sábado, 16 octubre 2021
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Los medios y los días

Lamentable, profesor Castells

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30 ene 2021 / 04:00 h - Actualizado: 30 ene 2021 / 04:00 h.
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  • El ministro de Universidades, Manuel Castells.
    El ministro de Universidades, Manuel Castells.

Profesor Castells, escribo desde mi estudio, en casa. Aquí hay libros suyos. Cuando a principios de los años 70 era estudiante en la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad de Sevilla y militaba en grupos comunistas -primero en la Joven Guardia Roja y luego en el PCE- ya estudiaba libros suyos de temática sociológica urbana. Ahora que soy catedrático y milito en el Partido Ramonista-Reigista, que sólo cuenta con un único militante: yo mismo, sigo leyéndolo y me han sido sus textos de enorme utilidad para comprender las interrelaciones mundiales entre poder y comunicación así como la Sociedad Red. Su trilogía La era de la información ha marcado un hito, ha llegado a ser usted el autor de habla hispana más citado en todo el mundo dentro de su especialidad y lo felicito por ello.

Lamento decirle que creo que es usted tan buen pensador como mal ministro y aun así es usted mi ministro y lo sigo respetando sin que eso me impida expresarme libremente, supongo, porque usted es también parte del nuevo autoritarismo llamado posmodernidad, algo que siempre hay que tener en cuenta. Como sabrá de sobra, es usted el ministro invisible, yo me tomo su caso como el del sabio o el intelectual a quien colocan donde no debe estar porque usted nos sería de mucha más utilidad investigando, pensando, estudiando y publicando que sometido a una formación política y a un gobierno que juega peligrosamente con fuego y ni siquiera nos dice abiertamente dónde quiere llegar, como creo que nos merecemos.

Tiene usted en sus manos la oportunidad de empezar a transformar la universidad española si tanto le interesa el bienestar de los alumnos. Hay que ir al fondo de las cuestiones, profesor, no a buscar el aprobado de la clientela y empoderarla más aún lo cual conlleva desacreditar a quienes cuentan decenios en la universidad, enseñando, investigando, gestionando. Usted representa la continuidad en la universidad de la educación consentidora doméstica: que los niños nos quieran, por tanto, démosles cuanto demanden. Los padres desean aprobación filial -el mundo al revés- y usted anhela votos. Teníamos bastante con la señora Celaá y sus planes de estudios supuestamente progresistas en los que estimula la mediocridad, ignora a la Ética en la ESO, la Educomunicación, el Hecho Religioso como fenómeno antropológico y psicológico y por supuesto los enfoques estructurales tanto simples como complejos, de tal manera que cuando el alumnado llega a la universidad uno se da cuenta de que hay cuestiones básicas para caminar por la vida que no sabe. Y esto lo compruebo yo año tras año en el último curso de la carrera de periodismo en personas que ya están informando y formando a los públicos a través de los medios.

Soportamos el falso progresismo de la señora Celaá y ahora su invisibilidad que se torna visible para asuntos relacionados con la oclocracia. Tiene usted una universidad española ralentizada por una maleza burocrática que no hay machete que la deshaga o la mitigue con lo cual es imposible luchar para que, a pesar de la parte tan pequeña del PIB que se dedica a investigación, la universidad española esté mejor posicionada en los rankings internacionales. Tiene usted un Plan Bolonia que en lugar de aminorar la masificación y aumentar los conocimientos se implantó a coste cero y obligó a que muchas materias que se impartían en nueve meses ahora deban desarrollarse en cuatro. Tiene usted a un cuerpo de profesores asociados con sueldos ridículos con lo imprescindibles que son para que la universidad conecte bien con los mercados. Tiene usted una fuga de cerebros de becarios que preparamos con dinero público español para que luego acaben en universidades foráneas. Tiene usted a cerebros españoles jubilados y en sus casas cuando usted, que tantos años ha estado en EEUU, sabe que allí hay docentes que con más de noventa años aún imparten sabiduría. Tiene usted la investigación española en revistas académicas sometida a los dictados meramente formales de revistas extranjeras propiedad de grandes editoras y de grandes empresas que las consideran business. Tiene usted a España en un lugar secundario a la hora de encabezar la investigación de los países de habla hispana... ¿No le interesan nuestros países hermanos?

En definitiva, tiene usted en un estado anémico al “objeto de estudio” de su ministerio, ha ejercido usted de crítico del poder (“El poder se ejerce construyendo significados en la mente humana”, ha escrito usted en su libro Comunicación y poder), y ahora que tiene la oportunidad de ejercer el poder pero a su manera, es decir, se supone que con otra ética, con otro enfoque transformador y creador de mentes críticas, lleva usted demasiado tiempo en la oscuridad y cuando aparece es para adular y para aplicar aquello de “el cliente siempre lleva la razón”. Sean como sean los exámenes, hay algo evidente y seguro mirado desde mi posición de profesor de a pie: usted no pone toda la carne en el asador en el tema del “objeto social” de su ministerio.

Bien, usted es el ministro y sabrá lo que hace. Siga así, yo seguiré sobreviviendo intelectualmente a pesar de usted, si usted también lo quiere, claro. Entre el profesor Castells y el ministro Castells veo como una bipolaridad inmovilista y oportunista que no me esperaba. Lo siento.


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