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«El rumbo ya se cambió: Sevilla era un barco que navegaba hacia ninguna parte»

De sus primeros 100 días como regidor presume sobre todo de diálogo y de medidas sociales. Mesurado en las formas, reitera que estar en minoría no le obliga a pagar peajes

27 sep 2015 / 10:02 h - Actualizado: 27 sep 2015 / 19:57 h.
  • Juan Espadas asegura que el diálogo con la oposición es permanente. «Tienen mi móvil y el de mis concejales», destaca. / Pepo Herrera
    Juan Espadas asegura que el diálogo con la oposición es permanente. «Tienen mi móvil y el de mis concejales», destaca. / Pepo Herrera
  • «El rumbo ya se cambió: Sevilla era un barco que navegaba hacia ninguna parte»
  • El alcalde insiste en que Sevilla tiene que «salir del conformismo y encontrar alianzas», de ahí su apuesta por el eje con Málaga. / Pepo Herrera
    El alcalde insiste en que Sevilla tiene que «salir del conformismo y encontrar alianzas», de ahí su apuesta por el eje con Málaga. / Pepo Herrera

Desde que llegó a la Alcaldía, la vida de Juan Espadas gira en torno a una mesa de negociación. Ha hecho del diálogo su mantra y lo aplica hasta la extenuación. La fuerza le obliga, con un gobierno con 11 ediles frente a los 20 de la oposición. «Dato no menor», remarca. Tanto que la entrevista, realizada el miércoles, se retrasó por una reunión, de más de tres horas, preparatoria de un Pleno que duró otras 11. Pasados 100 días, pide más tiempo en su anhelo de cambiar Sevilla en los próximos cuatro años.

Cuando llegó a la Alcaldía, llevaba una agenda prevista. ¿Lo que se ha encontrado lo distancia de sus objetivos?

—No es un problema de cómo te encuentras el Ayuntamiento sino que estás en medio de un ejercicio y los proyectos o suponen un cambio de rumbo y tienes que construirlos o hay que escuchar a la ciudadanía. Una base del proyecto se sustenta en contar con la gente y para eso se necesita tiempo. Los tres primeros meses hemos incorporado a personas externas en la toma de decisiones. No es cuestión de decir lo que vengo a hacer y ejecutarlo. Esto es un gobierno a cuatro años y no tengo ningún agobio por que los proyectos se ejecuten antes de tiempo. Sí eran importante las prioridades sociales y eso se ha hecho en 100 días.

Habla mucho de un cambio en Sevilla, ¿qué ha podido cambiar en esos 100 días?

—En 100 días no se cambia la ciudad, pero sí su posicionamiento, el rumbo, que ya se cambió. Sevilla era un barco que navegaba hacia ninguna parte, sin cuaderno de bitácora. ¿Cuál era el proyecto de Sevilla para los próximos 10 años? Yo tengo un proyecto que pasa por agitar la economía de la ciudad, sacarle partido a la materia prima y salir de ese mirarnos el ombligo. Promocionar Sevilla donde haya capacidad para atraer inversores, turismo y productos atractivos. Salir del conformismo y encontrar alianzas. Esa es la idea cuando salgo a hablar con Málaga y otras capitales o me reúno con alcaldes metropolitanos para empezar a pintar proyectos europeos. Eso no se había hecho jamás.

En campaña insistió en que no quería dejar proyectos que fueran un símbolo como gobiernos anteriores.

—Hablaba de una obra con gran inversión. Otra cosa son proyectos considerados emblemáticos y que si lo hacemos bien serán referencia.

En estos tres meses, se ha embarcado en proyectos como las Atarazanas, la Gavidia o la Fábrica de Artillería. Todos ellos son proyectos enquistados, ¿no le asusta recoger ese testigo?

—No. Son proyectos que no admiten más demora. Los anteriores gobiernos, salvo el paréntesis del gobierno del PP que no ha tenido ninguna actuación destacable, tomaban decisiones bajo un marco radicalmente diferente. Con la ley Montoro, las transformaciones vividas en la ciudad y las apuestas fuertes en términos de endeudamiento no se habrían producido. Con esta ley no habrá ayuntamientos que hagan grandes cosas. Pero eso no está reñido con la capacidad de gestión, de priorizar y de concitar financiación externa, unas veces pública, con fondos europeos, otras veces de otras administraciones que no tienen el sostén tan duro y férreo de la administración local y otras de la colaboración público-privada.

Antes ha hablado más de prioridades sociales, ¿en qué lo fundamenta?

