unidos comienzan una campaña de presión mediática a través de la prensa sensacionalista con el objetivo que su Gobierno declarase la guerra a España, sólo faltaba darle un motivo... Había que buscar un motivo.

Curiosamente el Maine se vio, sorprendentemente, muy vigilado por su propia tripulación desde que llegó a puerto. Su capitán, Charles D. Sigsbee, no permitió a los marines bajar a tierra, pero sí a los oficiales. En la explosión del Maine murieron 261 soldados, inmediatamente el Gobierno estadounidense lo explicó como un atentado originado por una mina submarina perpetrado por España. El Gobierno y las autoridades españolas negaron cualquier implicación y mostraron su disposición a colaborar con los estadounidenses para aclarar los hechos. Pero los Estados Unidos no querían dialogar, querían la guerra pues ya tenían sus planes para Cuba. Todo diálogo fue rechazado.

El Gobierno de España realizó una investigación en la cual se dictaminaba que el origen no pudo ser una mina porque no se registró ninguna columna de agua ni tampoco aparecieron peces muertos. Igualmente revelaron que no habían ordenado ninguna acción de guerra contra el buque estadounidense. Pero se siguen sumando datos: la llegada del Maine a Cuba fue inesperada por lo que una acción premeditada pierde fuerza; además los buques de la armada española Alfonso XII y Legazpi, amarrados junto al Maine, también resultaron dañados. Otro dato curioso: la comisión estadounidense encargada de la investigación que estableció una causa externa reconoció que los autores no se habían podido determinar.

Tras los motivos esgrimidos por los unos y por los otros no se realizaron más investigaciones y se entró en guerra. Modernas investigaciones han revelado que la explosión tuvo un origen interno y no externo, es decir: se hizo detonar un artefacto explosivo desde el interior del buque. Un buque fuertemente custodiado por marines norteamericanos donde los «oficiales», oportunamente, no se encontraban a bordo.

Estados Unidos, con el paso del tiempo y las amistosas relaciones en España aceptó que, tal vez, todo pudo haberlo ocasionado una deflagración accidental de las carboneras, ubicadas al lado de la sala de municiones, tal y como explicó el almirante estadounidense Hyman G. Rickover en un estudio realizado en 1976. No es un hecho aislado. Este tipo de accidentes fueron bastantes habituales en otros barcos de la misma similares al Maine como el Olympia, el Wilmington, el Broolkyn o el Oregon. Claro, que siempre quedará la posibilidad que un artefacto explosivo fuera detonado a postas por los Estados Unidos en el interior del buque y así encontrar la oportuna razón, el motivo, para iniciar una guerra muy ventajosa para los planes del gigante norteamericano... Eso sería lo que nos dice esta nueva teoría de la conspiración avalando para ello que la explosión se produjo en una zona cercana a la tripulación y no de los oficiales.

Entre las víctimas encontramos que sólo fallecieron dos de los diecinueve mandos del buque, mientras que pereció el 70 por ciento de los soldados. Otro hecho curioso: el Gobierno de Estados Unidos reflotó el barco en 1911 para recuperar los cuerpos de los marines y lo volvió a hundir sin permitir que una comisión internacional lo inspeccionase.

Hoy el Maine se encuentra a 1100 metros de profundidad escondiendo su oscuro secreto a los ojos de los más conspiranoicos.

CONSPIRACIÓN Y MUERTE DE UN PAPA: JUAN PABLO I

Pasaría a la historia por la brevedad de su papado, tan solo 33 días; 33 días en el que lo pilares del poder Vaticano temblaron ante el reformista Papa que había llegado para ocupar el sillón de Pedro, su nombre: Albino Luciani, pero sería recordado por Juan Pablo I, el Papa de los 33 días...

En torno a la muerte de este Papa se han vertido mil y un comentarios y se han realizado mil y una conjeturas. Pero en todas hay un factor común: algo oscuro tras su muerte, algo que no acababa de «encajar» en el teórico comportamiento de una muerte natural...

Su fallecimiento en septiembre de 1978 sobrecogió a todos los creyentes que apenas un mes ante estaba celebrando su elección. Sin embargo, pese a la inquietud e incredulidad de los creyentes, no se abrió ninguna investigación oficial en torno a su muerte, y ello da origen a las especulaciones y a que llegara la ineludible teoría de la conspiración.

La versión oficial dice que Juan Pablo I murió por un infarto al miocardio en su habitación. Fue su secretario el que encontró su cuerpo, aún con la luz encendida, como si estuviera leyendo y llamó al médico del Vaticano que al llegar sólo pudo certificar la muerte del pontífice.

Hay una serie de circunstancias que nos hacen dudar sobre la muerte de Juan Pablo I, una serie de hechos que vienen a sembrar dudas sobre la muerte de este pontífice, así encontramos que:

–El Vaticano se negó a dar detalles sobre la muerte del Papa y no permitió por ningún motivo que se realice la autopsia.

–Cuando el cuerpo del Santo Padre yacía muerto en su cama, su secretario Villod escondió en su sotana un frasco de pastillas que tomaba por las noches y un apunte donde estaban las actividades que realizaría al día siguiente.

–Hay diferentes versiones en torno a quién encontró el cuerpo del Santo Padre. En unos casos se dice que su secretario, en otros que fue una monja que lo asistía... La circunstancia quedó poco clara.

–Desaparecieron algunas pertenencias del Papa, como su testamento, sus zapatillas y unas gafas. Nadie supo cómo explicarlo.

–Al Dr. Buzzonetti solo le permitieron hacer un examen rápido y de una forma superficial.

–Fue extraña la prisa por embalsamar el cadáver, lo cual no está acorde con la legislación de Italia. Se pensó que debería esperar 24 horas como se hizo con otros Sumos Pontífices fallecidos.

–Poco tiempo antes de morir el Papa había tenido un examen médico completo, arrojando como resultado que gozaba de muy buena salud.

El secretario del Papa insistió en su embalsamiento rápido. Eso dejaría de lado la posibilidad de una autopsia, como era el pedido de muchos allegados al Vaticano bajo la silenciosa sospecha que podría haber sido envenenado.

–El Sumo Pontífice falleció aproximadamente a las 5 de la mañana pero se dijo en la versión oficial que había fallecido a las 11 de la noche del día anterior. Eso facilitó que a las 11 de la noche del día siguiente, justo luego de pasadas 24 horas de la hora oficial en que había fallecido, pudiera ser embalsamado.

–Cuando fue embalsamado no se permitió extraer la sangre ni los órganos internos. Únicamente se le aplicaron sustancias químicas. Para los defensores de la conspiración, una pequeña muestra de sangre hubiera bastado para saber si fue envenenado.

–Los encargados de embalsamarlo dijeron que al examinar el cuerpo, este no presentaba signos de haber muerto 24 horas antes, calcularon que había fallecido aproximadamente a las cuatro de la madrugada y eso fue confirmado por otros testigos.

Quizás haya que buscar dentro del propio Vaticano para encontrar a los responsables de la muerte de Juan Pablo I, si es que éste fue víctima de una conspiración para acabar con su vida debido a la serie de reformas que pensaba comenzar y que afectaría a la historia del Estado Vaticano y su cómodo estatus de vida.

Para unos murió de muerte natural, para otros fue víctima de un potente veneno. La verdad nunca la sabremos.

Le invito a caminar junto a mí por estas conjuras del poder por estas conspiraciones (setenta grandes conspiraciones que contiene mi nuevo libro) que tienen mucho que enseñarle y que asombrarle. ¿Hemos de creer todo lo que nos cuentan? Ahí dejo la pregunta.


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