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Actualizado: 02 oct 2023 / 17:24 h.
  • El maestro madrileño recibió el cariño del público sevillano en su adiós. Foto: Arjona-Pagés
    El maestro madrileño recibió el cariño del público sevillano en su adiós. Foto: Arjona-Pagés

Tres llenazos, tres. Antes de entrar en los terrenos artísticos y emocionales que ha sembrado la feria de San Miguel conviene subrayar el dato: el trío de taquillazos consecutivos –reforzados por el anuncio de la despedida de El Juli y el eco del rabo morantista- invitan a pensar, con los pies en el suelo, en una nueva perspectiva para unas fechas, las de la Feria de San Miguel, en las que no hace tanto costaba Dios y ayuda colocar a las figuras. Pero las cosas han cambiado; también los usos del turismo y esas visitas que abarrotan la ciudad en la frontera del otoño y sin las que sería imposible llenar los escaños maestrantes con un público que ya nada tiene que ver con el senado taurino de no hace tanto...

¿La feria podría crecer? Posiblemente... y lo debería hacer –lo apuntábamos en el Observatorio anterior- a costa de ajustar la oferta primaveral que empieza a hacerse demasiado larga y hasta a mostrar ciertas incompatibilidades con los cambios de costumbres y el imperio de la fiesta de los farolillos. En septiembre es otra cosa; el toro reina en solitario sin solaparse con el Real.

Dejamos ahí la reflexión para entrar de lleno en el análisis de tres intensos días de toros y toreros que han arrojado un puñado de titulares. El primer festejo se iba a saldar con una única oreja. La cortó Pablo Aguado enseñando un toreo ajeno a estadísticas ni competencias que embelesa y abre las puertas a otra dimensión: la de la cadencia y el goce estético. El toreo alado del matador sevillano fue la mejor noticia de una tarde en la que se apuntó una leve recuperación taurina de Manzanares.

Morante sale del tablero

Pero el titular más grueso, también el más indeseado lo iba a dictar Morante de la Puebla. Después de torear el mediocre envío de Matilla anunció lo que ya no se podía demorar por culpa de su maltrecha muñeca: cortaba lo que quedaba de temporada y dejaba un ancho vacío en la despedida de El Juli a la vez que aventaba todo tipo de noveleos y conjeturas en esas redes sociales que algunos confunden con la vida real. Eso sí, a la empresa le tocaba sustituir lo insustituible...

La sal del día siguiente la ponía el pique sostenido entre Talavante y Roca Rey. Pero no hubo tal, más allá de un quite allí o allá. El primero pasó como una sombra y el segundo, sin lote a favor, hizo un sincero esfuerzo con el sexto de la tarde. Pero en la corrida de Victoriano del Río había un lote premiado, colocado en las manos de Sebastián Castella. Le Coq pasó de convidado de piedra a triunfador del festejo gracias a la generosidad de un público desnortado y la sorprendente dadivosidad del palco. En la labor del francés hubo alguna vía de agua y lo que en otro momento habría quedado en ovación y oreja se convirtió en una apoteosis más o menos premeditada de tres trofeos que validaron –la absurda dictadura aritmética- ese paseo bajo el arco del Príncipe que se ha convertido en una mera cuestión de números y un fin en sí mismo para el público de aluvión que, eso sí, también se retrata en la taquilla.

Una mejorable sustitución

Mientras Castella salía en volandas, los aficionados seguían preguntándose quién sustituiría a Morante en la función dominical para despedir a El Juli. Empiecen a atar cabos... ¿Recuerdan cuando el insufrible Pedro Sánchez sentenció quién mandaba sobre la fiscalía? Pueden darle la vuelta a la pregunta. ¿Quién apodera a Castella? Pues eso... Toño Matilla se llevó el gato al agua –y su tercera comisión- colocando a su torero en el anchísimo hueco dejado por Morante.

A la mayoría del público, el mismo que había propiciado esa ramplona Puerta del Príncipe, le traía al pairo pero el aficionado barajaba otro nombre que no hace falta ni mentar. ¿o no? Pero el negocio taurino –volvemos a invocar a Ortega- no se libra del tacticismo que empobrece el mundo de la política y la fontanería taurina se impuso a la más elemental lógica taurina. ¿Quién tiene el mango de la llave inglesa? Pues todos firmes...

En la despedida de un figurón

La plaza, afortunadamente, recuperó su mejor ser y estar en la corrida del adiós de El Juli. Era el mismo escenario pero otro personal que refuerza una constante: la pérdida de esa voz unitaria, de la antigua personalidad de los tendidos. Las cosas son así, pero mejor no abandonarse a la melancolía... El caso es que la gente entró en el verdadero argumento de una corrida intensa y emocionante que sirvió para despedir para la mejor historia del toreo a una auténtica figura de época que no ha renunciado a sus galones desde que tomó la alternativa, hace ya un cuarto de siglo.

Ese rosario de emociones dictaron el hilo conductor de una función en la que Castella no terminó de afinarse –la mudanza de público propició el poco caso que le echaron después de encumbrarle el día anterior- y Daniel Luque volvió a revelarse como uno de los toreros que reúne más virtudes –si no el que más- del actual escalafón de matadores de toros. El diestro de Gerena aúna capacidad, sentido de la estética, ambición, impresionantes resortes técnicos...

Anda aún en vías de recuperación de una dolorosa y compleja fractura de peroné que se hizo evidente en una levísima cojera al abandonar la plaza. Luque hizo un gran esfuerzo pero mostró el nivelazo inalcanzable en el que se mueve delante de los toros. No sabemos si aún sigue pagando facturas personales pero una cosa es segura: debe ocupar otros puestos, entrar en otros carteles, reinar en las ferias.

Así concluyó el abono y la temporada oficial en espera de ese festival que ha servido para llenar taurinamente la clausura de la campaña y se ha convertido, de paso, en una valiosa fuente de ingresos para las cofradías sevillanas. Morante también había dejado un hueco libre para ese festejo mudado de fecha –precisamente- para que el cigarrero pudiera anunciarse. La sustitución, que también ha tenido sus intríngulis, se ha resuelto con justicia: Borja Jiménez se unirá al elenco de lidiadores que harán el paseíllo a beneficio de las obras sociales y asistenciales de la Hermandad del Rocío de Triana y la Fundación Alalá. Se lo contaremos.

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