jueves, 18 julio 2019
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Fotografiando el rostro de Cristo

La Sábana Santa es un lienzo que venera en la ciudad italiana de Turín, mide 4´36 metros de larga por 1´10 metros de ancha, con una superficie total de 4´796 m2 y con un peso aproximado de 1´420 Kg.

14 abr 2019 / 08:41 h - Actualizado: 12 abr 2019 / 19:43 h.
  • Fotografiando el rostro de Cristo

Dentro de la tradición católica se cree que se utilizó como mortaja al cuerpo sin vida de Jesús de Nazaret, de Cristo, una vez que fue desclavado de la cruz y descendido para llevar su cadáver a un cercano sepulcro.

Con las proporciones indicadas la reliquia describe un rectángulo de una sola pieza, sin unión ni dobladillo, debido a su antigüedad presenta una tonalidad amarillenta-grisácea destacando manchas de color rosado.

El sudario muestra la imagen frontal y dorsal de un hombre tal y como si se hubiera colocado sobre una mitad y hubieran pasado el lienzo sobre su cabeza para extenderlo hasta los pies. Su cuerpo está tendido sobre su espalda con las manos cruzadas al frente, la mano izquierda sobre la muñeca derecha y los pies cruzados. Mide en torno a 180 a 182 cm, de unos 80 kg. de peso y unos 35 años de edad.

En función de las características del lienzo no puede afirmarse con seguridad que el hombre del lienzo fuera semita pero sus rasgos son similares a los de un judío de hace dos milenios.

De lo observado en la Sábana Santa podríamos afirmar que es un varón de complexión atlética, más alto de la media de su tiempo, hombros anchos, cabeza alargada, piel clara, cabello ondulado, pelo y barba castaño claro, nariz alargada, labios medios, cejas oscuras y redondeadas, no presenta ninguna anomalía física.

En la tela podemos apreciar pequeños regueros de sangre que han corrido por la frente como si algo hubiera provocado ese daño, y heridas, en la cabeza del ajusticiado cuadrando con un casco espinas que hubiera lacerado esa región.

El rostro presenta lastimaduras y hay marcadas zonas, delantera y trasera del cuerpo, de pequeños coágulos oscuros como los que podrían haber dejado un azotamiento con látigo con castigo de punta de metal o hueso.

Las improntas son de un color sepia, rojo parduzco y herrumbroso con diversas tonalidades e intensidades dependiendo de la zona del cuerpo.

Sería una forma muy aséptica de hacer una descripción del lienzo que vamos a estudiar pormenorizadamente y objeto de ésta obra. Donde no se huirá ni de la Ciencia ni de la Fe, ni de los partidarios ni de los detractores, sólo una visión objetiva de una tela que provoca admiración, inquietud y pasiones.

“Y tomando el cuerpo José lo envolvió en una sábana limpia y lo depositó en su propio sepulcro, nuevo, que había excavado en la peña” (Mateo 27, 59)

La fotografía de Secondo Pía en 1898

La Sábana Santa no pasaba de ser un lienzo curioso que se veneraba y exponía en Turín del que se afirmaba que había sido la mortaja de Cristo. Podías creer o no creer, pero fue en el año 1898 cuando se iba a producir un hecho tan impactante que cambiaría el curso y el concepto de la 'reliquia'.

Como parte de la celebración de la boda del Víctor Manuel III de Saboya con la princesa Elena Petrovich-Niegos, se procedió a una ostensión pública del lienzo desde el 25 de mayo de 1898 hasta el 2 de junio del mismo año. La fotografía aún no alcanzaba unos niveles de profesionalidad y muchos de aquellos pioneros eran sólo aficionados. Uno de aquellos "aficionados" era el abogado turinés Secondo Pía que recibió un permiso especial para realizar una fotografía de la Síndone. El propio Pía relataba como el barón Antonio Manno lo había apoyado para realizar aquella fotografía que de tan buena gana había aceptado el rey Humberto.

