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ECM: Experiencias cercanas a la muerte

Las han experimentado miles de personas, pero no todos las explican por temor a ser tachados de lunáticos

05 mar 2017 / 08:54 h - Actualizado: 05 mar 2017 / 08:54 h.
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  • ECM: Experiencias cercanas a la muerte

Aquellas personas que han sobrevivido a un accidente, declarado mortal, o una grave enfermedad suelen relatar sobrecogedores testimonios y vivencias sobre un encuentro cercano con el más allá. Tan increíbles relatos nos traen a nuestra mente la eterna cuestión de la vida después de la muerte. Actualmente se está investigando sobre la muerte y la supervivencia a ella. La investigación orientada a los estados alterados de conciencia y a los individuos denominados como sujetos PSI. La muerte ya no es vista como el final de un camino y si como el comienzo de una nueva etapa....

Sorprendente confesión

Enrique C. es ingeniero técnico industrial y un empecinado fumador de pipa. Nuestro protagonista se encontró cierto día con la muerte y cruzó esa extraña frontera, tan desagradable para unos, que separa el mundo de los vivos con el de los muertos... Tuve la oportunidad de escuchar su testimonio junto a otros 27 alumnos del centro de Formación Profesional donde estudié electrónica industrial. Aquel día, en medio de una clase de tecnología el profesor comenzó a contarnos una experiencia que me dejó impresionado: «Mi padre tenía un negocio de arroz, y cuando estudiaba siempre lo ayudaba para sacar un dinero extra. Un día estaba con mi hermano cargando un camión de arroz cáscara, que es el arroz aún no tratado, con un tubo. Estaba junto al camión descalzo... Fue cuando me dio una descarga eléctrica de 400 voltios. El circuito se cerró en mi cuerpo. Yo siempre le había dicho a mi hermano que si pasaba cualquier cosa de este estilo no había que tocarme. Gracias a que lo recordó no fallecimos los dos electrocutados. Mi hermano me salvó la vida».

Y comenzó el viaje al otro mundo de Enrique C.: «Primero fue el desdoblamiento tubular, donde pude ver todo lo que ocurría desde arriba. En ese momento te preguntas el porqué de ese trance. Cuando te das cuenta de que todo se acaba es cuando la vida te pasa como si fueran fotogramas de una película. Se representan los recuerdos que tienes en el subconsciente. En ese momento sientes la mayor felicidad del mundo. Te liberas de los parentescos, de lo que te ata a la tierra, de las cosas materiales, y te invade el más puro sentimiento de libertad. Cuando rompes con todo eso se inicia otra fase: la llegada de la luz. Estando allí noté como algo tiraba de mi hacia arriba, hacia una luz final de un largo pasillo o túnel. Mientras me dejaba llevar podía oír voces, para mí conocidas, de personas queridas ya fallecidas. Parecía que me llamaban».

«Si cuando llegué a la luz tuve el mayor sentimiento de paz y de felicidad, al romper la barrera al revés la sensación fue inversa: no se puede explicar, pero es lo peor que me ha pasado jamás. Volví a la vida vomitando y con muchísimos dolores». Enrique C. proseguía: «Me llevaron en coche. El médico se echó las manos a la cabeza cuando vio lo que había ocurrido. Yo tenía dos enormes heridas. La corriente entró por el lado derecho del pecho y me salió por el pie izquierdo. Tenía dos agujeros enormes. Allí me hicieron un reconocimiento y me preguntó si no creía en los milagros... porque él empezaba a creer. No se explicaba lo ocurrido».

«Jamás olvidaré ese momento. Después te cambia todo: la manera de pensar, la forma en la que lo ves todo... Es cuando empiezas a sacarle el jugo a la vida y a la muerte, porque descubres que al otro lado también se está muy bien».

Yo tampoco pude olvidar jamás aquel relato que, años más tarde, mi compañero Bruno Cardeñosa, recogió en una de sus obras al coincidir con nuestro testigo y protagonista en un programa de televisión. ¿Casualidad? Yo ya no creo en casualidades.

