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Pasa la vida

Canal Sur, empleos privados y periodismo público

Es la hora de marcar un antes y un después en la más crucial modernización que necesita la RTVA, que es la ética y no la tecnológica, en la que puede ser última oportunidad de regeneración

Juan Luis Pavón juanluispavon1 /
08 jul 2019 / 08:02 h - Actualizado: 08 jul 2019 / 08:42 h.
  • Juan de Dios Mellado, director general de RTVA. / El Correo
    Juan de Dios Mellado, director general de RTVA. / El Correo

Vayamos al grano. Para que usted tenga una rápida y certera referencia con la que evaluar el rendimiento de Canal Sur durante 30 años como medio de comunicación al servicio de la ciudadanía, les recomiendo encarecidamente que busquen en internet y lean el artículo del periodista Juan Tortosa 'Carta a Juande Mellado, nuevo director general de la RTVA', publicado en 'Confidencial Andaluz'. Tortosa es un profesional a quien su talante progresista no le nubló mirarse al espejo de su honestidad y su dignidad, y se marchó en lugar de apalancarse en un buen sueldo, en lugar de argumentar que ese empleo público era suyo y para toda la vida. Sintetizo su artículo para acompañarles a su lectura de cabo a rabo. “En 1989 fui de los ingenuos que se creyó el proyecto. Se trataba de vertebrar Andalucía, nos decían. Me engañaron desde el minuto uno. Como editor de los servicios informativos, yo quería hacer información decente para la gente de a pie, pero pronto entendí que en Canal Sur aquello sería imposible. En Canal Sur el periodismo lleva tres décadas en la sala de espera”.

En nada me consuela que en el común de las radios y televisiones autonómicas se hayan vertebrado caciquismos y clientelismos al dictado del partido en el gobierno. Con TV3 como paroxismo de la manipulación para violentar la verdad y la democracia. Solo será creíble decir que la Radiotelevisión andaluza ha cambiado y cumple su estatutaria razón de ser, para la que está dotada con 1.500 trabajadores y 139 millones de presupuesto anual, cuando su nuevo director general logre que la programación sea genuinamente periodística y basada en el derecho de los andaluces a disponer de información veraz y de interés general, le guste o no a quien se sienta poderoso.

Animo al colega Juande Mellado a tener como referencia, para atreverse a marcar un antes y un después en la más crucial modernización que necesita la RTVA, que es la ética y no la tecnológica, lo que sucedió cuando, el 19 de enero de 1996, el periodista de Canal Sur TV José María Montero desveló, con imágenes sobre el terreno y con la documentación facilitada por un profundo conocedor de la verdad, las filtraciones tóxicas que llegaban al Guadiamar desde la presa donde se vertían los residuos de la mina de Aznalcóllar, cuyos muros evidenciaban serio riesgo de desplome. La multinacional sueca Boliden salió rauda a la palestra para callar la boca al medio de comunicación, que informó hasta el 1 de febrero de las diligencias iniciadas por la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir y por técnicos de la Agencia Andaluza de Medio Ambiente. Pero en la cúpula política de la Junta de Andalucía no había prisa por afrontar el problema, del que había denuncias desde 1994. Se minimizó, se hizo caso a las presiones de mantener la 'paz social' en la comarca de Aznalcóllar ante el miedo de que mucha gente se quedara en paro si se cerraba la mina hasta que se garantizara la seguridad medioambiental. Se impuso el silencio. Y el 25 de abril de 1998 reventó la balsa de residuos tóxicos. Reparar la catástrofe le costó a Andalucía 39 mil millones de pesetas, el equivalente a 240 millones de euros.

Si Canal Sur TV hubiera dado continuidad a su exclusiva, preguntando qué pasaba con esos expedientes en organismos oficiales, y dando voz a los expertos que conocían el caso, es probable que se hubiera producido el natural proceso de conformación de opinión pública ante el que se reacciona desde un gobierno para tomar medidas. Quizá se hubiera paralizado a tiempo el fatídico llenado y desplome de la balsa. Y Canal Sur hubiera justificado su misión y su condición de servicio público. Ahora tiene la que puede ser última oportunidad de regeneración.


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