—Estamos en un gobierno que, ahora sí, entiende que lo primero son las personas. Hemos gestionado más de mil ayudas a familias y generado un protocolo de atención a los desahucios que ha sido capaz de actuar antes en 20 casos hasta esta semana, con una situación en la que nadie informó a los servicios sociales. Y también se evitó. Estamos articulando un protocolo con Emasesa y servicios sociales para que las familias con más dificultades no tengan problemas de suministros. Estamos haciendo lo urgente, así como cuestiones básicas en lo social, como la participación. Para mí constituir la Mesa de Movilidad es primordial. El PP llegó en 2011, derogó el Plan Centro y no preguntó a nadie. Yo hablé de suprimir la zona azul y en Bami sé que me tengo que sentar a hablar. No hay que perder de vista que se gestiona con 11 concejales lo que antes hacían 20.

¿Cuál es el peaje de gobernar con solo 11 concejales?

—No hay peaje. Es la situación que habíamos buscado para garantizar un gobierno homogéneo, con un proyecto claro y coherente que es el programa electoral más los acuerdos alcanzados con dos fuerzas [Participa e IU] a las que agradezco su respaldo. Esos acuerdos, que se cumplirán punto por punto, son los que añaden al proyecto socialista el componente de respaldo de otras fuerzas de izquierda. Estoy gobernando con la serenidad y la estabilidad de alguien que tiene las ideas claras de lo que tiene que hacer en Sevilla y además creo que con bastante respeto y respaldo, dentro de la lógica labor de oposición.

¿Le molestó que Participa no le avisara del desahucio de la calle Macasta?

—No. Participa e IU en estos meses nos han ido planteando casos de familias y colectivos con dificultades. Nuestra labor ha sido explicar lo que estamos haciendo en cada momento. Este gobierno se ha sentado muchas veces con estos dos grupos, que son los que han mostrado mayor interés en asuntos sociales. Otra cosa es que nos pidieran ser más rápidos o resolver saltándonos la legalidad. Eso no lo podemos hacer. El hecho puntual de esta semana, de convocar a los medios antes de darnos la información, sólo sirve para pedir que no sea así. Tienen mi móvil y el de mis concejales. Cuando hay un problema así, primero está el ciudadano y luego la estrategia política. Si después dice que la autoría es suya, lo respetaré.

¿No le preocupa un cambio de actitud en la oposición?

—El Ayuntamiento de Sevilla es un ejemplo de estabilidad y diálogo gobierno-oposición. Cuando estuve en la asamblea de la Federación Española de Municipios y Provincias, me alegré de representar a un Ayuntamiento con un gobierno que gobierna y una oposición que hace su trabajo pero respeta que las cosas salgan adelante.

¿Cree que Participa o Ciudadanos mostrarán cartas diferentes tras las elecciones catalanas y generales?

—No creo, por lo que voy conociendo a las personas. El resto de grupos, salvo el PP, tiene personas nuevas al frente y tienen la inmadurez que tuve hace cuatro años de moverse en la vida local. Antes creía que las cosas se solucionaban antes y luego me he ido dando cuenta de que no es así. Este Ayuntamiento tiene mucho que agilizar en burocracia. El escenario político cambiará en enero. IU se tiene que definir si va a ser una fuerza política autónoma o no. Ciudadanos también tiene que clarificar su posición y tiene que empezar a plantear, a mi juicio, acciones claras. Aún le queda mucho barrio por patear. De Participa espero que resuelva sus cuestiones internas, aunque nos han ayudado a priorizar asuntos necesarios.

La oposición sí le ha exigido más concreción en iniciativas y menos globos sonda.

—La oposición dice lo lógico que dice la oposición. Vamos a ir acelerando las medidas, porque hemos colocado los cimientos que van a cambiar la ciudad en cuatro años. En los próximos meses veremos si la oposición se pone a remar con nosotros o se queda sin discurso. Lo que reclama la oposición es justo lo que está haciendo mi gobierno.

Le invitamos a un juego de concreción: ¿cómo está el proyecto de Sevilla Park?

—Tramitándose, a la espera de un informe de seguridad. Es un informe técnico vinculante necesario para saber si seguir con la tramitación.

¿La Ciudad de la Justicia cabe en Los Gordales?

—Eso está terminando de ultimar Urbanismo para sentarnos con la Consejería de Justicia y decidir si el proyecto es compatible con la Feria. Si es así, después debe haber un acuerdo con los propietarios del suelo, a través de una junta de compensación, en la que todos estemos de acuerdo.

¿Cómo puede abrir la posibilidad de tirar la comisaría de la Gavidia cuando no hay aún informe sobre la mesa?

—No he dicho que haya la posibilidad. Solo anuncié que había encargado un informe por un elemento relevante: desde hace unos días se puede enajenar la Gavidia. Si saco un producto al mercado, lo lógico es tener un informe del inmueble sobre si tiene o no patologías estructurales. He hablado con varios arquitectos de prestigio y algunos me dicen que creen que no. Mejor encargo un informe y quedarnos tranquilos. Si está en perfecto estado lo pongo en el mercado y el que venga aquí lo tiene que rehabilitar como marca el PGOU.

