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La sobriedad se llama Cristo de Burgos

Los pasos salieron de San Pedro con la austeridad y eficacia del que intenta ahorrar hasta el más mínimo gesto innecesario

23 mar 2016 / 22:14 h - Actualizado: 24 mar 2016 / 00:38 h.
  • Luz en la noche del sobrio Cristo de Burgos. / Pepo Herrera
    Luz en la noche del sobrio Cristo de Burgos. / Pepo Herrera

La del Cristo de Burgos es de esas hermandades que se afanan en que las cosas cambien lo mínimo, porque se supone que ya se alcanzó un equilibrio que han ido aquilatando los años, de ahí que lo que más guste es repetir la misma estampa año tras año. A esa sensación un poco atemporal en la plaza de San Pedro (siempre que no se mire en dirección a las Setas) ayudaba también este Miércoles Santo el que la cofradía se pusiera en marcha a esa hora que dicen del lubricán, se abrían las puertas del templo cuando se cerraba la tarde.

Y a eso, a abrir las puertas, se procedió con cinco minutos de antelación. La oscuridad del interior de la iglesia San Pedro sólo era rota por la luz de los cirios de los nazarenos que iban saliendo, asomándose a un día que echaba la persiana y empezaba a refrescar lo suyo. Todo ello en un silencio que se contagiaba al gentío congregado ante el templo, que cuando se daba cuenta estaba hablando a susurros porque era lo que (indisimuladamente) pedía el ambiente.

Con sobriedad y eficacia, como intentando ahorrar hasta el más mínimo gesto innecesario, el paso del Cristo de Burgos se ponía en la calle en un abrir y cerrar de ojos. Le recibía el silencio de la plaza, por la que se movió con rapidez y eficacia, sin adornos, centrado en su objetivo de llegar a la Carrera Oficial.

Tras un corto interludio, en el que pudo verse en la comitiva al alcalde de Burgos, Javier Lacalle, acompañado por la primera teniente de alcalde sevillana, Carmen Castreño, el palio embocó y se preparó para una salida que se cuenta entre las más complicadas del Miércoles Santo. Con los costaleros de rodillas, el considerable esfuerzo que hicieron no generó apenas movimiento en un palio cuyos respiraderos no rozaron por milímetros el dintel.

A la Virgen de Madre de Dios de la Palma la recibió la Banda de Tejera con una parsimoniosa interpretación de la ‘Marcha Real’, muy a tono también con lo que reclamaba el ambiente. Había transcurrido poco más de media hora desde la apertura de las puertas y la cofradía estaba al completo en la calle, con el palio enfilando hacia la Encarnación mientras sonaba ‘Nuestra Señora de la Palma’, de Farfán. Y es que hay cosas que no cambian... ni se quiere que cambien.


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