lunes, 19 noviembre 2018
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Enfermeras ante el misterio: fenómenos paranormales en hospitales

Los hospitales son contenedores de emociones, de sentimientos, allá donde ha habido penas y alegrías y donde la realidad puede superar a la ficción. Por todo ello surgen experiencias con lo extraño que no dejan de ser llamativas e, incluso, impactantes

03 jun 2018 / 17:45 h - Actualizado: 03 jun 2018 / 23:30 h.
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Si hay puntos, edificios, donde lo paranormal se manifiesta son, sin dudas, en los hospitales. En ellos hay tal cantidad de testimonios de testigos cualificados que su realidad es tan innegable como incontestable, desde enfermeras, médicos, seguridad, limpieza o pacientes y sus familiares han descrito encuentros imposibles más allá de lo racional. De todo ello les quiero hablar hoy pero de la mano de aquellos profesionales que vivieron, en primera persona, la experiencia.

Los hospitales son contenedores de emociones, de sentimientos, allá donde ha habido penas y alegrías y donde la realidad puede superar a la ficción. Por todo ello surgen experiencias con lo extraño que no dejan de ser llamativas e, incluso, impactantes, siendo la provincia de Sevilla una de las que más fenomenología ha descrito en los últimos tiempos y que más testigos han hablado sobre ello; testigos que, en muchos casos preservan su identidad al estar aun cumpliendo sus funciones en el interior de los mismos.

El ‘niño de nadie’ del viejo Pabellón Vasco

El Pabellón Vasco, el hoy Hospital Duque del Infantado, es nuestra primera parada, un lugar que siempre tuvo un extraño eco dentro del misterio que sus paredes encierran, se encuentra en la popular zona de Heliópolis, cercano al barrio de El Porvenir y Reina Mercedes, en otros tiempos albergó a pacientes con duras enfermedades y se hizo acreedor de una mala fama por ello.

El personal que en su interior realiza diferentes labores se ha encontrado, en la zona baja del edificio, con un niño espectral, de unos cinco años que deambula sin rumbo o mira fijamente a aquellos que tienen la oportunidad de verlo. Uno de los testigos nos relataba: «Inquieta porque sabes que allí no hay nadie y sobre todo porque cuando uno de nosotros se acerca al lugar para ver si se ha perdido o necesita ayuda el niño de ha ido, ha desaparecido y no hay rastro de él en todo el edificio» y prosigue: «Es como si viviera aquí, es como si fuera parte del edificio, lleva años viéndosele aquí dentro y claro, con la mala fama del edificio sobre todo porque aquí venía mucha gente a morir y ahora el rumor de lo que se ve, aunque oficialmente lo neguemos, pues...

Lo peor es que a veces nos llaman de las habitaciones y nos dicen que hay un niño perdido en los pasillos de la planta y nos describen al mismo niño que nosotros hemos visto tantas veces. Nadie sabe quién es o que quiere, ni si murió aquí o tiene relación con el edificio pero lo vemos y otros muchos lo ven».

Otros dos testigos afirmaban sobre esta aparición: «Allí es un no parar, al niño se le ve en la planta, y cuando una, que está acostumbrada ya a todo lo ve al final del pasillos, tan pequeño y perdido le entran ganas de ir a ayudarlo pero sabemos que no nos debemos de acercar, no es de este mundo...».

Su acompañante, lívido como si lo estuviera viendo, nos comentaba: «Da mucho miedo, sobre todo porque te gustaría ayudarlo, te gustaría ofrecerle algo, no sé, ropa, comida o algo. Se le ve tan mal..., pero desaparece y le tienen miedo, algunos creen que es una parca infantil y ante la puerta que se detiene su enfermo fallece... Es muy muy duro».

Inquietantes fenómenos en el Virgen Macarena

El hospital Virgen Macarena de Sevilla es otros de esos centros hospitalarios que guardan en su interior experiencias que resultan duras de recordar para los testigos. Así dentro del edificio, el personal –no especificaré rama ni área– nos decía acerca de esas experiencias: «En la séptima planta, en una de las habitaciones, donde me disponía a prepararla para que pudiera ocuparla un paciente, de buenas a primera, al entrar en la habitación, me encontré con uno de los sillones –que tienen dichas habitaciones para el descanso de los familiares– levitando, flotando en el aire. Lo que llevaba en las manos hasta se me cayó de las manos».

