lunes, 24 septiembre 2018
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Haciendo lío

Hoy me dio por pensar

30 jun 2018 / 23:30 h - Actualizado: 30 jun 2018 / 23:30 h.

Hace unos meses les contaba la historia de Manuela. Ella era una señora del Tiro de Línea que confiaba sus amaneceres a las manos amarradas de su Señor y al dulce sollozo de la Virgen de las Mercedes. Esta semana Manuela se ha marchado para ocupar su sitio en esa corte celestial de ángeles de pelo de plata que escoltan a su Cautivo. Ese Dios al que tantas veces le pidió por su familia y que ahora ha soltado de sus muñecas la soga que las apretaban para ofrecerle un abrazo eterno de paz y misericordia. A ella hace ya tiempo que le fallaban las piernas. ¡Cómo añoraba esos años en los que podía caminar tras Él y acompañarlo en la misión evangelizadora de cada Lunes Santo! Pero aquello ya pasó y desde ahora tendrá la fortuna de estar junto a Él, en su bendita compañía, para el resto de la vida.

Manuela vivió sus últimos años en casa, recordando lo feliz que fue, lo feliz que era ahora junto a una familia que tanto la quería y que estos días llora su pérdida. Amaba a Sevilla y sus tradiciones. Las añoraba pero las sentía cerca. En esta etapa final lo único que la hacía sentirse cerca de su pasado, de esas calles vividas con intensidad cuando joven, era la televisión. Esa que algunos llaman caja tonta pero que es el remedio a la soledad de quienes no tienen más compañía que la sonrisa del que les saluda tras la cámara. Manuela estaba al tanto de lo que pasaba en su ciudad gracias a El Correo Televisión. Solo tenía que encender la tele para volar a los lugares hermosos de sus recuerdos. Solo tenía que pulsar un botón para que sus ojos vieran lo que imaginaba su mente. Su familia cuenta que era sumamente feliz cuando llegaba Semana Santa. Entonces, desde el privilegiado palco de su butaca podía ver cómo su Cautivo y su Virgen de las Mercedes paseaban por Sevilla el Lunes Santo, cómo la ciudad confesaba su amor por dos imágenes que ella conocía de sobra y lo sabían todo de ella.

Y uno piensa ahora lo poco que cuesta hacer feliz a la gente que lleva toda su vida haciendo feliz a los demás. Nuestros mayores lo merecen. Como también los que están en los hospitales, a miles de kilómetros o no son capaces de cruzar la barrera psicológica del dintel de su casa. Solo por estas cosas ya merece la pena que El Correo Televisión siga vivo, que nadie lo apague, que nadie le robe a tantas y tantas personas la única ventana abierta que les queda hacia una realidad tan cercana pero a la vez tan lejos de alcanzar. Manuela fue muy feliz gracias a El Correo Televisión. Y como ella, otras muchas personas anónimas que sonríen cada vez que esta casa les enseña las cosas de Sevilla. Hoy me dio por pensar en ellas. Por preguntarme para qué sirve esta tele. Y me di cuenta que por encima de un medio de comunicación, esta casa se ha convertido en el salvoconducto para quienes ven en ella un motivo para ser felices.


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