domingo, 17 diciembre 2017
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El trastorno del siglo XXI

«Sólo un tercio de los pacientes queda libre de síntomas por completo»

La depresión es un problema sustancial de salud pública y el trastorno mental de mayor prevalencia en España y Europa. Y va a más. Los expertos dan las claves para controlarla

06 dic 2017 / 21:06 h - Actualizado: 07 dic 2017 / 08:02 h.
  • De izda. a dcha., Antonio de la Plata (coordinador de la unidad en Macarena Norte), Jaime Gómez (director de la UGC de Salud Mental del hospital Macarena) y Samuel Romero (coordinador en Carmona).
    De izda. a dcha., Antonio de la Plata (coordinador de la unidad en Macarena Norte), Jaime Gómez (director de la UGC de Salud Mental del hospital Macarena) y Samuel Romero (coordinador en Carmona).

{Jaime Gómez, director de la Unidad de Gestión Clínica de Salud Mental del Hospital Universitario Virgen Macarena, tiene la inmensa fortuna de contar con dos manos derechas: los psiquiatras Antonio de la Plata y Samuel Romero, quienes explican a este periódico los pormenores y vicisitudes de la depresión y de su abordaje en el Área Norte de la provincia.

—¿Cómo se puede definir la depresión? No ayudará a su delimitación que el término sea utilizado de forma coloquial asociado a sentimientos como tristeza o apatía...

—El ser humano dispone de todo un catálogo de emociones y sentimientos que le ayudan a poder relacionarse con otros seres humanos. Los sentimientos de tristeza son la expresión emocional de un dolor comprensible y normal en nuestra existencia relacionado con la pérdida de personas, situaciones o cosas muy importantes y significativas. Sentirse triste por la pérdida de un ser querido, o de un trabajo, o de una situación social favorable, o por la pérdida de una mascota, es algo perfectamente comprensible y expresarlo algo perfectamente saludable. Pero la depresión es otra cosa. Debe de tener una duración prolongada, afectar a todas las áreas de la personalidad e interferir en la vida cotidiana de la persona con mayor o menor gravedad hasta llegar a impedirle continuar con sus actividades ordinarias.

—Vamos, que hay un mundo entre una cosa y otra.

—Hablamos de una perturbación psíquica donde la alteración del humor o del estado de ánimo es el rasgo esencial, existiendo una pérdida general de vitalidad, expresando el enfermo falta de interés y de energía, mostrándose cansado y triste, rehuyendo las actividades sociales y bajando su rendimiento en todas las esferas. Una tonalidad de pesimismo y desesperanza invade sus ideas y fantasías. En ocasiones, este cuadro de tristeza va acompañado de una intensa ansiedad. El riesgo de suicidio es la variable que imprime al trastorno gravedad y genera actuaciones de urgencia por parte de los profesionales. Aunque parezca paradójico, la tristeza puede no estar presente en muchas personas que padecen depresión.

—No resultará sencillo hacer un diagnóstico dado que la línea que la separa de esos otros trastornos leves puede ser muy fina y confusa.

—El diagnóstico de la depresión es fundamentalmente clínico, es decir, se basa en la detección de una serie determinada de síntomas. Con una exploración clínica cuidadosa, realizada por un personal facultativo entrenado, no es difícil. Los trastornos de ansiedad son con frecuencia comórbidos con la depresión, es decir, que pueden aparecer de manera concurrente, pero clínicamente son diferenciables. La clave para entender el diagnóstico y el tratamiento de la depresión es el hecho de que no supone únicamente sintomatología de un estado de ánimo bajo. El trastorno depresivo mayor es una patología clínicamente heterogénea, que se manifiesta como una combinación de tres grupos de síntomas: afectivos (tristeza, ansiedad, irritabilidad, bajo estado de ánimo, pensamientos suicidas, desesperanza, sentimiento de culpa sin motivo), somáticos (fatiga, cambios en el apetito/peso, alteraciones en el sueño, cefaleas, problemas de estómago, dolor torácico) y cognitivos (dificultades de atención y concentración, memoria reciente y a largo plazo, toma de decisiones, planificación y organización, agudeza mental o velocidad de pensamiento).