Otra de las compañeras comenta cómo se encontró, en varias ocasiones, a un niño jugando «cuando en un hospital es muy raro que un niño por los pasillos y mucho menos jugando a la pelota».

Una experiencia inexplicable es la que tuvo otra chica: «Llevé a un paciente que le habían realizado una operación de traqueotomía a una de las habitaciones. A los quince días me encontré a ese paciente en el ascensor y le comenté lo bien que lo veía. Cuando llegué al mostrador lo comenté a los compañeros de haberme encontrado a ese señor y que lo había visto muy bien, pero cuál fue mi sorpresa cuando mis compañeros me dijeron que eso era imposible ya que ese paciente hacia una semana que había fallecido». La chica consultó los fallecimientos y comprobó cómo hacía una semana que el paciente murió.

No es el único caso, otra chica comentaba como la llamaron de UCI para atender a un paciente totalmente sedado. A los quince días ella regresó de unas vacaciones y se encontró al paciente en los pasillos. Lo comentó a sus compañeras que le informaron del óbito y de la imposibilidad de lo que estaba narrando.

De forma directa, igualmente, una persona, médico, que confesaba, en privado, lo que a él le sucedió en el recinto hospitalario: «Eran las dos y algo de la mañana, estábamos en la 7B, en una parte que le decimos Nefre –de nefrología–, en esta zona hay un acceso de puertas cómo las que me has descrito en tu relato y fue ahí donde acompañado por otro médico pudimos ver, tras sortear la puerta una especie de forma negra que se desplazaba por el pasillo flotando a unos centímetros del suelo».

El impacto que causó en los testigos fue brutal, una especie de silueta sombría, de un metro sesenta de estatura que levitaba por el pasillo y que desapareció tras unos segundos de estar a la vista de estas víctimas del misterio. Ambos se miraron y se preguntaron: «¿Tú has visto lo mismo que yo?». Lo interesante es que hablaron de ello con el resto de compañeros y muchos de ellos habían tenido experiencias similares.

Igual de impactado se encontraba nuestro siguiente testigo, amigo y excompañero de trabajo, que una soleada tarde se sentó en mi despacho y me, nervioso, me decía: «Mi mujer ha estado de baja unos meses por un tema médico, trabaja en el Macarena, al regresar al trabajo tras la baja, en el mes de marzo de 2008, iba hacia su planta cuando por la baja se cruzó con un médico, lo saludó como todas las mañanas antes de su baja pero él iba pensativo, a lo suyo y no respondió. Ese detalle le extraño a mi mujer pues siempre ha sido muy atento y educado. Al reencontrarse con sus compañeras los típicos besos y abrazos y pasado un rato comentó la circunstancia a una de ellas, le dijo: ‘Me he cruzado abajo con el doctor y no me ha saludado si quiera’. La amiga le dijo que ‘estás segura que era él’ y ella dijo que sí... Entonces le dijo: ‘¿No te has enterado de lo ha sucedido?’. Pero ella ha estado muy desconectada del trabajo y no sabía nada, así que su amiga le dijo: ‘Murió hace unos meses, es imposible que te hayas cruzado con él’. Pero mi mujer estaba segura y se puso nerviosa, entonces, viendo el panorama, una compañera le dijo que no se pusiera así pues ya eran varias las personas que lo habían visto en el hospital tras su muerte».

Misterio, de otro mundo, en el Policlínico

Cercano al Virgen Macarena se encuentra el Policlínico de Sevilla, que es otro de esos edificios donde quedarse sólo puede depararnos más de una sorpresa... En este caso la impresión se la llevó un vigilante de seguridad en un caso investigado por el sevillano Javier Lobato, así el protagonista le contó cómo él llevaba poco tiempo en la empresa de vigilancia y aquella noche era su primer servicio en aquel edificio. El trabajo consistía en comprobar si dentro quedaban personas para lo cual debía realizar rondas de comprobación por las consultas, revisándolas y verificando que estaban vacías. Una vez revisadas procedía a cerrarlas con llave. El testigo así procedió una a una aunque su experiencia tendría lugar en la tercera planta, en uno de los pasillos en forma de L, largo y que acaba en un giro a la izquierda donde se encuentra otra consulta. Una vez que realizó la ronda por la planta baja y la primera planta subió a la segunda (o tercera si la baja se cuenta como primera) y se sorprendió por el impresionante frío que hacía, aunque no le dio más importancia. Siguió con su rutina y una vez cerradas todas las consultas del pasillo, sólo le quedaba la última puerta, entró y vio que estaba todo normal, cerró la puerta con llave, pero unos 5 o 6 segundos después, al salir de ese punto en forma de L, observó como todas las puertas estaban abiertas de par en par, más de una decena de puertas y todos los extintores en el suelo. El testigo se llevó un gran susto y pensó que era una broma por ser nuevo en el destino, pero era imposible gastar una broma abriendo con llave esa cantidad de puertas y bajar los extintores en tan poco tiempo para salir, finalmente, sin hacer ruido. El trabajador salió corriendo y una vez en el coche se quedó casi estado de shock intentando asimilar lo que había ocurrido. No quiso volver a ese servicio.

