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«España ha de optar entre el original y lo novedoso, no entre viejo y nuevo»

La escritora Carmen Camacho García dejó empleos en el sector público en Madrid y en Sevilla para hacer de su vida un torbellino diario de experiencias literarias a la carta con las que ganarse el pan y la empatía dentro y fuera de España. Triana es su hogar y Youtube su mayor altavoz.

04 jun 2016 / 20:04 h - Actualizado: 04 jun 2016 / 20:18 h.
  • La escritora jiennense Carmen Camacho, en su domicilio, en el barrio de Triana. / JOSÉ LUIS MONTERO
    La escritora jiennense Carmen Camacho, en su domicilio, en el barrio de Triana. / JOSÉ LUIS MONTERO

En el panorama cultural sevillano está subiendo muchos enteros. Vivir por y para las Letras en el siglo XXI se le parece mucho a su polivalencia y prodigalidad: poeta, articulista, antóloga, crítica literaria, conferenciante, recitadora, artífice de talleres de escritura para grupos de aficionados, de seminarios para profesores o estudiantes de Primaria y Secundaria, creadora de espectáculos de poesía teatralizada, de poesía bailada,... En su web personal, Carmen Camacho dice de sí misma que “vivescribe en Sevilla, a su aire”. El suyo es aire fresco, hace de la palabra itinerante su pasión y su reputación. Hace escasas fechas se ha editado su segundo libro de aforismos, Zona franca (Editorial Cuadernos del Vigía). Ha acuñado la palabra minimás para definir su estilo de prosa poética en dicho género.

Carmen Camacho, 40 primaveras, nació en Alcaudete (Jaén). Infancia de pueblo y de campo. “Mi madre con su estatus de ama de casa, mi padre es catador de aceite, y de él me fascina una cualidad suya: zahorí. No se dedica a ello profesionalmente, pero tiene la capacidad de señalar en los campos dónde hay agua. Y ese vínculo tan fuerte con la tierra, casi telúrico, siempre me ha interesado mucho y ha abonado mi poesía”.

-¿Dónde nace en usted la Literatura, cuáles son sus raíces?

-La tradición oral. Soy una niña a la antigua. Me gustaba jugar con las palabras, las retahílas, las canciones de corro... Mi abuela materna cantiñeaba romances y recitaba. En mi familia paterna hay magníficos contadores de historias. Ellos no le dan importancia a esa cualidad. Y, entre unos y otros, mis primeras referencias literarias no son la lectura, sino lo oral. Desde mi infancia, me han fascinado las palabras, y por eso he escrito desde pequeñita.

-¿Cómo fue el tránsito de la vida rural a la urbana?

-Cuando me fui a Madrid para hacer la carrera de Periodismo, tras haber sacado matrícula de honor en COU en el instituto de mi pueblo, iba acomplejada pensando que mi nivel estaría por debajo del que se imparte en las ciudades. Y no fue así. Descubrí que había tenido la suerte de recibir una gran formación tanto en la escuela de mi barrio, de gente jornalera, como en el instituto. Entré en la Universidad con más nivel que la mayoría de los estudiantes de mi curso, criados en Madrid. Opté por la carrera de Periodismo, y no por la de Filología, porque abría más puertas a vivir la experiencia de escribir y publicar.

-¿Por qué decidió afincarse en Sevilla?

-Porque necesitaba Andalucía. Más vida en la calle. Amistades a dos pasos. Soy una persona muy ambiental, muy atmosférica. Madrid me parecía una maquinaria que hacía mucho ruido para mi gusto. Intuía que Sevilla, ciudad que no conocía, iba a ser mejor para mí. Y así ha sido. En Madrid logré trabajar rápido, primero en agencias de noticias y emisoras de radio, después obtuve un contrato indefinido en labores de comunicación corporativa. Y, cuando llevaba así seis años, sentí que estaba encaminando mi vida a lo que no me apetecía.

-¿De qué vivía cuando empezó en Sevilla?