Fatal accidente de tráfico

Otra experiencia similar, en el mismo entorno, iba a tener nuestro siguiente protagonista, también llamado Enrique C. Recuerda que era un día que llovía a mares y la conducción de su vehículo se estaba convirtiendo en poco más que una odisea, «llovía a cántaros y había forma de controlar el camión». Obviamente, el piso estaba en mal estado y la capacidad de evacuación hidráulica del neumático se había vuelto casi nula. «Pasado el cruce de Las Cabezas de San Juan nos dispusimos a tomar la curva, en ese momento, perdimos el control del camión y volcó. Sentí un gran hormigueo por todo el cuerpo y de inmediato noté como perdía la sensibilidad, poco a poco, en todo el cuerpo. Cuando ésta sensación llegó a la cabeza perdí el conocimiento... Debió de pasar poco tiempo y comencé a flotar sobre mi cuerpo, me despegaba de él y me elevaba. Pronto vi como los vehículos se detenían junto al accidente y trataban de socorrernos...». Junto a E.C. le acompañaba un hermano que sufrió heridas leves. «No me veían pero yo les oía y veía perfectamente. Lo que más me extrañaba era ver mi cuerpo allí tirado, lo entendía y a la vez no me terminaba de cuadrar...». Estando allí noté como algo me tiraba hacia arriba, hacia una luz al final de un largo pasillo o túnel. Mientras me dirigía a él podía oír las voces, para mí conocidas, de personas queridas ya fallecidas que me llamaban. Iba hacia la luz mientras que algunas escenas de mi vida pasaban muy rápido por mis ojos. La luz, cálida y acogedora, me atraía. Pero cuando estaba cerca de ella vino a mí el recuerdo de mi familia... Me atraía aquella sensación de paz y tranquilidad pero no podía dejar a mi familia, a mis hijos, a mis padres y hermanos, era un peso que comenzó a tirar de mí y devolverme, de nuevo, a mi cuerpo. Allí estaban las ambulancias y la Guardia Civil, todo era muy confuso y cuando entré en mi cuerpo comenzó lo malo. Toda aquella paz desapareció y se transformó en grandes dolores por todo el cuerpo, vómitos, sangre, asfixia, hierros retorcidos, gasolina, gritos... Mi hermano estaba conmocionado pero bien, yo me había golpeado contra el salpicadero del camión en la cabeza y al rebotar la cabeza hacia atrás había impactado contra ella un gran tubo de plomo, aparte sufrí una descarga eléctrica... Eso sería las diversas circunstancias que provocaron mí, casi, muerte. Estuve seis meses de baja y ya estoy como nuevo, pero te aseguro que jamás podré olvidar aquella experiencia».

Tuve la ocasión de ver los partes de bajas, los informes médicos y del seguro, comprobar el testimonio de su hermano y entrevistar a su esposa. Aparte de ello, he de comentar que, conocía al profesor –y primera persona de la que he narrado su experiencia– de mi época de estudiante de Electrónica Industrial y Telecomunicaciones tanto en el C.F.P. Stma. Trinidad como de mi paso por la Escuela Universitaria de Ingenieros Técnicos Industriales. Enrique, además de ser un magnífico profesor de tecnología es una persona honesta y poco dada a fabular. Tremendamente crítica con los farsantes y con los fraudes. Creo en su testimonio como creo en los testimonios de aquellas otras personas que tras ser dadas clínicamente por muertas han regresado de ese estado de muerte para hacernos llegar su fascinante relato y experiencia en el otro la lado, aquello que hay tras la vida y que se esconde tras la muerte.

No creo que nadie pudiera inventarse una historia así para darse notoriedad. Esa notoriedad la consigue con el simple hecho de volver de la muerte. Son personas que quieren compartir su experiencia con nosotros, de hacernos llegar un mensaje de esperanza, de decirnos que tras la vida hay otro tipo de vida, no material y concebida tal y como en el mundo de los vivos la entendemos y si, tal vez, más espiritual y etérica, más cercana a la pureza y a la energía... ¿Cuántos expedientes, casos, historiales, relatos, narraciones, etc., conocemos sobre Experiencias Cercanas a la Muerte (ECM)? ¿Cuántas personas que se han dado por muertas han vuelto de ese estado de muerte narrarnos experiencias y casos análogos al contado por nuestros dos testigos? ¿Cuántas investigaciones de importantes instituciones médicas y científicas parecen afirmar que sobre este tema hay, aún, un desconocimiento importante y que, quizás, la existencia de otro lado pudiera ser una explicación?