—Estamos hablando, en todo caso, de un problema de una magnitud muy importante, ¿verdad?

—De hecho, se estima que la prevalencia en los países desarrollados es del doce por ciento aproximadamente, y que esta prevalencia está creciendo. El trastorno depresivo mayor es el trastorno mental más frecuente en Europa y en España, con una prevalencia anual estimada en España del cuatro por ciento, y el riesgo de sufrir al menos un episodio depresivo mayor es del 10,6 por ciento. De todas las patologías mentales, neurológicas y por consumo de sustancias, la depresión es la que causa mayor carga de enfermedad en todo el mundo.

—Y tendrá repercusiones notables a todos los niveles...

—En Europa, la depresión representa una de las primeras causas de pérdida de productividad, jubilación anticipada y ausencia laboral debida a la enfermedad, y las actuales predicciones de la Organización Mundial de la Salud estiman que será la causa principal de carga de enfermedad en todo el mundo en el año 2030. El coste anual de la depresión en Europa se estimó en 118.000 millones de euros en 2004, lo que corresponde a un coste de 253 euros por habitante. Por lo tanto, entendemos que es un problema de salud pública en España, ya que además de ser el trastorno mental de mayor prevalencia, nos encontramos con circunstancias que favorecerían que la depresión se pueda convertir en un porcentaje alto de pacientes en una enfermedad crónica. Algunas de estas circunstancias serían: la falta de diagnóstico (se estima que el 30-50 por ciento de pacientes no están diagnosticados), la falta de respuesta a los tratamientos empleados y la existencia de síntomas residuales.

—El origen de esta patología es multifactorial. ¿Complica eso aún más el diagnóstico y abordaje de la enfermedad?

—El origen de la depresión es hoy por hoy desconocido, aunque se sabe que intervienen múltiples factores, es cierto. La importancia de los mismos está aún por ponderar. Pero la complicación del diagnóstico viene determinada más bien porque no contamos aún con marcadores que permitan un diagnóstico rápido y más objetivable, como por ejemplo la glucemia para la diabetes. Una etiología incierta, igualmente, complica una estrategia terapéutica más específica, lo cual no quiere decir que no contemos con herramientas terapéuticas, pero estas tienen sus limitaciones. Aproximadamente, entre un 50 y un 70 por ciento de los pacientes responden tras un primer ensayo terapéutico, pero de ellos sólo un tercio alcanzará una remisión completa, es decir, quedarán completamente libres de síntomas.

—¿Qué relación guarda la depresión con las enfermedades inflamatorias?

—La depresión está asociada a múltiples cambios neurobiológicos, entre ellos los procesos inflamatorios. La inflamación es una respuesta de nuestro organismo ante un insulto, como puede ser una infección o el mismo estrés. Se ha objetivado que en las personas con depresión se encuentran señales de que el proceso de la inflamación está activo y que cuanto más lo esté, más resistente al tratamiento va a ser la depresión. Además, en muchas enfermedades inflamatorias aparece la depresión de forma concurrente con más frecuencia que en la población general. Otro dato que ligaría la depresión con el fenómeno inflamatorio es que se ha objetivado que ciertos fármacos antiinflamatorios tendrían también propiedades antidepresivas.

—¿Cuáles son los principales tipos de depresión y cuáles son los que se encuentran con más frecuencia en los pacientes que acuden al Virgen Macarena?

—Hay muchas clasificaciones, pero actualmente podemos dividir la depresión en dos grandes grupos. El primero de ellos es la depresión mayor unipolar o trastorno depresivo mayor. El término unipolar se realiza para diferenciarlo de las depresiones que pueden aparecer en el contexto de un trastorno bipolar. En este tipo de depresiones, los factores neurobiológicos tienen más peso y, por tanto, responden mejor a los tratamientos biológicos. El segundo gran grupo corresponde a los trastornos depresivos persistentes o distimia, en los que los factores externos, así como las características de personalidad de las personas que los padecen, tienen más relevancia. Es por ello por lo que en estos casos los abordajes más efectivos son los psicológicos. Hay que tener en cuenta también que hay numerosas enfermedades así como determinados tóxicos o fármacos, que podrían provocar una depresión y formarían un grupo aparte. Por ello, un examen físico es necesario en el abordaje inicial de toda depresión.