-Comencé dando clases de Periodismo en Ceade. Después gané una plaza, como personal laboral, para ejercer la subdirección de comunicación en la Consejería de Salud de la Junta de Andalucía. Sobre todo me dediqué a comunicar temas de investigación biomédica. Hasta que, como me sucedió en Madrid, sentí que no estaba haciendo lo que de verdad me gustaba. Que estaba todos los días jugando con las palabras, al servicio de la comunicación institucional. Muy profesional, pero necesitaba ser yo. Y volví a saltar sin red. En 2005 decidí que iba a dedicarme a la literatura. Pude hacer esa transición a lo largo de tres años. De la Agencia Andaluza de Calidad Sanitaria pasé a la Fundación Progreso y Salud, cuyos horarios de trabajo me permitían más flexibilidad. Y en noviembre de 2008 dejé de trabajar para la Junta de Andalucía. Y, entonces como ahora, he sido capaz de vivir para la poesía y de la poesía. Todos los días he comido, me gano el pan con la literatura.

-¿Cómo lo consigue?

-Cuando me preguntan esto, suele producirse un diálogo divertido porque no sé concretar todo lo que hago, de la cantidad de cosas que realizo. Me dedico a impartir talleres de creación literaria, me requieren para muchos recitales y conferencias, tengo un espectáculo que se llama ‘Toma de tierra’, me llaman para hacer actividades desde bastantes instituciones (Centro Andaluz de las Letras, Universidad de Sevilla, Centro del Profesorado de Jerez, Consejería de Educación, Instituto Cervantes, Ministerio de Educación,...).

-¿También fuera de España?

-Sí, y este mes de junio participaré en Grecia en el Festival Lea, tengo recitales poéticos en Atenas y Salónica. De escritores españoles han elegido a Andrés Neuman, Juan Vicente Piqueras y a mí. Por otro lado, el pasado mes de marzo estuve por segunda vez en Bari (Italia) dando conferencias y recitales. Y ya lo he hecho también en Túnez, Argelia, México, Colombia, Ecuador, Bolivia,...

-¿En qué consiste ‘Toma de tierra’?

-Es un espectáculo creado conjuntamente con el cantaor Juan Murube y la bailarina de danza contemporánea Raquel López Lobato. Todos los textos son de mi autoría, pensados para ser palabra de viva voz hasta asomarse en el quejío, en la esencia del grito. Se ha representado más en el Norte de España. Tenemos muchas ganas de hacerlo en Sevilla.

-¿La mayor parte de los asistentes a sus talleres son mujeres?

-Pues sí. Hay más lectoras de poesía porque las mujeres dudamos más. Y, aunque se está silenciando, hay un gran auge de poesía escrita por mujeres.

-¿El canon literario lo siguen marcando los hombres en un mercado editorial consciente de que la mayoría de los compradores y lectores son mujeres?

-El canon lo marca una mentalidad masculinizada, no es cuestión de sexo. Tan machista o feminista puede ser un hombre como una mujer. Si en los libros escolares de texto solo aparece una escritora, Rosalía de Castro, se puede argumentar que en el pasado menos mujeres accedían a la educación y menos aún podían dedicarse a escribir poesía, por lo que era mucho más difícil alcanzar determinado nivel literario. Porque estaban limpiándole el culo a los niños, entre otras muchas actividades que los hombres literatos no hacían. Pero, desde los años ochenta del siglo pasado, en España ha sido espectacular la irrupción de la mujer en la poesía, y eso no se ha trasladado al canon, ni muchísimo menos. Y eso hay que decirlo con todas las letras.

-¿Con las ínfulas de adulto y la búsqueda de reputación literaria, en la creatividad se pierde el equilibrio entre la cultura popular y la intelectual?

-En esto soy muy militante. Muchas veces se ha contrapuesto la cultura popular y lo intelectual. Me parece una barbaridad, porque si Cervantes o Shakespeare nos han podido aportar algo, ha sido cómo integrarlas en la lengua viva de su momento, la hablada y la escrita. Para mí, lo popular no se identifica con lo costumbrista, lo típico, lo añejo. En mí, lo popular tiene que ver con la experimentación, con la lengua al día, con la vanguardia. Son muy interesantes las posibilidades creativas que aporta aunar referencias intelectuales y cultura popular. Creo que he sabido sortear la petulancia que pueda haber en lo intelectual.

-Los poetas siempre han tenido más seguidores que compradores de sus libros. ¿Acaso no han sido precursores de lo que ha potenciado internet: más comunicación que ingresos?

