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Feria de Abril 2017

Manzanares: fiel espada triunfadora

El diestro alicantino amarró con dos grandiosas estocadas los trofeos que cortó al mejor lote de la completa corrida de Juan Pedro. Simón dio una de cal y otra de arena y Ponce no tuvo suerte

28 abr 2017 / 23:41 h - Actualizado: 29 abr 2017 / 09:56 h.
  • Las estocadas de José María Manzanares fueron lo mejor de una actuación en la que el alicantino no siempre estuvo a la altura de sí mismo. / Reportaje gráfico: Manuel Gómez
    Las estocadas de José María Manzanares fueron lo mejor de una actuación en la que el alicantino no siempre estuvo a la altura de sí mismo. / Reportaje gráfico: Manuel Gómez
  • Muletazo invertido de López Simón al segundo toro de su lote.
    Muletazo invertido de López Simón al segundo toro de su lote.
  • Templado muletazo natural de Ponce al desinflado ejemplar que salió en primer lugar.
    Templado muletazo natural de Ponce al desinflado ejemplar que salió en primer lugar.

La lluvia no había dado tregua desde la noche antes y, desde la hora del sorteo se discutía en los corrillos de aficionados por la conveniencia de suspender sin esperar a la protocolizada pisada del albero por parte de las cuadrillas. Pero la famosa lona Dunlop y cierta calma meteorológica dieron la razón a la espera y la corrida comenzó a la hora fijada.

El caso es que el encierro de Juan Pedro Domecq, el que se ha lidiado más fiel a su tipo, dio escasos argumentos a esos aficionados demagógicos que traían las preguntas y sus respuestas preparadas desde casa. Y es que Juan Pedro lidió un encierro completo, también algo blando, en el que sobresalieron al menos tres toros que, entre unas cosas y otras, tampoco fueron exprimidos como debían. El lote más completo de este envío de la dehesa Lo Álvaro fue para José María Manzanares que renovó su hechizo con la afición sevillana sin redondear como él sabe. Josemari puede dar más, mucho más y estuvo mejor con el noble y blando quinto que con el más completo segundo. A ambos les cortó una oreja y a los dos, ojo, les recetó dos estocadas de libro que sirvieron para despejar cualquier duda del palco y los tendidos. El primero de esos espadazos, en la suerte de recibir, ya es claro candidato a los premios más encopetados.

Fue el colofón a una faena de buena compostura, no siempre reunida ni redonda en la que brillaron más los remates que el fondo de las series. La verdad es que el diestro alicantino tardó en meterle mano de verdad a este animal que recibió otro puyazo de premio del piquero Paco María. Suso brilló con los palos y Josemari, después de torearlo aquí y allí e hilar las tandas con enormes pases de pecho recetó un puñado de derechazos que nos evocaron su trasteo revelador de la Beneficencia madrileña. Con cuatro series así habríamos estado hablando de otro mundo pero así son las cosas...

José María Manzanares si estuvo cerca de su mejor ser y estar con ese quinto de enclasadas embestidas y justo motor. El torero sí se reunió con él, toreándolo primero en redondo y con auténtica hondura antes de explayarse al natural con cadencia, intensidad creciente y sentido del ritmo. Un pase de pecho fue un auténtico monumento al arte de torear que nos llevó a otra serie superior en la que el torero se sintió por completo. En un cambio de mano el toro, agotado, pidió la muerte, resuelta esta vez con un volapié de libro que puso en sus manos otro trofeo. A Manzanares le queda otra en la Feria. Se le espera con cariño pero sabe, puede y debe dar más de sí. Otra cosa es que quiera. A su casa viene. Y él lo sabe.

Decíamos en la entradilla de la crónica que López Simón dio una de cal y otra de arena. Y es que sorprendió su positiva evolución con el soso y noblón tercero, al que toreó exquisitamente con el capote y cuido en una lidia precisa e imaginativa. Hubo garrita y expresión en el inicio de su faena y, ojo, se pasó al toro siempre muy cerca de los muslos. La escasez de su motor obligó a ir acortando las distancias y el trasteo se convirtió en un arrimón sincero que, asombrosamente, quiso ligar a un improcedente toreo de rodillas. A esas alturas el toro estaba pidiendo la cuenta y aunque la espada entró después de un pinchazo arriba ya se habían enfriado todos los entusiasmos.

Pero el diestro madrileño iba a sortear el toro más bravo del encierro, un sexto de franco galope y alegres embestidas con el que se perdió en un trasteo inconexo, sin hilo y ritmo machacón que acabó convertido en un auténtico galimatías. Es verdad que el toro, todo codicia, cambió en parte en una costalada forzada por el mal estado del piso. Pero también es verdad que el animal lo dejó en evidencia. ¿Cual es la versión auténtica de López Simón? Que cada uno escoja la que más le guste.

Abría el festejo el veteranísimo e incombustible maestro valenciano Enrique Ponce que puso mucha fe en la enclasada bondad de su primer enemigo en los dos primeros tercios de la lidia. Ponce llegó a brindar al público, confiado en esos buenos principios pero después de pasarlo con pulcritud por el pitón izquierdo se dio cuenta de que el animal era un cascarón vacío. A Enrique le iba a tocar el garbanzo más negro del envío: un cuarto que embistió como un mulo con el que sólo pudo mostrarse profesoral.

FICHA

Plaza de la Real Maestranza. Ganado: Se lidiaron seis toros de Juan Pedro Domecq, bien presentados. Dentro del buen juego global de la corrida, también de su escasez de fuerzas, destacaron dos ejemplares: segundo y el más bravo sexto. El noble primero se quedó pronto sin mecha; también acabó claudicando el dulce tercero y blandeó el nobilísimo y enclasado quinto. El cuarto, un auténtico mulo, fue el lunar negro del encierro.

Matadores: Enrique Ponce, de marfil y oro, silencio en ambos
José María Manzanares, de azul noche y oro, oreja y oreja
Alberto López Simón, de amapola y oro, ovación y ovación tras levísima petición.
Incidencias: La plaza registró casi tres cuartos de entrada en tarde fresca en la que molestó una lluvia fina en distintas fases del festejo. Brilló a caballo Paco María. Bregó muy bien Jocho y destacaron con los palos Rafa Rosa, Suso y Vicente Osuna.


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