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Antonio Reyes y Rycardo Moreno, cóctel de cayena y miel

Comienza el ciclo ‘Noches de Itálica’ en el Hotel Colón con un singular recital de Antonio Reyes y Rycardo Moreno, voz de miel y guitarra de cayena picante

20 ene 2023 / 18:58 h - Actualizado: 20 ene 2023 / 19:00 h.
"Flamenco","Música"
  • Antonio Reyes y Rycardo Moreno, cóctel de cayena y miel

Antonio Reyes se caracteriza por tener un cante clásico y una voz de miel. Todo lo contrario que la sonanta de Rycardo Moreno, que se dirige al terreno de la vanguardia hasta delimitar un toque irreverente y picante, aunque hunde sus raíces en el soniquete de su tierra lebrijana. Los dos juntos nos brindaron ayer un singular y gustoso recital en la biblioteca del Hotel Colón, un cóctel de cayena y miel que supuso el pistoletazo de salida del ciclo ‘Las Noches de Icónicas del Colón’.

De pie ante el público, acompañado de Rycardo y dos palmeros, Antonio comenzó con una particular versión de ‘La Leyenda del tiempo’, a caballo entre la de Enrique Morente y la que popularizara en su día Camarón de la Isla, aunque con el pellizquito dulce que caracteriza su voz. Y con ese tema ya de entrada se ganó el fervor del público, que desde ese momento no paró de alentarle con los consabidos oles y frases típicas de la afición flamenca.

Tras ese tema Antonio se sentó y saludó al público, y acto seguido nos cantó por tientos. La guitarra de Rycardo Moreno entonó unos acordes extraños para ese palo, y Antonio lo abordó con un ritmo cadencioso y una hondura que hizo extensible a los tangos finales. El guitarrista lebrijano adornaba el cante con algunas falsetas propias de su forma de interpretar el flamenco, tradicional y vanguardista a un tiempo, y de vez en cuando miraba al cantaor y sonreía con un gesto que evidenciaba admiración y disfrute a partes iguales.

Un disfrute que se impuso entre público con el tema siguiente, unas alegrías repletas de melismas con las que Antonio se acordó de Camarón y de La Perla, mientras Rycardo, con aire juguetón, se fue para Morón. Aunque volvió a Lebrija en el siguiente tema, un solo de guitarra un tanto desconcertante, de impronta minimalista, aunque con compás de romance. Para ese toque Rycardo cambió de guitarra y a partir de ahí su toque, que hasta entonces había sonado un tanto bajo, adquirió la potencia que le correspondía.

En ese sentido cabe resaltar la naturalidad del sonido, cuyo volumen estaba tan ajustado que parecía que no estaba amplificado, lo que unido a la cercanía y el intimismo del espacio fomentaba la interacción con el respetable, que en todo momento cumplió con el papel activo que el flamenco le solicita.

Antonio Reyes volvió de nuevo al escenario y se lució por seguiriyas, alcanzando un considerable grado de complicidad con el toque de Rycardo, mucho más clásico que el de los palos anteriores. Al igual que el de la soleares, que el cantaor chiclanero preñó de sentimiento, y las bulerías y los fandangos finales, que enardecieron nuestros corazones.


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