Volviendo a la oposición, el que más margen le da es Zoido. No hablará hasta conocer sus presupuestos.

—No puede hacer otra cosa por responsabilidad y conocimiento. Él mejor que nadie sabe las dificultades que tiene gobernar esta ciudad. Ha sido alcalde cuatro años y sabe que algunas cosas que intento resolver son las que él no ha gestionado bien. Dicho de otro modo: los presupuestos y las ordenanzas fiscales son fundamentales para saber hacia dónde va un gobierno. Zoido dice que cuando vea el presupuesto de Espadas verá si está más o menos conforme. Estoy de acuerdo y agradezco que Zoido sea una persona seria, no haga una crítica en el vacío y espere.

Aunque ya haya matizado sus declaraciones, ¿subirá el IBI de 2016 a los comercios?

—Falso. Nunca he dicho que fuese a subir el IBI a los comercios, eso se lo inventó alguien. Dije textualmente que se iba a congelar el IBI residencial a todas las familias y que en este caso la ley nos da un margen para subir y contrarrestar la bajada de ingresos por las trasferencias del Estado, que será de seis millones de euros. La ley permite que el 10 por ciento de los valores catastrales más altos, de inmuebles no residenciales, puedan tener un tipo impositivo mayor. Los llamados grandes contribuyentes que tienen grandes superficies. En ningún caso afectará al pequeño y mediano comercio. Es una posibilidad que nos da la ley y estamos barajando, para contrarrestar la bajada de ingresos que el Gobierno de Rajoy nos ha impuesto a Sevilla.

El año pasado, en la oposición, presentó una treintena de alegaciones, como bonificaciones a familias sin recursos, polígonos, zona azul y rebaja de precios en el IMD, ¿cuánto de eso se plasmará en las ordenanzas?

—Se ha planteado un plan específico de incentivos sociales a las familias con menos recursos, de forma que se puedan bonificar según las circunstancias. También se plantea la supresión, de verdad y no de boquilla, de la tasa de basura de negocios que no tengan actividad o la bonificación en el IBI a VPO. Bonificaciones que aparecen en el programa electoral.

Pero ¿se aplicarán en las ordenanzas de 2016?

—Por supuesto. Las estamos redactando y las presentaremos en los próximos días. Para eso está el programa electoral, para cumplirlo desde el primer año. También incorporará las medidas de incentivos para empresas que generen empleo y que no puso en práctica el anterior gobierno. Es un estímulo a las empresas, que conseguirán un crédito por crear empleo y eso les otorga una rebaja fiscal para el año siguiente.

Con las ordenanzas fiscales previstas, ¿qué pueden dar los presupuestos? Ya sabe, la teoría de la manta...

—El Ayuntamiento primero tiene que garantizar el equilibrio y la suficiencia financiera. Por eso explico que vienen menos recursos del Estado a pesar de que se recupera actividad económica, algo con lo que no estoy de acuerdo. Ante esta situación tengo que plantear un incremento de ingresos, y cuando se decida el presupuesto hay que tener claro en qué priorizamos, que será en todo lo que genere empleo y active políticas sociales para las familias con necesidades.

El cambio de rumbo se ha escenificado también en la relación del Ayuntamiento con la administración autonómica. Dice Zoido que Sevilla se ha convertido en una sucursal de la Junta.

—Eso no es más que un eslogan, que no define más que a quien lo utiliza. Frente a la estrategia de confrontación está la de cooperación y no subordinación. Esto significa ser capaz de defender los intereses de uno u otro pero de forma que siempre gane el interés general. Poner encima de la mesa soluciones a los problemas y no más problemas. El PP prefirió hablar de que la Junta no apoyaba a la ciudad como estrategia política y electoral antes que llegar a acuerdos trabajados.

¿Cree que hubiera tumbado Patrimonio el puente en Torneo si lo hubiera propuesto su gobierno?

—No hubiera propuesto nunca el puente porque no soluciona el problema de movilidad en la Cartuja. Esto no es una cuestión de yo propongo algo y en función del partido sale. Para decir ‘no’ tiene que haber informes de funcionarios que con su firma avalan lo que dicen. Es poco respetuoso con ellos y con la legalidad vigente decir que estas cosas salen o no salen en función del color político.

¿Le contenta que el Estado haya aceptado la enmienda del PP para el Cercanías en Cartuja en los Presupuestos del Estado? No ha tenido que ir con Zoido a Madrid a pedir estos fondos.

