domingo, 28 mayo 2017
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Toros

Los hermanos Rivera rompen el guion

El último Paquirri cortó una oreja al excelente y noble ejemplar de Daniel Ruiz que le sirvió para despedirse de Sevilla. Su hermano Cayetano, muy entregado e inspirado, se llevó otra del sexto

01 may 2017 / 22:24 h - Actualizado: 02 may 2017 / 11:21 h.
  • Los hermanos Rivera rompen el guion
    El diestro Cayetano en la faena a su segundo. EFE/José Manuel Vidal
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    El diestro Cayetano (i) le brinda a su hermano “Paquirri” su segundo. EFE/José Manuel Vidal
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    El diestro Julián López ‘El Juli’ en la faena a su segundo. EFE/José Manuel Vidal
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    El diestro Francisco Rivera Ordóñez entra a matar a su segundo. EFE/José Manuel Vidal
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    Cayetano observa a su hermano, el diestro Francisco Rivera Ordóñez tras la faena a su segundo, al que cortó una oreja. EFE/José Manuel Vidal

En el guion preliminar de este Lunes de Farolillos figuraba el segundo asalto de El Juli que había transigido con un Rivera por delante y otro por detrás para escenificar su segundo pase en la Feria de Abril. Pero nada salió como se había preparado o presentido aunque Julián, que salió espoleado desde el primer lance, enseñó sus galones de primera figura con un segundo manso y cobardón al que supo sujetar en los embroques de los muletazos –cortándole la huida– para hilvanar una faena ligada y compacta, hilvanada por enormes pases de pecho. Al precoz maestro madrileño, eso sí, se le ven demasiado los alambres de su técnica, como esos segundos toques, muy bruscos, en los que baja la muleta y somete a sus enemigos. En cualquier caso, fue una faena de gran torero aunque la espada –lo cazó de media y descabello– no le permitió cortar la oreja que se había ganado. Con el quinto, seguramente el peor del desigual envío de Daniel Ruiz, su enfado era más que evidente. El animal tomaba la muleta con fea brusquedad y así era imposible.

Pero la corrida iba a dar mucho de sí. Francisco Rivera Ordóñez, el último Paquirri, se despedía de la plaza en la que tomó la alternativa hace 22 años. Y sorteó para ello el mejor lote que había llegado de los campos manchegos. Fue un primero noble y blandito al que recibió con una larga cambiada a portagayola y al que lanceó con solvencia antes de emplearse en una faena que, la verdad sea dicha, no terminó de coger forma. Pero el día estaba para él. El cuarto, al que zurraron fuerte en un puyazo al relance, llegó a la muleta embistiendo con ritmo, clase y humillación. Un largo clarinazo rubricó que se trataba del último toro que mataba en Sevilla. Paquirri se lo brindó a Paco Pablo Peralta, tan de su casa, y fue desgranando una larga faena que, por momentos fue templada y ligada. Era la mejor despedida que podía haber soñado el veterano torero que dirá adiós definitivo a la profesión en su querida Goyesca. Pero una cosa no quita la otra: el toro era de auténtica revolución. Una estocada trasera y caída no fue óbice para que el palco concediera la oreja. Se marchó con inmejorable sabor de boca.

Puestos a calibrar los trofeos hay que reconocer el peso del que obtuvo Cayetano del sexto de la tarde. El menor de los Rivera había concluido muy contrariado la lidia del tercero, un animal blandísimo que despertó las iras de ese siete en clave sevillana –los altos del ocho– que convirtieron la lidia en una riña de patio. Cayetano se había empleado desde el primer momento con el toro: recibiéndolo con templadas verónicas; galleando con vistosas chicuelinas de mano baja... pero las protestas no le dejaron ni a sol ni a sombra. Visiblemente enfadado espetó un irónico «¡va por ustedes!» a los disidentes después de tomar la espada y la muleta. Con el ambiente a la contra y después de algunas probaturas sin demasiada fe acabó despenándolo de un horrible espadazo trasero y horizontal.

Pero las cosas iban a dar la vuelta. La verdad es que Cayetano no había venido a pasearse a Sevilla después de algunas temporadas de ausencia. El segundo hijo del gran Paquirri también tuvo a favor una cuadrilla perfectamente sincronizada. Luciano Briceño colocó dos varas excelentes; Joselito Rus se empleó en la brega; Iván García colocó dos pares de premio y Alberto Zayas, el tercero, tampoco le fue a la zaga.

El animal, un punto anovillado, hizo concebir esperanzas a Cayetano que brindó su muerte a su hermano Francisco con un largo y sincero abrazo. Resuelto y convencido de triunfar, se tiró de rodillas sin importarle ni ocho ni ochenta. Aguantó el parón del toro, acortó las distancias y acabó toreándolo con limpio, templado y largo trazo abrochando los muletazos con un asombroso cambio de mano. Sonó la música y Cayetano enjaretó un puñado de muletazos aterciopelados, plenos de personalidad y cadencia, antes de que el bicho echara el freno. A partir de ahí, con toda la plaza en el bolsillo, se impuso la entrega, encerrado con el toro en las tablas en un sincero arrimón que culminó con un buen espadazo. La plaza, puesta en pie, pidió la oreja con fuerza. Le llegaron a pedir la segunda. Cayetano Rivera Ordóñez sale revalorizado de Sevilla. El guión de la tarde, definitivamente, se había roto.


plaza de la real maestranza
Ganado: Se lidiaron seis toros de Daniel Ruiz, desigualmente presentados. El encierro tuvo un común denominador de nobleza, repartida con distintos matices: desde la boyantía y calidad del cuarto, que no se cansó de embestir con ritmo y humillación, hasta la rajada cobardía de segundo y sexto. Entre medias hay que anotar el blando y dulce primero; el inválido tercero o el más brusco quinto que fue, a la postre, el peor del envío manchego.
Matadores: Rivera Ordóñez Paquirri, de azul cobalto y oro, ovación y oreja.

Julián López El Juli, de rioja y oro, ovación y silencio.

Cayetano, de púrpura y oro, silencio y oreja con petición insuficiente de la segunda.
Incidencias: La plaza se llenó en tarde espléndida. Cuando salió el cuarto aún había espectadores de pie. Dentro de las cuadrillas destacaron los hombres de Cayetano. Se guardó un minuto de silencio al cumplirse el XXV aniversario de la trágica muerte de Manolo Montoliú.


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