Secondo Pía estaba nervioso, la responsabilidad era grande y la debilidad de la imagen le hacía temer que su esfuerzo fuera en vano, para colmo la iluminación era inadecuada y un primer intento resultó infructuoso. Al segundo día, un cristal ubicado delante de la reliquia vino a complicar la tarea ya de por si complicada. Hemos de tener en cuenta que a final del siglo XIX la fotografía se realizaba sobre placas de 50 por 60 centímetros, expuestas 14 y 20 minutos respectivamente con el uso de una lente Voigtlander con dos milímetros de diafragma. Utilizó diferentes filtros coloreados y el revelado fue el habitual que se realizaba las placas. En la soledad del cuarto de revelado el abogado turinés se iba a llevar, aquel 23 de mayo, la sorpresa de su vida. Ante sus ojos comenzó a surgir una imagen serena, firme, muy precisa y clara, era perfecta. La imagen era el "negativo" fotográfico y el teórico negativo que estaba revelando era el positivo. Se comportaba como un "negativo fotográfico" parcial. ¡Era increíble!

Así, la imagen de la Síndone materializa éste curioso fenómeno, siendo el negativo fotográfico el positivo óptico. Es parcial porque hay elementos en la Sábana Santa que no se comportan como tal, por ejemplo la sangre, aunque si es curioso comprobar cómo se ven más claras en el negativo y en el positivo son oscuras con su habitual tono carmesí. Cuando se realiza la inversión de los valores de color, el claroscuro, aparece la impronta precisa del Hombre de la Sábana Santa. ¿Cómo es posible?

Algunos investigadores piensan que para lograr algo así se pudo haber realizado una protofotografía en una cámara oscura pero... ¿Es posible? Es posible pero surgen dudas. El concepto de "cámara oscura" se conocía desde tiempos de los musulmanes, desde el siglo VII d.C. pero de ahí a construir una cámara oscura de casi 5 metros de longitud, fijar la imagen en el lienzo, utilizar un fijador adecuado que no fueran sales de plata, conseguir las condiciones de luz estables, constantes y adecuadas -recordad que el sol se mueve y la luz varía- es poco menos que imposible en nuestro tiempo.

Otra pregunta: ¿Quién? Mucho se ha hablado que algo tan audaz como la Sábana Santa, en caso de ser una falsificación del medievo, sólo podría ser obra de un genio... ¿Quién mejor que Leonardo da Vinci? Es un error, si taxativos son los que señalan la fecha del C-14 y la edad del lienzo igual, hay que serlo para atribuirlo a genio florentino. Además por muy genio que fuera creo que la realización de la Sábana Santa quedaba muy lejos de sus objetivos, no porque yo lo diga sino por algo de más fundamento que mi simple opinión: le faltaba un siglo para nacer. Los amantes del “Código da Vinci” y sus conspiraciones habrán quedado un tanto defraudados pero es la pura verdad.

La fascinante impronta

Realizado tan fantástico descubrimiento sobre la Síndone y esta característica de la imagen -que no será la única-, la impronta comenzó a despertar la fascinación de todos cuantos se acercaban a conocer su misterio. Ahora con el valor añadido de tener dos imágenes bien diferentes, una de ellas en el "positivo", cuya debilidad era evidente, de modo que era apenas perceptible a corta distancia, si bien desde una ubicación más alejada comenzaba a estar más definida, pero haciendo un notable esfuerzo en ocasiones. Incluso en esta particularidad había intereses renovados pues la impronta del cuerpo y las manchas producidas por contacto, sobre todo de la sangre, constituían un misterio..., un misterio que había que desentrañar aun cuando no se lograba entender todavía la mecánica de aquella imagen, su fascinante "impresión" en el lienzo.

La imagen era desconcertante: si a lo que mostraba el lienzo se le encontraba poca explicación, el saber que se comportaba como un negativo fotográfico parcial aún sumaba más misterio.

Y es que los tonos sepias del lienzo, el más oscuro de la impronta y quemaduras en sí o el carmesí de la sangre se transformaban, casi milagrosamente y por efecto de la inversión de los valores fotográficos, en una imagen bien diferente. Se pasaba de tener una imagen difusa y poco distinguible a un cuerpo elegante, con un rostro sereno y bien delimitado, donde se podían apreciar una gran cantidad de detalles, donde el valor de claro-oscuro era radicalmente opuesto. Lo que en la imagen se ve a simple vista como algo claro, sepia, en el negativo se veía más oscuro, esto es lo que se denomina inversión del claroscuro.

