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Prevenir las agresiones sexuales, educar al agresor

Los expertos coinciden en que la educación sexual y afectiva y el control de la pornografía a través de internet son fundamentales para evitar estos dramas

05 mar 2018 / 07:43 h - Actualizado: 05 mar 2018 / 18:26 h.
  • El acceso de los jóvenes a internet puede ser una ventana a la pornografía. / Nacho Gallego (Efe)
    El acceso de los jóvenes a internet puede ser una ventana a la pornografía. / Nacho Gallego (Efe)
  • Los niños no tienen herramientas para salir del acoso sexual por sí mismos. / El Correo
    Los niños no tienen herramientas para salir del acoso sexual por sí mismos. / El Correo

La alarma cunde cuando saltan a la actualidad noticias tan escalofriantes como la violación de un niño de 9 años a manos de sus compañeros de escuela. ¿Cómo es posible llegar a eso? ¿Qué estamos haciendo mal? La respuesta es clara: la violencia sexual debe combatirse con educación desde la más temprana infancia. Y no estamos haciendo todo lo que deberíamos para evitar que se repitan sucesos como el citado.

Aprender a Educar, una organización privada que trabaja con familias y adolescentes para solucionar problemas de comportamiento en casa y en la escuela, asegura que por suerte casos como el de Jaén «son excepcionales, y en todo caso no tan frecuentes como el acoso escolar», dice Cristina, una de sus técnicos. «No obstante, el libre acceso que tienen los menores a los contenidos pornográficos no parece el mejor modo de iniciarse en la educación sexual. Cada vez con mayor antelación, tienen acceso a un smartphone, y los padres no vigilan su uso, lo cual predispone a que suceda cualquier cosa. El regalo estrella de la comunión es un smartphone: es como darle a una persona un coche sin que tenga carnet de conducir», agrega.

Para Aprender a educar, las directrices al respecto son terminantes: «Hay que restringir el uso de estos dispositivos, y tener sobre ellos un control muy exhaustivo. Nada de contraseñas desconocidas», aseveran al tiempo que alertan de que «también si en casa presencian agresiones o malos tratos, son factores que ayudan a forjar a su vez maltratadores».

Cuando alguien detecte algún comportamiento anómalo, «hay que pedir ayuda. En primer lugar hay que informar al colegio, a los profesores, al equipo directivo, para que pueda controlar la situación, vigilar y que no vuelva a suceder, para estudiar el perfil del abusador y del abusado». En todo caso, «es posible que cada vez se destapen más casos, porque como sucede siempre, a veces los abusos salen a la luz con el tiempo».

«La educación sexual de los adolescentes también pasa por el porno, gratuito, variado y disponible veinticuatro horas al día a través de la red gracias a unos algoritmos que definen su sexualidad y les ofrecen más... de lo mismo. Entretanto, la cifra de negocio de la industria del entretenimiento y el placer aumenta sin cesar», denuncian Analía Iglesias y Martha Zein, autoras de Lo que esconde el agujero, libro recién publicado por el sello Catarata.

«La violencia sexual contra la infancia es difícil de detectar por el sentimiento que la situación provoca en el niño o la niña en el momento de plantearse la posibilidad de denunciar los hechos, máxime cuando es frecuente que no dispongan de pruebas y cuando se trata de denunciar a un ser querido y cercano, como ocurre en un buen número de casos. Además, el niño vive esta situación con sorpresa, porque la víctima no es consciente de lo que le está ocurriendo, por lo que es muy difícil que puedan revelar el abuso», explica la oficina del Defensor del Pueblo Andaluz, que recientemente celebró unas jornadas junto a Save the Children para aportar datos de cara a la tramitación parlamentaria de la nueva Ley de Infancia y Adolescencia de Andalucía.

«En los últimos años se ha avanzado en prevenir y combatir el abuso sexual, ya que se está reconociendo la existencia de este tipo de maltrato, con instrumentos jurídicos para perseguir y sancionar estas conductas. El reto se encuentra ahora en la coordinación entre los distintos sectores –educativo, social, sanitario y judicial– y profesionales que deben intervenir en el proceso», prosiguen.

Así, el informe Ojos que no Quieren Ver, presentado en Madrid el pasado miércoles por Save the Children, señala que sólo el 5 por ciento de los supuestos casos de maltrato infantil en Andalucía se notifica desde los colegios. En la prevención, son escasos los estudios epidemiológicos del abuso sexual que permitan conocer la verdadera incidencia del problema. El Simia (Sistema de Información sobre el maltrato infantil en Andalucía) anota que en 2016, de las 2.654 notificaciones recibidas en este Sistema, el 3 por ciento fueron por abusos sexuales.

«El Defensor del Menor, en 2016, recibió 20 quejas denunciando abusos sexuales a menores (11 en el año 2015). Y en el Teléfono del Menor recibimos 14 denuncias el año pasado», explican. «Estos datos, por su naturaleza, sólo contabilizan las denuncias que han llegado al Sistema (sanitario, educativo, social, judicial o policial) dejando fuera otros muchos casos de los que no se puede tener conocimiento por no haberse detectado o por no haber mediado denuncia expresa. Según diversos estudios, solo conocemos un pequeño porcentaje (entre el 10 y el 20 por ciento) de los casos reales».

Save the Children subraya que «el abuso sexual no deja, en la mayoría de las ocasiones, pruebas físicas. El testimonio del menor se convierte en la única prueba para probarlo en juicios; de ahí que el testimonio tenga que ser especialmente cuidado, recogerse lo antes posible y por un profesional especializado. Sin embargo, el testimonio no se cuida. De cada 10 casos abiertos en los tribunales, 7 no llegan son sobreseídos», afirman.

«Los niños no tienen herramientas para salir de esta situación y los adultos no sabemos ver lo que está pasando: en las sentencias estudiadas por Save the Children, el abuso sexual se extiende, de media, 4 años. El 70 por ciento de los adultos que de niños fueron abusados se lo dijeron a alguien pero no sirvió de nada», comentan a renglón seguido. «Es inaceptable que haya casos de abusos sexuales que no se detectan, que se alargan durante años, o que niños y niñas sigan en contacto con su agresor y no sean protegidos. Todo ello se debe a una serie de fallos en la respuesta de las administraciones públicas tanto en la prevención, detección y el proceso judicial como en la reparación o tratamiento psicológico de las víctimas».

Para la ONG, es urgente la aprobación de una Ley de Erradicación de la Violencia contra la Infancia. Recientemente el Congreso ha dado el primer paso con la aprobación de una PNL, pero a partir de ahora el Gobierno debe cumplir el plazo establecido para que finalmente siga adelante. «Save the Children recomienda el establecimiento de una asignatura de educación para la salud que, igual que en otros países, universalice la educación sexual y afectiva desde edades tempranas».


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