Podríamos seguir haciendo preguntas, pero ¿para qué? ¿Qué podríamos preguntar que otros no lo hubieran hecho ya? Es verdad que muchos testigos pudieran haber oído este tipo de relatos en otras personas y al sufrir su experiencia materializara el subconsciente esa misma idea en su ser. Quizás las referencias establecidas son asimiladas y readaptadas a la nueva, y análogo final, situación aflorando lo ya asimilado. El subconsciente del sujeto, de nuevo, tiene mucho que decir en todo este tema. Otros opinan que todos los individuos están relacionados y enlazados por hilos que nos comunican y al llegar a esa crisis y experiencia con la muerte sufrimos, todos, la misma visión. O, tal vez, todos ven lo mismo y sufren la misma experiencia por ser lo que realmente existe tras la muerte.

Hablan los médicos

En este apasionante tema ha cobrado, en los últimos años, especial relevancia el doctor Pim Van Lommel, médico en Holanda y gran estudioso de las ECM, de las experiencias cercanas a la muerte. Este prestigioso doctor afirmaba a Lluís Amiguet: «En 1988 ya tenía doce episodios incuestionables y creé una red de investigación con otros diez hospitales holandeses. Iniciamos un estudio clínico prospectivo de 344 pacientes, que publicó The Lancet (2001). Tenemos más preguntas, además de la clásica: ¿Si la conciencia es un mero producto del cerebro, cómo puede sobrevivir y explicar la experiencia de la muerte? Se le ha tratado de buscar explicaciones como que se pudieran explicar recurriendo a meras alucinaciones causadas por la anoxia (carencia de oxígeno) pero si la causa fuera la anoxia, todos los que vuelven a la vida tras la muerte tendrían EDM, porque todos la sufren, pero, en cambio, sólo el 18 por ciento tiene esas experiencias. Todas coinciden en hablar de recuerdos, cognición y emociones y mantienen la identidad, un punto crucial, porque el ego es el enlace entre la conciencia y el cuerpo. Las han experimentado miles de personas, pero no todos las explican por temor a ser tachados de lunáticos o porque creen que las causan la medicación o la enfermedad. Aunque no todos experimentan todo, pero todos citan algunas experiencias recurrentes que coinciden en un cruce espacio-temporal. Es la revisión de la vida pasada, pero también la futura y presente: algunos, al volver, anticipan sucesos y reinterpretan los ya pasados, así que suelen cambiar de pareja, de trabajo, de existencia, porque han contemplado su vida en conjunto durante su ECM. Estas personas tiene visiones que a menudo el lenguaje carece de términos para explicarlas. Una ECM de tres minutos puede requerir semanas de testimonio en el que no se repite un solo episodio. El tiempo, como le decía, transcurre de un modo único en síntesis con el espacio y una constelación de familiares y afectos. A modo de ejemplo... Un paciente refiere cómo en su EDM había visto a un señor desconocido sonriéndole. Diez años después, su madre agonizante le reveló que él era hijo de una relación extramarital y le mostró una fotografía de su padre biológico, asesinado en un campo de concentración: era aquel señor sonriente. Lo prueban cientos de casos. En Conciencia más allá de la vida explico el de un hombre de 43 años que nos llegó cianótico, frío, sin tensión y con las pupilas dilatadas. La enfermera le extrajo la dentadura postiza y la depositó en un cajón. Resucitó inexplicablemente tras un largo coma y preguntó por sus dientes. Reconoció, al verla, a la enfermera y le pidió que se los devolviera. Ella nos llamó alarmada y entonces el paciente nos relató en detalle lo que habíamos dicho y hecho cuando llegó muerto a urgencias del hospital».

Quizás el mensaje de esperanza es lanzado cuando el mismo Van Lommel afirma de forma personal: «Nuestra conciencia no es más que un retransmisor para esta dimensión de nuestro ser en varias. Es como una radio que, mientras vivimos aquí, sintoniza con este universo. Nuestra muerte sólo es un cambio de conciencia, una transición. Sólo morimos en una dimensión para pasar a otras».

El psiquiatra Enrique González decía al respecto: «Para estas personas cambia todo, es una transformación muy profunda, pierden el miedo a la muerte de forma espectacular; es una transformación en la escala de valores, especialmente respecto a la importancia que tienen para ellos las otras personas. Mi carrera personal siempre se ha basado en lo estricto pensaba que se trataba de casos explicables, y que eran gente con problemas mentales, incluso creía que las sustancias que en esos trances segrega el cerebro podrían explicar lo que ven... Pensaba que eran alucinaciones».


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