Aunque lo habitual es que en una imagen no suceda este tipo de particularidad, lo extraordinario es que precisamente la Síndone la posea. Además, lo normal es que el positivo de una fotografía sea el que nos muestre una mayor cantidad de detalles, una mayor cantidad de datos visuales, y no es el negativo, en el que todo se muestra más brillante y confuso de interpretar. Pero la Síndone es especial, especial por esta característica tan impropia. Así, para contemplar con rigor el cuerpo de la Sábana Santa el modelo idóneo a seguir es, siempre, su teórico negativo pues sólo en él se pueden apreciar en su máxima expresión todas las características de la tortura y muerte que recibió la persona que lo contuvo y que representa.

En la ostensión que se realizó de la Sábana Santa en el año 1931, el fotógrafo Giuseppe Enrie realizó otro juego de fotografías con idéntico resultado al obtenido por Secondo Pía, el lienzo se comportaba tal y como se había descrito.

Crédulos o incrédulos, creyentes o agnósticos, interesados o no en el tema de la Sábana Santa, todos deben reconocer que, al menos, la formación de esta imagen y ésta llamativa característica ya son dignas de conocerlas, pero es que hay más...

El Rostro de la Sábana Santa

Una de las zonas que más captó la atención de los devotos de la Sábana Santa una vez conocido el descubrimiento de Secondo Pía, fue la parte del rostro. Todos los que acudían a ver la Sábana Santa creían que se trataba del lienzo que estuvo en contacto con Jesús de Nazaret en el sepulcro habilitado por José de Arimatea -según cuenta la tradición cristiana- tras su muerte, la Sábana Santa representa un vestigio mudo de la existencia de Jesús, un vestigio histórico irrefutable de su presencia en este mundo hacia el primer tercio de nuestra Era. La Síndone era y es una muestra de crucifixión de una persona con las mismas huellas de la Pasión. Por todo ello, era importante saber cuál era el rostro de su Jesús de Nazaret, aunque sólo fuera a través de un negativo fotográfico con la complejidad de interpretación que ello conlleva.

El rostro de Cristo ha sido largamente idealizado por artistas de todo el mundo en muy diferentes campos del Arte, desde la pintura a la escultura, y todos coinciden en una mayor o menor similitud, porque todos parten del concepto de representación de iconos bizantinos que mostraban a Cristo como un hombre joven, con barba, de morfología hebrea, cabello largo y estatura elevada. Así es como se le representó y así es como se realizaron interpretaciones que, incluso hoy, son llevadas a cabo por parte de imagineros y pintores. Pero... ¿Qué grado de realidad tenían? Era la pregunta correcta a plantearse tras el descubrimiento, pues fue Secondo Pía la primera persona en ver el presunto rostro de Cristo tras casi diecinueve siglos y ahora todos, gracias a ese invento que era la fotografía, no sólo lo podrían contemplar sino también conseguir una copia del mismo.

En la imagen de la Síndone el rostro no es nada claro, aunque si se perciben sus formas, los tonos sepias de la tela pasan a ser oscuros en el negativo y las zonas sanguinolentas se transforman en un revelador blanco brillante. Mientras que la imagen en positivo de la Síndone, el rostro, no despierta en el observador mayor impresión -al muchas veces no interpretar bien lo que débilmente muestra- en el negativo si siente ese pellizco en su interior de la mirada sin vida del Hombre de la Sábana Santa, podríamos decir que, salvando las distancias, es muy viva, muy realista.

Y para añadir una nota más discordante a aquellos que pensaban contrarios a su autenticidad, aquí se encontraban con otro problema: el concepto de negatividad aplicado a un lienzo en pleno medievo no sólo era inimaginable sino que no era factible... Entonces, ¿cómo quedó esa impronta en el lienzo? Ese es el gran misterio de la Sábana Santa.


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