-Internet es muy interesante. Me ha permitido conocer a muchos autores cuyos textos nunca hubieran llegado a mis manos en una librería. Y, actualmente, el mundo de la poesía española es de una heterogeneidad pasmosa. Otra gran ventaja que aporta internet es multiplicar las posibilidades de experiencias literarias. Por ejemplo, y retomando lo que decía antes sobre la cultura popular, la poesía que reclama la viva voz, que reclama oírse en un recital. Y hoy en día, mucha gente los graba, los cuelga en Youtube, y esa poesía es disfrutada por personas de cualquier lugar del mundo, sean o no compradores de libros. Es un placer distinto al de la lectura, y hay que propiciar ambos placeres. Por eso yo reservo algunos de mis textos para comunicarlos de viva voz, compartiéndolos en público, mientras que otros son más adecuados para la lectura en la intimidad, la que hace repensar y pasarlos dos veces por el corazón.

-¿En los colegios e institutos hay ahora más interés por incorporar a los poetas vivos en la actividad educativa?

-Muchos profesores tienen hambre de hacer cosas así. Los escucho quejarse de que están demasiado sujetos y limitados por lo curricular y por la burocracia. Entiendo sus circunstancias, y sobre todo lo duro que es el día a día con los niños en el aula. A partir de ahí, les digo que sí es posible encauzar la creatividad literaria y la poesía viva dentro del cauce curricular. Y me encanta que muchos profesores vuelvan a apasionarse por aplicar en su labor algo que daban por perdido.

-¿Qué percibe en sus encuentros con los jóvenes de diversos barrios, diversos municipios,...?

-Me llegan muchísimas solicitudes para ir a centros educativos, no solo en Andalucía sino también por toda España. En los jóvenes alumnos percibo hambre de formas, y fascinación. Por ejemplo, en Estepona, donde hice una lectura el pasado mes de mayo. Nunca habían visto a un poeta. Y dicen: “¿Pero esta chica es poeta? ¿Un poeta no es un señor con bigote y muy triste?”. Se les caen los palos del sombrajo cuando empiezan a sentir que es muy cercano lo que le estás contando. Y, al mismo tiempo, muy asombroso. Es una experiencia potente. Ya he recorrido bastantes institutos y descubro a chicos y chicas muy abiertos y receptivos. No tengo sensación de que los jóvenes de hoy sean superpasotas. He encontrado en ellos una escucha más desprejuiciada que la que pueda haber en personas mayores. Hasta en los más malotes, percibo una inocencia que no se ve ni de coña en el mundo literario.

-¿El ambiente de la profesión literaria sigue trufado de camarillas?

-Sí. Tengo que protegerme muchísimo de eso. No me apetece dejar de ser autónoma e independiente. Es lo que practico en mi vida. Me comprometo y no acepto compromisos de componendas. Lo otro es cosificar las relaciones en clave de poder. Y si en algo como la poesía se cosifican las relaciones y se cosifica a la gente, mal va el mundo. Es para mí una cuestion absolutamente moral y ética.

-¿Y cómo distingue las voces de los ecos?

-Ejercitando una forma de estar en el mundo basada en la ética. Yo no intereso demasiado a quien va con el rollo de la camarilla. Por eso es para mí un regalo cuando recibo tanto una crítica como una propuesta editorial. Sé que van de veras. Ahí es donde se hacen los verdaderos amigos. Y tengo en todas las corrientes literarias y poéticas.

-El apogeo de los libros de aforismos, epigramas, máximas... ¿busca conectar con la población que a diario se comunica con mensajes cortos y frases cortas a través de las redes sociales?

-No comencé a escribir por demanda alguna del mercado. Ni tampoco lo hago ahora por eso. Mi primer libro de aforismos lo publiqué en 2008. El aforismo poético no es cosa de consumo masivo. Los aforismos han sido siempre para una inmensa minoría, para un tipo de lector con inquietudes distintas respecto a quien compra un bestseller, que me parece también muy respetable. Igualmente, si hay un ‘boom’ de la brevería, coexiste en ello la tendencia de quien busca buena poesía y buen pensamiento, y quien busca con actitud de consumo rápido. Estoy preparando una antología de aforismos que saldrá publicada en la Fundación José Manuel Lara el próximo año, ando pensando en eso.

-Quizá, en la España de la crisis económica y política, hay más interés por convertir una idea en una frase que compartir, en un lema para protestar, en un eslogan que esgrimir.

-La crisis nos ha traído cosas horribles y desgraciadas. Y algunas buenas, sobre todo, en lo que atañe a la conciencia. La masa social se había desmovilizado. Desde la política y desde la economía se había colaborado para desmovilizar y que viviéramos en un caldito tibio donde nada plantearse. Desde que estalló la crisis, la gente comenzó a hacerse preguntas. Habrá personas que busquen lemas y consignas para secundarlos, y buscará líderes a los que adherirse. A mí me interesa la gente que piensa por sí misma, que se ayuda a pensar tomando muchas y muy variadas referencias. No la que solo lee lo que refuerza su opinión. Me gustan las personas críticas hasta consigo mismas.

