domingo, 22 octubre 2017
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Paraíso prometido en San Pablo

La salida de Montserrat cierra la ‘carrera oficial’ montada desde media tarde en este entorno de la Magdalena para el paso del Cachorro y La O

14 abr 2017 / 23:39 h - Actualizado: 15 abr 2017 / 14:54 h.
  • Salida del paso de palio de la Virgen de Montserrat. / Jesús Barrera
    Salida del paso de palio de la Virgen de Montserrat. / Jesús Barrera

San Pablo era el paraíso prometido de muchos. El Cachorro, La O... y, ya con la caída de la tarde, Montserrat. Lógico que no hubiera manera de llegar a la puerta de la capilla donde Jesús comparte calvario con dos malhechores, como recoge la undécima estación del viacrucis. Había gente sentada en sillas plegables en primera fila, pegados a los soportales y en medio de la plaza de la Magdalena, donde se aprovechaba lo poco que quedaba de luz del día para sacar el tupperware con las torrijas y cumplir con la tradición gastronómica de la tarde del Viernes Santo. «¡Venga, coge una que es lo que pega hoy!», animaba una señora a sus dos amigas y compañeras de espera.

Las tres cruces del primer paso ofrecían un irresistible contraluz que era captado una y otra vez por los móviles que se alzaban sobre las cabezas. Algunos con mayor o menor pulso y, por tanto, con mayor o menor nitidez recogían la silueta de este impresionante crucificado de Juan de Mesa que está a punto de cumplir 400 años y que se mostraba con potencias de oro.

Su diálogo con San Dimas –«Yo te aseguro: hoy estarás conmigo en el Paraíso»– se podía hacer extensible a quienes gozaban con las interpretaciones musicales de la banda de cornetas y tambores del Cristo de las Tres Caídas de Triana. La formación volvía a desfilar por la Carrera Oficial solo unas horas después de haberlo hecho con el vecino más antiguo de la calle Pureza.

Entre las novedades de este año se encontraba también la restauración de Santa María Magdalena, una imagen que va arrodillada en la delantera de este misterio. Los trabajos los ha realizado magistralmente la hermana Rocío Sáez Millán.

No hubo que esperar mucho para extasiarse con el palio de la Moreneta más sevillana. El palio de bordados románticos trajo consigo la noche a la zona de San Pablo. Cada vez se hacía mayor la capa de cera sobre el adoquinado de la calle. Era la señal de que la Semana Santa enfilaba sus últimos días. La banda de música del Maestro Tejera ponía las notas justas al llanto de la Madre y Señora de Montserrat. Aún quedaba un regreso de ensueño por Castelar y Molviedro con la madrugada como mejor aliada.


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