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Santa Catalina se pone como fecha límite el 25 de noviembre

Las obras de restauración encaran su fase final con una inversión de millón y medio de euros y están a un 70% de los trabajos

Manuel Pérez manpercor2 /
18 jul 2018 / 13:24 h - Actualizado: 18 jul 2018 / 13:38 h.
  • Interior del templo restaurado. / Jesús Barrera
    Interior del templo restaurado. / Jesús Barrera
  • Panorámica de la nave central de la iglesia de Santa Catalina, todavía con andamios. / Reportaje gráfico: Jesús Barrera
    Panorámica de la nave central de la iglesia de Santa Catalina, todavía con andamios. / Reportaje gráfico: Jesús Barrera
  • Las obras alcanzan una fase final «de acabado del interior».
    Las obras alcanzan una fase final «de acabado del interior».
  • Las obras alcanzan una fase final «de acabado del interior».
    Las obras alcanzan una fase final «de acabado del interior».
  • La cripta alberga restos arqueológicos romanos, visigóticos y musulmanes.
    La cripta alberga restos arqueológicos romanos, visigóticos y musulmanes.
  • Fachada de Santa Catalina. Los arqueólogos creen que la torre es de origen cristiano. / Jesús Barrera
    Fachada de Santa Catalina. Los arqueólogos creen que la torre es de origen cristiano. / Jesús Barrera

El 25 de noviembre, festividad de Santa Catalina. Esa es la fecha que el equipo de trabajo de restauración del templo homónimo se ha propuesto para concluir la intervención sobre la iglesia después de 14 años cerrada al culto. Así lo confirmó este jueves el arquitecto encargado de las obras, Francisco Jurado, quien mostró su «intención» de «tenerlo todo acabado» para esa fecha.

Para ello, primero hay que resolver las obras de la cámara bufa, una solución arquitectónica que genera una ventilación natural en la cripta del templo y rebaja su nivel de humedad, evitando así posibles daños y afecciones a la estructura. Esta cámara se realiza a través de unas perforaciones en las paredes de la cripta que propician la aparición de corrientes de aire y por las que se expulsan las humedades a través de unos arbotantes situados en el perímetro de la iglesia por su exterior. Sin embargo, la estrechez de las calles Alhóndiga y Santa Catalina podrían dificultar estas obras, que aún están pendientes de autorización por parte del Ayuntamiento. «Seguimos retrasados y lo tenemos un poco atascado», reconoció Jurado.

No obstante, fuentes de la Archidiócesis de Sevilla aseguraron que el templo reabrirá el 25 de noviembre, «aunque después haya que volver a poner andamios» para intervenciones menores, ya que el deseo del arzobispo, Juan José Asenjo, es hacer coincidir la reapertura de Santa Catalina con su festividad.

«Prácticamente está todo acabado», aseguró Jurado, quien explicó que ya se ha colocado el nuevo pavimento –de color blanco–, se han revestido las paredes y se ha preinstalado el cuadro eléctrico. Actualmente, se están acometiendo intervenciones sobre retablos y frescos, por lo que la restauración, que está «a un 70 por ciento» de ejecución según el arquitecto, afronta ahora una «fase final de acabado del interior» que alcanza una inversión de 1,5 millones de euros.

El objetivo de Jurado no es otro que el de mostrar con claridad las características propias del templo gótico-mudéjar. Por esta razón, su dirección técnica ha ido encaminada a la recuperación y visibilización de los vestigios de la primitiva iglesia, construida en torno al año 1248 por orden del rey Fernando III, el Santo, y que fue derruida por un terremoto en 1390. «Volvieron a reconstruirla con otros ritmos y con unos arcos de más entidad, pero nos han quedado algunas huellas», aseveró Jurado, quien señaló que se han «recuperado los accesos principales».

De aquel templo se conserva un gran arco de herradura, que podrá ser observado en todo su esplendor gracias a un vidrio que permitirá apreciar también la cota original del templo, unos 80 centímetros por debajo del actual pavimento. «Estos arcos tienen una proporción áurea y, al verlo, vimos que le faltaba altura», contaba el arquitecto sobre el hallazgo de esa diferencia de nivel entre la cota actual del templo y la original.

