sábado, 15 diciembre 2018
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Morante: la penúltima sorpresa

El diestro de La Puebla ha vuelto a sorprender a propios y extraños escogiendo al controvertido taurino charro Toño Matilla para que se haga cargo de sus asuntos profesionales. La historia de sus apoderamientos merece un repaso

13 oct 2018 / 16:36 h - Actualizado: 13 oct 2018 / 16:42 h.
  • Morante: la penúltima sorpresa

La noticia ha dado la vuelta a los rincones del toreo. Morante y Toño Matilla cabalgarán juntos en la temporada 2019. Atrás ha quedado el brevísimo y romántico apoderamiento con Maniolo Lozano, convertido en un nuevo eslabón de la larguísima lista de mentores y etapas profesionales que ha dejado atrás el matador de La Puebla. Lozano no había dejado de ser el catalizador de una vuelta –la que siguió a su brevísimo eclipse de 2017- que no fue tal. Este nuevo bandazo del torero invita a recuperar la tortuosa historia de apretones de manos y despedidas que ha marcado la historia taurina de un matador y un artista necesario, imprescindible y, seguramente, irrepetible.

Para ello hay que rebobinar más de un cuarto de siglo, recordando las primeras andanzas del futuro matador de la mano de Leonardo Muñoz, que le preparó su debut con picadores en Guillena en 1994. Miguel Flores, el recordado taurino malagueño –fallecido el pasado año– creyó en él y le llevó a su alternativa burgalesa el día de San Pedro de 1997. Hay que recordar que las desavenencias con Diodoro Canorea habían alejado su doctorado del coso sevillano pero los resultados cosechados en las ferias de Abril de 1998 y 1999 –dos temporadas en las que navega de la mano de José Luis Marca y Álvarez Canorea– animaron al viejo y recordadísimo empresario manchego a prepararle una millonaria exclusiva que tendría corto recorrido.

Esa famosa exclusiva ya hacía aguas a la muerte de don Diodoro y quedó sentenciada después de la feria de 2000, preparada para la coronación de Morante que resultó gravísimamente herido. Manolo Macías, amigo del torero, se hizo cargo de sus asuntos profesionales en ese tramo de transición pero la temporada 2001 la estrenó con nuevo mentor. Manolo Camará, el prestigioso taurino cordobés –también fallecido– tomó las riendas de su carrera sucediendo a Macías, que siguió vinculado al torero de otra forma. Pero al final de aquella campaña iba a llegar un nuevo acuerdo que inauguraba otra etapa profesional.

Morante otorgó los poderes esta vez a su amigo y paisano José Luis Peralta, con el que afrontó un largo lustro en el que no faltaron las dificultades. El diestro cigarrero estaría ausente de Sevilla en 2002 y 2004, año en el que tuvo que cortar por lo sano para afrontar y resolver unos graves problemas psiquiátricos. Pero el torero iba a poner a prueba la capacidad de sorpresa de mundillo taurino una vez más. Al concluir la temporada 2006, Peralta se quedaba en el camino. Ese mismo otoño convocó a lo medios en el hotel Alfonso XIII para anunciar a bombo y platillo que su nuevo mentor era Rafael de Paula. Los que conocían el paño torcieron el gesto. Aquella fábula no podía durar y Morante, fiel a su vocación de Guadiana, volvió a sumergirse en un nuevo eclipse después de mandar a Jerez al diestro gitano. Antes había quemado todas sus naves en la emocionante encerrona de la Beneficencia madrileña.

Pero –la historia se repite– el alejamiento no iba a ser demasiado duradero. Su íntima amistad con Antonio Barrera le llevaría a la órbita de su suegro, el constructor y ganadero José Sánchez Benito que le aseguró un altísimo caché difícil de materializar. El asunto saltó en la famosa espantada de Roquetas –se marchó de la plaza vestido de luces y sin hacer el paseíllo por desavenencias económicas– aunque el torero aún mantuvo a Benito –y Barrera– a su lado hasta 2009.

Lo que nadie podía suponer es que el diestro de La Puebla escogería a Curro Vázquez para que llevara sus asuntos a partir de 2010. Ambos habían chocado poco antes, a raíz de la concesión de la medalla de oro de las Bellas Artes a Francisco Rivera, sobrino de Vázquez. Pelillos a la mar: Morante y el veterano diestro de Linares afrontaron juntos las temporadas de 2010, 2011 y 2012. Ese último año reaparecería en escena su cuate Antonio Barrera, recién retirado de los ruedos.

Barrera quedaba con las manos libres para retomar la carrera de su entonces íntimo amigo bajo la cobertura empresarial del multimillonario mexicano Alberto Bailleres, mascarón de proa de la empresa Espectáculos Taurinos de México. Algunas formas y decisiones de Barrera, investido de embajador de los asuntos taurinos del magnate azteca, también acabarían por dejarle en el camino sin abandonar la poderosa casa empresarial, reconvertida en Fusión Internacional por la Tauromaquia (FIT) a raíz de las sucesivas alianzas con José Cutiño y los hermanos Chopera. Morante escogió entonces a un hombre de trastienda, José Miguel Carvajal, para hacerse cargo del trabajo de despacho. El 13 de agosto, ya es más que sabido, llegaba el peúltimo eclipse que implicaba un nuevo cierre de etapa. Manolo Lozano apareció para “bordar” una temporada, la de 2018, en la que ha habido de todo. La de 2019 tendrá el nombre de Toño Matilla. Morante ya es una pieza más del negocio. A ver lo que dura el asunto,


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