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Y El Pali se reencarnó en Pepón

Un palaciego, «modelo redondo» para el monumento al cantaor 30 años después de su muerte

12 nov 2017 / 22:10 h - Actualizado: 12 nov 2017 / 22:54 h.
  • Luis Miguel Murube, ‘El Pepón’, vecino de Los Palacios, posa en una calle de dicha localidad con las gafas de El Pali. / Álvaro Romero
    Luis Miguel Murube, ‘El Pepón’, vecino de Los Palacios, posa en una calle de dicha localidad con las gafas de El Pali. / Álvaro Romero

Después de que por fin se aprobara en el pleno del Ayuntamiento sevillano erigir un monumento a Francisco Palacios El Pali, el singular trovador sevillano (1928-1988) que conjugó como nadie la idiosincrasia de la Sevilla popular en su particular estilo de cantar las sevillanas, consiguiendo auténticas estampas costumbristas en su voz inconfundible, el escultor que va a hacer su estatua en la plaza Indalecio Prieto, Jesús Méndez Lastrucci –a la sazón nieto del célebre imaginero–, ha encontrado «un modelo redondo y vivo» en el que inspirarse: el palaciego Luis Miguel Murube, más conocido en su pueblo como El Pepón, que acaba de cumplir precisamente los 60 años con que murió su admirado Pali. Pero no se trata de un modelo cualquiera, porque las concomitancias entre Pali y Pepón tienen su historia, su miga y su gracia.

«Cuando lo vi hace unos meses empernacado en su silla al revés, con su camisa blanca y sus gafas de aumento dedicándome unas sevillanas palistas por mi abuelo, me pudo», confiesa ahora el escultor. El Pepón llevaba cuarenta años imitando a El Pali, en su pueblo y en cuantos saraos se terciaban. Y como El Pali, El Pepón ha trabajado en otras mil cosas, aunque viviera para y por las sevillanas. «Yo conocí a Paco en su casa, en 1975, cuando me coloqué en Sevilla de electricista», recuerda. «Me senté muchas veces con él a charlar, y era una persona con un conocimiento profundo de su ciudad sin haber pisado la Universidad». Era la época, por cierto, en que Luis Miguel integraba el grupo de sevillanas Voces de las Marismas, «con el que íbamos diariamente en un taxi a Puerto Banús para cantar en un tablao y traernos cuarenta mil pesetas». Luego se colocó en la notaría de su pueblo, de auxiliar. «Yo no tenía estudios, pero llamé al notario cuando me enteré de que iba a venir y le dije que conocía mi pueblo como nadie», recuerda 33 años después.

Pero el día que lo descubrió Jesús Méndez Lastrucci, este verano, el Pepón hacía la Ruta Palista de la asociación cultural El Pali: ayer, hoy y siempre –liderada por su sobrino, José Antonio Palacios– y que se ha convertido en una sagrada peregrinación por los sitios emblemáticos que frecuentaba aquel cantaor que no tenía empacho en hacer sus cantes por soleares de Triana, «la niña que tuvo Sevilla»; el mismo que grabó 20 discos y que acabó convertido en mito. «Estábamos en la casa hermandad de La Hiniesta y me dio por hacer unos cantecitos», recuerda Luis Miguel, que el próximo día 18 participará en la I Jornada de Convivencia para conmemorar justamente el hermanamiento entre la asociación palista y la cofradía. «Y yo tuve claro que él era el hombre que estaba buscando», reconoce el escultor.

La asociación que lleva el nombre del cantaor, cuya próxima ruta palista se organizará en barco, entre Sevilla y Sanlúcar («su otra casa», dice El Pepón), va a convocar un concurso de sevillanas palistas cuyo trofeo será precisamente la misma estatuilla, a pequeña escala, que inspire la figura física de Luis Miguel Murube para la estatua principal. «Ya en esa estatuilla podré concentrar todo lo que quiero expresar de El Pali», adelanta Jesús Méndez Lastrucci, «y creo que contar con Luis Miguel en persona me va a servir de mucho».

Luis Miguel Murube, El Pepón, acaba de escribirle una carta al Ayuntamiento de su pueblo, gobernado por Juan Manuel Valle (IU), para sugerirle que «en nuestro pueblo se nombre una calle con el nombre de El Pali», ahora que se cumplen 30 años de su fallecimiento, que Sevilla le va a erigir su monumento y que muchos otros pueblos se han adelantado al reconocimiento. «Aquí a Los Palacios lo traje yo muchas veces, y cuando salió la primera vez nuestra Hermandad de El Rocío, él vino en la comitiva y cantó gratis en cada una de las paradas antes de salir del pueblo», recuerda. ~

Al contrario de lo que muchos puedan pensar, a El Pali no lo bautizaron así por su apellido, Palacios –el nombre del pueblo del que sale ahora el modelo para su homenaje–, sino porque «estaba como un palillo de delgado», dice Luis Miguel, y añade: «Como yo, que era otro palillo, un canijo». Sin embargo, curiosamente el mote de Luis Miguel –que ya es orondo como El Pali– le viene de su abuelo, que no solo estaba gordo «como una muñeca pepona, muy vistoso», sino que dio nombre a un manchón de su propiedad que, con el tiempo, habría de nombrar a un conocido barrio de Los Palacios y Villafranca: el Manchón de la Pepona. El Pali, que practicó el ciclismo y el fútbol, era tan palillo, de hecho, que en su juventud representó a Sevilla durante tres años consecutivos en el Campeonato de España de Atletismo.


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