Aunque el equipo liderado por Jurado dudó, en un primer momento, «sobre si recuperar el nivel original», finalmente se descartó la idea por las incompatibilidades existentes con el entorno y la dificultad que ello entrañaría. «Hubiera generado problemas con el encuentro con las calles», especificó el arquitecto.

En este sentido, el pavimento actual de Santa Catalina se asienta sobre un nuevo forjado de hormigón blanco y acero inoxidable que se apoya sobre las basas de los pilares del templo, el cual permite compatibilizar la visita de los restos arqueológicos de la cripta con el uso religioso y cultural de la propia iglesia «sin ninguna incidencia en el resto del templo», aseguró el arquitecto. Esta solución técnica «permite dejar limpio todo el estrato arqueológico que se puede ver abajo», explicó Jurado.

En dicho lugar, la cripta, es donde más visible se hace la diferencia de cota, ya que es en este espacio subterráneo donde será posible apreciar ese desfase bajo el arco de herradura situado a los pies del templo. En la cripta se expondrán restos romanos, visigóticos e islámicos que dan buena cuenta del urbanismo de una zona que otrora «estaba fuera de las murallas de la ciudad», como explicó el director de la intervención arqueológica, Domingo Martín, quien añadió que estos hallazagos han permitido «abrir una ventana al urbanismo» de esta zona «con unas dimensiones más que suficientes para darnos cuenta de qué es lo que ha pasado aquí».

Este arqueólogo, junto al equipo integrado por Urbano López y Jesús Martín, han sido los encargados de arrojar luz sobre la historia del templo. En este sentido, los elementos hallados indican que el actual edificio se asienta sobre una iglesia fernandina que fue destruida a causa de un terremoto en 1390. Esta, a su vez, se levantó sobre un edificio religioso islámico que aprovechó los cimientos de una antigua necrópolis visigoda. Sea como fuere, Martín no dudó en señalar que este espacio «siempre se ha dedicado a la finalidad espiritual».

Otro de los elementos que albergará la cripta es el columbario. Para ello se ha reconstruido una pequeña bóveda que recrea la existente antes del terremoto de 1390, cuyos restos aún son visibles. Aunque todavía no se conocen cuántos nichos alojará dicho espacio, estará a disposición de la comunidad parroquial.

Una de las curiosidades que arroja la restauración de Santa Catalina es un detalle que puede observarse en un recoveco de la puerta lateral que da a la calle Alhóndiga. Para que el lector se sitúe: por la que salen los pasos. Tras esa basta puerta se esconden los restos de lo que antaño fue otro gran arco de herradura que fue demolido para favorecer la salida de los pasos. Junto a ese desaparecido arco, pueden verse unos frescos que representan a San Pedro y que los expertos sitúan su factura en el último tercio del siglo XIII. En este sentido, podría tratarse de uno de los frescos más antiguos de la ciudad.

Una torre de origen cristiano que jugaba a ser alminar musulmán

Todo hacía pensar que, en tiempos de al-Ándalus, el almuédano se subía a lo más alto de la tosca torre que hoy acompaña a la iglesia de Santa Catalina para convocar a los fieles de Alá a la oración. Sin embargo, las investigaciones del equipo comandado por Domingo Martín han descubierto que dicha torre podría ser de origen cristiano y que responde a los cánones del arte mudéjar. El terremoto de 1390 debió afectar considerablemente al torreón, donde se percibe una «línea de construcción en la que se demuele lo que estaba roto, hacen tabula rasa y siguen construyendo», explicó Martín, quien aún no quiere descartar ninguna hipótesis, pero que afirma que con los elementos que los técnicos tienen entre sus manos, todo apunta a que se trata de un campanario cristiano construido para la primitiva iglesia. El arquitecto Francisco Jurado explicó que en la torre se han hallado escalones originales de piedra, señal de «calidad y nobleza», ya que antes los tenía de ladrillo y mamperlán de madera.


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