-¿Hay libros para buscar preguntas, y libros para encontrar respuestas?

-Se venden mucho los libros llamados de autoayuda. Para mí, no hay mejor libro de autoayuda que uno de poemas. Cuando he sufrido la muerte de gente cercana, he leído a San Juan de la Cruz. Requiere más esfuerzo, pero ayuda más a fortalecerte.

-Para componer su libro ‘Zona franca’, ¿cuántos aforismos escribió?

-Más del triple de los que incluí, que son casi 300. Cuando hice la primera poda de todo lo que estaba escribiendo, tenía 870. La poda es grande no solo para evitar que el libro fuera una pesadez. Me interesa mucho la estructura de un libro. La unidad mayor que se compone con un conjunto de textos. Y ‘Zona franca’ tiene un porqué muy poético. En mí, los aforismos y breverías son la escritura residual de las chispas que saltan de los sueños. Son lo que repiensas y vas escribiendo aquí o allá. Con todo eso yo quería componer otra unidad de sentido.

-Cite algunos de los que le parezcan significativos.

-Para las mariposas de pedrerías, abril es un mes más.

Para el jazmín, mi pelo es eterno.

Los expulsados admiran a los huidos.

La excepción es mi hábitat. Me importa, ante todo, no pertenecer.

Yo solo creo en Pasolini.

-En la España actual de la cultura y de la politica, ¿hay pasolinis?

-Los pasolinis de ahora no salen por la tele. No ser acomodaticio tiene sus costes. Los pensadores independientes no gozan de reconocimiento. Pasolini era un polémico con causa, un rebelde con causa en la Europa de su tiempo histórico. Por ser tan libre fue mal visto en Italia tanto por la Iglesia Católica como por el Partido Comunista. Sacaba a todos de quicio porque no se prestaba a jugar al maniqueísmo. En la España actual, se ofrecen polémicas en programas de televisión donde cuatro se chillan los unos a los otros, como cacatúas. Polémica vacía que no lleva a ningún lado.

-¿Cabe entender la coyuntura política actual como un pulso entre lo viejo y lo nuevo? ¿O la llamada nueva política es también vieja?

-Decía Antonio Machado que los novedosos quieren matar a los originales. Y habría que pensar la España del presente y del futuro, no tanto desde sustituir lo viejo por lo nuevo, sino en preferir el original respecto a lo novedoso. Ni lo nuevo ni lo novedoso tiene por qué ser bueno. Y lo viejo puede ser muy original. De hecho, hay más maestros muertos que vivos, y nos hablan desde los libros.

-¿Cómo habitúa en su agenda diaria la gimnasia mental del proceso creativo?

-Soy una persona muy disciplinada. Me encanta fijar hábitos, últimamente he incorporado también el yoga a mi vida cotidiana. Mi proceso creativo es el siguiente: Me fio mucho de la primera impronta de lo que escribo. Eso no quiere decir que yo publique la primera impronta. Nunca. Pero sí estoy siempre con un cuaderno al lado donde trato de estar con el alma disponible, como decía Celaya, por si algo se acerca o viene. Ese es un hábito que tengo incorporado a mi vida. Las cosas que escribo son las que han vencido a mi pereza. Y eso se va amontonando. De vez en cuando, me siento y escribo un rato. A lo mejor puedo dedicar una mañana a escribir un poema. Pero cuando decido que voy a escribir con intensidad necesito conseguir un estado de escritura. Y no lo puedo conseguir viajando, volviendo, yendo, haciendo talleres, teniendo la cabeza en mil sitios. Lo que hago es reservar un tiempo en el que me despido del mundo y me dedico a escribir. En algunas ocasiones han sido meses, y tengo que garantizarme el grano suficiente para comer durante esos meses. Esos momentos de retirada, donde no me quito el pijama, donde me convierto en un ser que vive en pijama y que come cuando puede, son de los momentos más felices de mi vida.

-Defina Sevilla en una frase.

-Sal, sed, sí, sol, sur.

-Y Andalucía, en una frase.

-No existe Andalucía, existen las Andalucías y a bastantes de ellas pertenezco.

-Y España.

-Me siento más de la matria que de la patria.


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