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Se aprovecha casi todo, pero apenas se conoce

En 2016 se realizaron más de 3.400 injertos en Andalucía. Cuando se dona se ayuda a más personas y no tiene rechazo

13 ene 2017 / 15:56 h - Actualizado: 13 ene 2017 / 15:58 h.
  • Un cirujano manipula los tendones de un tobillo para que pueda ser aprovechado en un segundo paciente. / Fotos: Jaime González Prieto
    Un cirujano manipula los tendones de un tobillo para que pueda ser aprovechado en un segundo paciente. / Fotos: Jaime González Prieto
  • Intervención para un trasplante de córnea en el Hospital Universitario Virgen del Rocío. / Fotos: El Correo
    Intervención para un trasplante de córnea en el Hospital Universitario Virgen del Rocío. / Fotos: El Correo
  • El doctor Del Trigo junto a Guadalupe Sanz con su nueva córnea.
    El doctor Del Trigo junto a Guadalupe Sanz con su nueva córnea.

Huesos, piel, cartílagos, ligamentos, válvulas cardíacas, córneas, semen, médula ósea, membrana amniótica y, así, casi hasta el infinito. El catálogo de tejidos del cuerpo humano que se pueden donar es inabarcable, aunque sean casi siempre los órganos los que acaparen los titulares.

Los números hacen justicia a estos otros trasplantes que subyacen en el ostracismo: si en 2016 han sido 814 los de órganos, los de tejidos han superado los 3.400, esto es, más de cuatro veces más.

«Los órganos son más limitados ya que sólo tenemos un corazón, un hígado o dos riñones, mientras en el caso de los tejidos se multiplican exponencialmente y en consecuencia el número de personas a las que se puede ayudar es mucho mayor», anota Juan José Egea, coordinador sectorial de trasplantes de Sevilla y Huelva, que añade: «Cuando una persona manifiesta que quiere ser donante siempre se le pregunta que si lo quiere ser de órganos y tejidos o sólo de tejidos».

Desacreditar la lógica que concede el absoluto protagonismo a los trasplantes de órganos carece de sentido; pero sí se debe ponderar con mayor reconocimiento los de tejidos: «En el caso de los órganos se trata de un procedimiento vida-dependiente, mientras que en el de los tejidos suele ser para optimizar la calidad de vida del trasplantado», explica Egea, que no obstante recalca que «a alguien que tiene ceguera, por poner un ejemplo, le cambia la vida de lejos al ser trasplantado».

VENTAJA DOBLE

La donación de tejidos presenta una doble ventaja con respecto a la de órganos: de un lado, de un solo donante pueden beneficiarse múltiples personas, aunque muchas veces no se valore: «El número de pacientes que reciben tejidos ajenos es muy alto, pero no tienen muchas veces la conciencia de que ese injerto que se le ha hecho proviene de otra persona», apunta Egea. De otro, «con los tejidos no existe el rechazo de los órganos porque son avasculares, y eso que tienen una función estructural similar a la que realizan los pilares de una casa».

Para ser donante de tejidos es preciso no tener antecedentes de enfermedades graves y dar la autorización pertinente al banco de tejidos. En el caso de fallecidos, obviamente son los familiares quienes conceden ese permiso.

El doctor Egea detalla que «se hace un cribado muy estricto, incluso más que con los órganos. Hay que tener en cuenta que un ligamento de un paciente joven tiene que durar para toda la vida». De todos modos, siempre se puede donar algo: «Hay limitaciones, como personas con enfermedades autoinmunes o con enfermedades vasculares, pero en este caso, por ejemplo, no sirven las válvulas pero sí los tejidos osteotendinosos; de igual modo, personas que han sufrido cirugías oculares no pueden donar la córnea pero sí la piel», argumenta.

LA MÉDULA ÓSEA SE DISPARA

Pero si hay algo que se está donando cada vez más en la médula ósea. Andalucía, de hecho, duplicó en 2016 el número de donantes con 32.107 nuevos inscritos, con lo que suma un total de 72.766 donantes, una cifra que supone el 25,8 por ciento de todos los registrados en España, siendo además la comunidad que más ha crecido en el último año, un 79%.

De cualquier modo, la mayor parte de las donaciones provienen de personas que fallecen, a cuyos familiares les suele consolar de alguna manera el acto de la donación: «La pena por la pérdida de un familiar es irremediable, pero saber que se ayuda a otros, que una serie de personas tienen algo de él que se ha quedado ahí les ayuda para dignificar la condición de esa persona fallecida», destaca el coordinador de trasplantes de Sevilla y Huelva.

