miércoles, 07 diciembre 2016
11:47
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Educación

El chino traza su futuro en la escuela sevillana

La directora del colegio Ortiz de Zúñiga, que cumple su tercer curso con un Aula Confucio, pide tiempo para saber «si esto ha sido una experiencia fructífera»

  • El chino traza su futuro en la escuela sevillana
    Flora, Ling Huagian en su idioma, se dirige a la clase de chino de quinto de Primaria del colegio Ortiz de Zúñiga. / José Luis Montero
  • El chino traza su futuro en la escuela sevillana
    Una de las alumnas consulta su libro de texto durante la clase. / José Luis Montero

«Los niños son muy simpáticos y muy curiosos. Preguntan mucho. Allí no son así». La que habla es Almudena; los niños, los alumnos de chino del Colegio de Enseñanza Infantil y Primaria Ortiz de Zúñiga ; y allí es China, país de origen de la profesora, que hasta que su profesor de español la rebautizó respondía por Liang Miaomiao.

El Ortiz de Zúñiga es el único centro público de Sevilla en el que se imparte lengua, arte y cultura chinas como asignatura en Primaria. Y Almudena, que puso un pie en España por primera vez hace un mes pero se defiende con el castellano, es una de las profesoras. Otra es Flora, Ling Huagian en su país, que también imparte clases en Secundaria en el cercano instituto Beatriz de Suabia.

De manera que los niños preguntan mucho, «una pregunta, y otra pregunta, y otra», reitera Almudena, sorprendida. Mientras, en clase de Flora, en quinto, los alumnos cantan el alfabeto chino, o su transcripción fonética, en un recurso mnemotécnico común a la enseñanza de cualquier idioma.

¿Saben decir algo en chino? «Claro, nin hao, wo jiao...». Hablan todos a la vez, y en los puntos suspensivos cada uno coloca su nombre, porque lo que acaban de decir es «cómo estás, mi nombre es», pongamos, Javi. Un saludo estándar.

Explica Almudena que los niños «tienen muy buena pronunciación». La escritura es otra cosa. «Lo más difícil son los trazos», aclara, y no sorprende el hecho de que los niños, al principio, piensen en las grafías chinas como simples garabatos. «Pero no son dibujos», corrige la clase al recién llegado, porque ellos ya pasaron por ahí.

Lo cierto es que en esta y en el resto de aulas Confucio no se enseña sólo el idioma chino, sino la cultura y el arte de un país del que la mayoría de alumnos saben poco. Almudena es rotunda: «No conocen nada. De Japón sí».

El choque cultural es de doble dirección, porque si los alumnos descubren un país y una cultura enormes e interesantes, las profesoras sortean como pueden su adaptación a Sevilla. Almudena lleva regular «los horarios de las tiendas y de las comidas. Allí las dos es muy tarde para comer y aquí...», sonríe, y confirma que el hambre la ataca a media mañana, cuando lleva toda su vida comiendo. Y apunta otro pequeño problema: el acento sevillano, que se le resiste.

Los niños tienen claro que el chino no sólo les gusta, sino que tiene sentido continuar trabajándolo en el futuro, parte de ellos en el cercano IES Beatriz de Suabia, que desde este curso oferta también chino como enseñanza curricular. Y ya se buscan la vida para practicar. «Yo en una web», apunta uno. «Yo en la tienda de al lado de casa», dice otra.

Queda por conocer la versión de la dirección del centro. «Es una experiencia que está empezando a andar. Llevamos tres cursos y estamos encontrando muchos problemas. Tendrán que pasar años para ver si esto ha sido una experiencia fructífera», explica Ana María Castaño, directora del centro.

Habla luego de «satisfacción» de los padres, y del hecho de que «los niños creemos que están aprendiendo chino». Pero tiene mucho que decir sobre cuestiones «logísticas, que una sola no supone nada, pero que todas juntas van acumulándose». Por ejemplo, la llegada de las profesoras, que este curso aparecieron a tiempo por primera vez. O la inexistencia de una regulación normativa de la enseñanza de la lengua china. Las docentes «vienen con un desconocimiento importante del sistema español, también a nivel metodológico». Por no hablar de la ausencia de legislación del currículo. «Este año las hemos obligado a que hagan una programación oficial, pero es una decisión unilateral, nuestra», aclara Castaño.

En lo referente a dotación, este ha sido el primer curso en el que el centro ha recibido libros. «De dotación económica no hemos recibido nada: cero euros. Es un proyecto que no depende directamente de la Consejería, sino del Ministerio de Educación chino. A las profesoras les paga el instituto Hanban y la Consejería no tiene ningún coste adicional. Todo eso complica más las cosas». Y en esas andan. Con ilusión y desajustes, como en tantos proyectos nuevos.


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