En este mismo edificio, en el Policlínico, se han registrado otros sucesos extraños en la zona de laboratorios, pruebas con sondas o rayos X donde hace acto de presencia una misteriosa sombra inexplicable.

Terror en el Vigil de Quiñones

Es de los eternos hospitales de Sevilla que, parece, nunca serán abiertos –al menos por el momento– y su interior sigue reservado a unos pocos que prestan sus servicios en el mismo. Siendo el Vigil de Quiñones una enfermera iba a tener un encuentro que dejaría huella en ella por el resto de su vida: «Estaba en la zona de las enfermeras y se encendió el chivato de una habitación. Mi compañera y yo nos miramos pues en esa habitación no había nadie, por aquel entonces sólo había militares. Fui yo pensando que era un problema del pulsador pero cuando entré me quedé helada. Allí había un hombre, en bata de paciente, mirando por la ventana. Era mayor, de unos 60 años, estaba apoyado en el marco y le dije: ‘¿Qué hace aquí hombre de Dios? ¿En qué habitación está?’ ya que su cara no me sonaba pero podría ser un ingreso de otro turno... En ese momento me miró y se desvaneció. Salí corriendo de la habitación y mi compañera me escuchó llorar. Le expliqué lo que me sucedió y me dijo sólo ‘no se lo cuentes a nadie’, nunca lo olvidaré, aquel paciente era un fantasma».

Miedo en el Valme

Se ha hecho tristemente popular en los últimos meses pero desde hace años de habla de fenómenos insólitos en el interior del mismo y en una extrapresencia que se manifiesta en uno de sus ascensores. Un trabajador nos decía: «En el ascensor de la quinta es en el que suele verse. Si no fuera porque conocemos a todos los compañeros que aquí trabajan podría pasar por uno más de nosotros, pero no, es él, murió hace años de forma trágica y hasta su muerte tuvo algo de misterioso... Es un tema tabú que prefiere no tocarse».

Otra persona confesaba al respecto: «No sé lo que sucede exactamente o la razón, sólo que es muy real. Estaba una noche de guardia y subía a una de las plantas superiores, a la séptima. El ascensor iba solo, solo conmigo dentro. Entonces se paró en la quinta y entró un médico que no había visto jamás. Le di las buenas noches, lógicamente. Por su edad debía de ser un veterano del centro pero no lo conocía. La cosa es que el ascensor no paró más y al llegar a la séptima dije: ‘Aquí me quedo’. Me quedé helado... ¡No había nadie en el ascensor! Una compañera me vio al cabo de unos minutos y me dijo: ‘Chiquillo que mala cara tienes, ¿una noche dura?’ Y le conté lo que me había pasado, entonces ella, tranquila, me dijo: «Es el fantasma de la quinta, ya te acostumbrarás, para unos es una leyenda pero cuando lo ves vaya que si existe...».

Otro suceso inquietante que sucede en el interior del edificio nos lo testimonia una persona que trabaja en el mismo, ellos hablan, igualmente, de un fantasma llamado Carmen que sería la auxiliar de paritorio y que se aparece en un determinado ascensor de los varios que tiene el hospital, ese ascensor es el triste protagonista del incidente que le costó la vida a la joven fallecida. Dos equipos técnicos diferentes han acudido al hospital a inspeccionar la instalación y la conclusión de ambos equipos es que al ascensor no le pasa nada. Que es inexplicable.

Hospitales, lugares donde, por su actividad, hay una gran huella de dolor, de esperanzas, de tragedias... Contenedores de emociones que se comienzan a manifestar y que vienen a decirnos que son lugares encantados. Estos han sido sólo algunos de los muchos testimonios recopilados en cuanto a experiencias vividas en los hospitales sevillanos, sólo algunos pues aún hay más...


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