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El Juli: dos décadas desde arriba

El precoz maestro madrileño cerró la temporada de su vigésimo aniversario de alternativa marcando dos cumbres de distinto signo y significación en Sevilla y Madrid

10 nov 2018 / 09:25 h - Actualizado: 10 nov 2018 / 11:00 h.
  • El Juli.
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El Juli es el protagonista de la segunda edición de estas páginas especiales de repaso a los principales actores de la temporada que se fue. Julián había afrontado el año con vibraciones especiales, dispuesto a celebrar por todo lo alto la campaña en la que cumplía veinte años como matador. Todo ha pasado muy rápido desde aquella tarde nimeña de septiembre de 1998 en la que el precoz maestro madrileño tomó los trastos del oficio de manos de Manzanares y en presencia de Ortega Cano. Julián López Escobar había llegado al doctorado convertido en un auténtico fenómeno de masas en unos tiempos muy alejados del ambiente enrarecido y acomplejado que rodea hoy cualquier manifestación cultural que se aleje de la férrea dictadura de lo políticamente correcto. Aquella alternativa constituyó un acontecimiento reforzado por las cámaras de televisión pero veinte años dan para mucho...

Desde entonces, El Juli ha ido asumiendo distintas etapas profesionales y de renovación artística y expresiva; también guerras ganadas y bastantes batallas perdidas además de un gravísimo percance sufrido en Sevilla en la Feria de Abril de 2013 que partió en dos su trayectoria personal y taurina. El madrileño ya lo ha hecho casi todo en el toreo pero nos interesa el desarrollo de esta temporada concreta en la que el maestro de Velilla de San Antonio ha cumplido 43 paseíllos en ruedos españoles y franceses que le colocan en la sexta posición del escalafón estadístico de los matadores de toros.

Julián comenzó la campaña española en Castellón, prácticamente sin solución de continuidad con la temporada americana. La apertura no pudo ir mejor. Cortó tres orejas a un encierro de Garcigrande que, de alguna manera, fueron premonitorias de lo que vino después. Pasó por Illescas y Arlés, pero en su agenda aparecía subrayado en rojo el primer compromiso que tenía que cumplir en Sevilla. Y todo estalló en aquella tarde del 16 de abril, indultando al toro ‘Orgullito’, el excepcional ejemplar de Garcigrande que coronó la excelente hoja de servicios del torero madrileño en la plaza de la Maestranza.

Era la mejor manera de homenajear a una vacada y un ganadero, el criador fallecido Domingo Hernández, tan estrechamente vinculados a la carrera del diestro madrileño que, celebraba de paso ese vigésimo aniversario de alternativa en una de las plazas que mejor le han visto. Ese día, además, igualaba a Curro Romero en el número de Puertas del Príncipe, incluyendo la primera que no pudo franquear por resultar herido. La crónica publicada en El Correo de Andalucía habló del toreo entendido “como un torrente cristalino que se acabó convirtiendo en un río desbordado”. La apoteosis ha quedado para los restos.

Y pasó Sevilla, arrasando con todos los premios puestos en lid, antes de afrontar un nuevo paso por Madrid -la plaza en la que más ha dado y peor le ha tratado- después del habitual salto al ruedo mexicano de Aguascalientes y de pasaportar con aire de funcionario el compromiso de la Feria del Caballo de Jerez. Pero la tarde del 24 de mayo en la plaza de Las Ventas –actuando mano a mano con Ginés Marín en la llamada corrida de la cultura- está escrita con letras de oro en el palmarés el madrileño más allá de las orejas. El Juli cuajó ese día al toro ‘Licenciado’, otro excelente ejemplar que esta vez llevaba el hierro de Alcurrucén. El descabello cerró la puerta grande pero tampoco importa a estas alturas. El propio matador comparaba las condiciones de este animal y las de ‘Orgullito’ en una reciente entrevista concedida a Aplausos. “Quizás ‘Orgullito’ tuviese un arte especial a la hora de embestir, una forma de ralentizarse distinta; ‘Licenciado’ fue un toro más explosivo, te exigía una entrega total y tenía una flexibilidad, una manera de empujar y de salirse de la muleta muy difícil de ver...”. Fueron dos toros distintos; dos maneras diferentes de interpretar la Tauromaquia.

Y a partir de Madrid hay que marcar los triunfos de Toledo, Alicante, Algeciras, Palencia, Murcia o Zafra junto a algunas tardes de tono tibio y algunos borrones inexplicables e innecesarios como las reses impresentables que lidió en algún coso menor. En la era digital se sabe todo, se ve todo, se comenta todo y los móviles van mucho más rápido que cualquier crítica por amable o ácida que pueda resultar. El cierre se había previsto en Zaragoza, encerrándose en solitario con seis toros de distintos hierros en un festejo a la usanza goyesca. Pero el triunfo, ay, no llegó esta vez.

Julián anuncia nuevos planteamientos y estrategias para la temporada 2019 sin renunciar a los grandes escenarios. Parece ser que toreará menos pero también se ha alejado el fantasma de la retirada que se llegó a aventar en algunos cenáculos del toreo. La meta principal del madrileño sigue pasando por profundizar en su toreo. El matador se refiere frecuentemente a los resortes de esa Tauromaquia que le han llevado a olvidarse de cualquier atisbo de compostura en el manejo de la muleta. Apuesta por abarcar y apurar las embestidas en toda su dimensión apoyándose en determinados hierros que, pese a las versiones más demagógicas, no siempre son fáciles. El caso más comentado entre los profesionales es –precisamente- el de Garcigrande, un toro difícil en los primeros tercios que necesita un plus en la apuesta de su matador. En cualquier caso, esa predilección por ganaderías concretas está sacando del tablero de juego a vacadas en excelente momento que luchan en la orilla mientras ven descender el número de vacas y machos de saca. Esas consideraciones no empañan los galones del gran mariscal que ya ha salido a la palestra para contestar las últimas ocurrencias de Simón. No está dispuesto a meter su nombre en un bombo. Hace bien.


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