En estos tiempos en los que, afortunadamente, las donaciones por accidentes mortales de tráfico están cayendo «se reducen las muertes encefálicas y se exploran nuevas vías. Hay más donaciones a corazón parado o asistolia, con lo que la edad del donante suele ser menor y hay más posibilidades de que se puedan aprovechar los tejidos porque tienen una mayor calidad», dice Egea, que revela un hecho quizás poco conocido: «A la familia se le explica todo lo que va a suceder. Así, se le dice que todo lo que es donado se restituye. Es decir, si dona un fémur, por ejemplo, se coloca una prótesis en su lugar para que la integridad del cuerpo sea máxima y que el aspecto externo sea totalmente normal, salvo las cicatrices».

«AL DEVOLVER LA VISTA A ALGUIEN SE SIENTE UNA EMOCIÓN INENARRABLE»

«Es más llamativo salvar una vida que devolver la vista. Pero la emoción que se siente cuando se le devuelve la vista a un paciente es inenarrable, a veces acabamos llorando los pacientes, los familiares y hasta los cirujanos». Son palabras de Juan Ramón del Trigo, responsable de la sección de superficie ocular y trasplante de córnea del Hospital Universitario Virgen del Rocío, integrada en el servicio de Oftalmología, en cuyo equipo trabajan asimismo las doctoras Ana Muñoz, Asunción Alfaro y María Isabel González.

En 2015 realizaron 30 trasplantes de córnea, en 2016 se han superado con 46 –con un incremento de más del 50%–; y no paran: en apenas doce días de 2017 ya habían practicado media docena más.

En el hospital atienden pacientes no sólo de la provincia de Sevilla; también de Cádiz, Huelva o Jaén. Del Trigo explica que «existen dos técnicas: espesor completo o lamelares (de una capa), que hacemos con un aparato que no está disponible en todos los hospitales [microqueratomo es su nombre]. De hecho, los trasplantes lamelares, en los que sólo se sustituye la parte dañada, son ya el 80%».

La mayoría de los pacientes trasplantados presentan «distrofias endoteliales, pero también son muchos los que provienen de una operación de cataratas (sobre todo personas mayores de 50 años) en las que el endotelio ha quedado dañado». El resto tiene «herpes, más frecuente en jóvenes, o ha sufrido accidentes, traumatismos o infecciones corneales».

El trasplante es «el último recurso cuando la córnea está opacificada y ya no tiene arreglo, no hay terapias alternativas», explica Del Trigo, que recalca que «se trata de una «cirugía de alto riesgo en la medida en que la supervivencia de los tejidos implantados diez años después es del 70%, el resto requiere un nuevo trasplante», apunta Del Trigo.

Este es el caso de Francisca Torres, de 69 años y vecina del barrio Begoña (distrito Macarena), quien nació con un problema en su ojo izquierdo que se reveló pronto: «Me levantaba por la mañana y no veía nada con ese ojo. A la media hora empezaba a ver algo, pero estaba asustada», explica esta mujer, que visitó durante años «a un montón de oftalmólogos, incluidos muchos privados. Nadie daba con lo que tenía, hasta que una doctora jovencita en María Auxiliadora me diagnosticó distrofia de Fuchs y me dijo que tendría que trasplantarme cuando perdiese la visión del todo». Eso fue hace unos 15 años. Cuando, en efecto, dejó de ver por completo, optó a un trasplante que le practicó el doctor Del Trigo «hace casi dos años. Me dejó perfecta, desde entonces no he tenido ningún problema».

Sin embargo, le ha salido un edema por dentro y ahora se encuentra esperando para un nuevo trasplante «porque la córnea se ha puesto opaca. Es una pena porque todas las revisiones que había pasado estaban perfectas», dice.

Más fortuna ha tenido, de momento, Guadalupe Sanz, una mujer de 35 años vecina del Cerro aunque ahora reside en Sevilla Este, que tuvo una adolescencia muy dura: «Me salían herpes en la nariz o entre la nariz y el labio» cuando sólo tenía 11 años. «A los 15 empecé a sentir molestias en el ojo derecho. Lagrimeaba, me escocía...». Le pusieron un tratamiento, pero «al ver que no mejoraba y que ya tenía el ojo completamente cerrado y el contorno inflamado fui al Virgen del Rocío». Estuvo tratándose en el centro de salud Doctor Fleming (Nervión), «pero los dolores iban a más, se me subía la tensión ocular, y al final me derivaron al doctor Del Trigo», recuerda. Pasó el tiempo y «ya no tenía nada de visión, se me caían cosas de las manos, perdía el equilibrio, no podía conducir...».

Hasta que por fin se operó «el 10 de septiembre de 2009», evoca con precisión. «En el mismo quirófano empecé a ver», recalca eufórica. Ahora ya conduce, no lleva gafas, se casó y fue madre... «Estoy estupenda», concluye.


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