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Pasa la vida

España. Entre la realidad de los hechos y el relato de su imagen

Juan Luis Pavón juanluispavon1 /
15 sep 2019 / 08:59 h - Actualizado: 15 sep 2019 / 10:37 h.
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  • España. Entre la realidad de los hechos y el relato de su imagen

Las jornadas en las que el Rey volverá a consultar a los partidos políticos qué piensan hacer en el Parlamento para el que fueron votados por el pueblo hace cinco meses, y si, por segunda vez, van a abortar el resultado del sufragio universal porque no son capaces de propiciar un acuerdo de investidura y de gobierno, coinciden con la publicación del libro 'España. Un relato de grandeza y odio, entre la realidad de la imagen y la de los hechos', del historiador José Varela Ortega. El nieto de Ortega y Gasset es autor de un exhaustivo estudio sobre el rosario de estereotipos que han conformado la historia de la imagen de España en el exterior, desde el siglo XV al XXI. Muchos siguen vigentes, tengan o no base cierta. Y tanto los comportamientos como las propagandas de quienes actualmente mandan en los partidos están fortaleciendo la perpetuación de estereotipos como el acuñado a partir de la frase que se le atribuye al canciller germano Bismarck en la Europa de 1870: “Estoy firmemente convencido de que España es el país más fuerte del mundo. Lleva siglos queriendo destruirse a sí mismo y todavía no lo ha conseguido. El día que deje de intentarlo, volverá a ser la vanguardia del mundo”.

La historia se conforma con los hechos de cada día. Hacerle perder el tiempo a todo un país, dilapidando el año 2019, comporta para millones y millones de españoles un coste de oportunidad que no pagan de su bolsillo quienes lo deciden desde el gobierno y desde la oposición. Tanto monta monta tanto, del erario público viven unos y otros. La España contemporánea, cuya mejor imagen en el exterior la aportan sus deportistas en multitud de campeonatos (tenis, baloncesto, fútbol, motociclismo...), está perdiendo las altas cotas de prestigio que alcanzó políticamente en el concierto internacional por el éxito de su transición de la dictadura a la democracia. El deterioro de la reputación de sus instituciones, aquejadas de corrupción e inmovilismo, está siendo aprovechado por las corruptas élites del secesionismo catalán para demonizar la idea de España, la realidad de España y propagar que es un estado franquista y represor. Cuando lo más franquista y represor que acontece al sur de los Pirineos es el negacionismo perpetrado por los independentistas contra los millones de paisanos que entienden su catalanidad obviamente unida a su identidad española.

Ante hechos tan importantes como el cambio climático, el decaimiento internacional de la actividad económica, el impacto del 'brexit', la amenaza de insumisión desde el gobierno autónomo catalán, el porcentaje mayor de desempleados en Europa occidental, ser el segundo país del mundo que más dinero adeuda, tener una raquítica tasa de natalidad y un sistema de pensiones ya insostenible, las cúpulas de los partidos han decidido que lo más urgente era edificar un relato sobre su propia imagen con visos electoralistas. Lo primero, el postureo de parecer irreconciliables. Y si no hay más remedio, porque se acrecienta la indignación ante tamaña dejación de funciones y se malician que no va a funcionar el relato de culpar a los demás, solo entonces se pacta encauzar la legislatura. Ese tacticismo subvierte la letra y el espíritu de las normas constitucionales. Como ya he analizado en anteriores artículos, en España faltan estadistas y sobran asesores de imagen. La peor 'leyenda negra' sobre cómo es la sociedad española no procede ahora del extranjero. La que se urde internamente, exasperadamente cainita, es mucho más perniciosa hoy en día que la británica o la francesa.

A todo lo expuesto sobre la 'tormenta perfecta' de la coyuntura geopolítica se añade la enorme devastación causada por el ciclónico temporal, sobre todo en las comunidades de Murcia y Valencia. El impacto económico en ambas va a ser agobiante. Ninguno de los líderes, ninguno de sus afines y asesores, tendrá redaños para decir públicamente en Orihuela que no es posible pactar en el Parlamento, que es mejor repetir las elecciones para aspirar a otro reparto de escaños, seguir por tercer año solamente con presupuestos prorrogados y esperar al 2020 para aprobar unos Presupuestos Generales del Estado verdaderamente actualizados, dejando mientras tanto en el limbo los parámetros de financiación de los ayuntamientos y autonomías de toda España.

Díganlo en Orihuela, y después hablen de derechas e izquierdas.


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