—El número de mujeres que padecen este tipo de trastornos afectivos duplica al de hombres. ¿A qué se debe?

—La depresión es casi dos veces más frecuente en mujeres que en hombres. Existen factores tanto biológicos como psicosociales que podrían explicar esta diferencia. Entre los primeros destacan los hormonales: por ejemplo, tras el parto existe una importante vulnerabilidad para sufrir una Depresión, y el riesgo se duplica también tras la menopausia. Es cierto además que las mujeres presentan una mayor facilidad para reconocer síntomas de tipo emocionales como el bajo estado de ánimo; en cambio, los hombres suelen reconocer con más facilidad otro tipo de síntomas depresivos que se relacionan menos con la depresión como la irritabilidad, la fatiga o las alteraciones en el sueño.

—El tratamiento de la depresión se basa fundamentalmente en los medicamentos antidepresivos por un lado y en las psicoterapias por otro. ¿De qué depende que se opte por una u otra vía?, ¿ambas son complementarias?, ¿para qué tipología de pacientes están indicadas?

—El objetivo final del tratamiento de la depresión es alcanzar la recuperación completa del trastorno depresivo, entendiéndose que la recuperación completa es la remisión de los síntomas depresivos y la restauración de la funcionalidad previa del paciente en su vida familiar, social y laboral. Existen ocasiones en las que persisten síntomas después de las intervenciones farmacológicas o psicoterapéuticas, estos síntomas son conocidos como síntomas residuales de la depresión. Estos síntomas residuales se asocian con mayor frecuencia a un riesgo mas elevado de recaídas, cronicidad y deterioro funcional. Por lo tanto, es importante detectar y abordar estos síntomas residuales y aumentar la probabilidad de alcanzar una remisión completa. Existen numerosas alternativas terapéuticas para tratar la depresión. La primera línea consiste en abordajes farmacológicos y/o psicoterapéuticos. Ambas, por supuesto, son complementarias y han existido numerosos avances en ambas estrategias. Pero el gran problema es que aproximadamente un 20-30 por ciento de los pacientes depresivos no alcanzarán una respuesta satisfactoria a los diferentes ensayos terapéuticos realizados.

—¿Cuáles son los principales avances en este campo que ya se están aplicando o que lo harán en el futuro a corto/medio plazo?

—Cuando estos ensayos de los que hablábamos fallan o no han sido suficientes, existen abordajes basados en la neuroestimulación. Estamos hablando de terapias como la estimulación magnética transcraneal, la estimulación del nervio vago y la estimulación cerebral profunda, las cuales están en fase de mayor o menor desarrollo.

—Por último, ¿puede el ejercicio físico con cierta frecuencia y continuidad ayudar a combatir la depresión?

—El ejercicio aeróbico moderado, que no el intenso, se ha revelado como una estrategia útil en el abordaje de la depresión, pero sólo como potenciación de otras estrategias como las farmacológicas y/o las psicoterapéuticas, que no pueden ser nunca sustituidas. Según los diferentes estudios realizados, la recomendación sería la de efectuar sesiones de 45 a 60 minutos de tres a cinco veces por semana.

—Y la dieta, ¿también puede ayudar?, ¿cuál es la adecuada?, ¿hay otros hábitos que pueden ser útiles?

—Con respecto a las recomendaciones dietéticas, hay ciertas evidencias de que una dieta saludable, rica en frutas, verduras y, sobre todo, en ácidos omega 3, puede tener cierto efecto protector, reduciendo el riesgo de padecer una depresión. Pero estos son datos aún no muy sólidos y pendientes de ser contrastados. Por supuesto, sí que tienen un mayor peso las recomendaciones que inciden sobre el abandono del tabaquismo, el consumo excesivo de alcohol, así como el de otros tóxicos. ~


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