—Fíjense si llevaba razón que no ha hecho falta. Zoido, como miembro del PP, se ha postulado para que existieran partidas. Bienvenidas sean. Llevo tres años con la misma enmienda y me la tumbaban siempre. Si ahora se la admiten no seré yo quien me queje. Sevilla es la beneficiada.

Hace poco citó el Cercanías como solución para aliviar el tráfico en Puerta Triana. ¿No se está haciendo de rogar el plan de movilidad ante la inminente puesta en marcha de la Torre Pelli?

—En la Cartuja hay que hacer una estrategia de movilidad completa. Torre Pelli es un elemento importante y en las próximas semanas vamos a plantear una ordenación del tráfico en ese espacio. Pero no es de aplicación inmediata ni urgente porque no ha entrado en servicio la torre y el parking dista mucho de estar a pleno rendimiento. Los bajos niveles de saturación no nos obligan a tomar medidas drásticas. La propuesta demostrará que la solución no pasaba por el puente sino por la reordenación del tráfico, el Cercanías enlazado con Blas Infante y un incremento de las líneas de Tussam.

Vámonos al Centro: ¿tiene en mente las calles que serán micropeatonalizadas?

—Estamos abiertos a que en las juntas municipales de distrito los vecinos nos planteen propuestas de micropeatonalización en barrios o en zonas de conexión entre centros educativos, centros de salud o instalaciones deportivas. En la peatonalización iremos de abajo a arriba.

¿Rescatará el Plan Centro?

—Habrá un plan de movilidad para el Casco Antiguo. Para eso hemos constituido la Mesa de Movilidad. Ahí analizaremos desde la zona azul a autobuses de tránsito rápido o la propuesta de ordenación de la Torre Pelli.

—¿Cuál es el plan verde de Juan Espadas?

—En primer lugar quiero firmar un convenio con la Universidad, se lo he planteado a la Facultad de Biología. Quiero que analicemos el estado de ese arbolado y las especies por las que se está apostando en la ciudad. Hacer una revisión completa e intentar evitar cosas como las que se han hecho con determinadas obras públicas.

—¿Se refiere a lo ocurrido en Almirante Lobo?

—Ese no ha sido precisamente un buen ejemplo a imitar. No voy a negar que me gustaría ver zonas mucho más verdes, con fuentes y agua.

—Concluimos con que es posible que en cuatro años Sevilla tenga más árboles...

—Espero que estemos mejor. En calidad de masa de arbolado y en la elección de especies allá donde haya que plantar nuevas. Vamos a tener una oportunidad en Plaza de Armas, con el nuevo espacio junto a Mercadona. Le hice hincapié a Urbanismo y a la empresa de que se esmeren con el tratamiento verde. Pero igual de importante es darle un empujón a los parques. Ha habido una pésima gestión en grandes parques como Amate, el Jardín Americano o incluso el parque de María Luisa.

—Y contra la botellona y la movida en el Centro, ¿cómo conciliará el ocio nocturno y el derecho al descanso?

—Con alternativas. Sentándome con jóvenes y los establecimientos de hostelería poniendo sobre la mesa emplazamientos en otros puntos. Hay que acordar una iniciativa atractiva para quien quiera utilizar esos espacios de una manera no agresiva para el derecho al descanso de los vecinos. Es difícil, pero hay que sentarse a hablar de ello. Yo pretendo hacerlo y buscar puntos de encuentro.

PALABRAS PARA MIL PROYECTOS

En el pasado mes de junio, Juan Espadas se sentaba por primera vez en el despacho que ahora ocupa y en el que atendía esta semana a los periodistas de El Correo de Andalucía con decenas de ideas agolpadas en una mente que ya pensaba como la de un alcalde. Han ido transcurriendo las semanas, y el regidor parece no controlar aún la locuacidad propia de quien explica un proyecto hasta que el proyecto comienza a ejecutarse. En la charla, es cercano en las formas y en los gestos. Favorece el contacto físico, posando la mano sobre el brazo de quien le escucha cuando quiere reforzar una idea. No esquiva la mirada. No se relaja con el asentimiento, de la misma manera que no se inquieta con la densidad del silencio, mientras se toman notas. No hay concisión en sus respuestas, porque todavía tiene mucho que explicar antes de poder demostrar con hechos sus intenciones. Reitera que se ha ocupado de lo urgente, pero su modelo de ciudad aún no es más que una suerte de discurso de buhonero que canta las excelencias de un remedio que lleva su propio apellido asociado al cargo: Alcalde Espadas. Si cumple con sus intenciones, será el propio tiempo quien corrija la incontención dialéctica. Bastará entonces un gesto, el de señalar un proyecto finalizado, para responder a las preguntas. Mientras tanto, tal vez le merezca la pena racionar las palabras, para que su discurso no pueda confundirse con el de un charlatán de carromato.


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