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«No se puede tener éxito sin saborear el fracaso»

Enrique Parrilla participa en los Desayunos Cinco Nueves de Cobre las Cruces y El Correo, donde insta a los emprendedores a no dejar de perseguir su sueño por muchos traspiés que haya en el camino

16 jun 2015 / 20:59 h - Actualizado: 17 jun 2015 / 10:44 h.
"Innovación","Emprendedores"
  • José Luis Bonilla, Juan Román, director general de la Fundación Cobre las Cruces, y Enrique Parrilla, de Lantia Publishing, ayer en el Cortijo Gota de Leche. / Jesús Barrera
    José Luis Bonilla, Juan Román, director general de la Fundación Cobre las Cruces, y Enrique Parrilla, de Lantia Publishing, ayer en el Cortijo Gota de Leche. / Jesús Barrera
  • Luque de Jara, López, Periáñez y Bravo. / Jesús Barrera
    Luque de Jara, López, Periáñez y Bravo. / Jesús Barrera

Enrique era un niño de cinco años al que sus padres, cuando había que castigarlo, le dejaban sin leer sus tebeos. El ingenio infantil y la pasión por la lectura le llevaban a esconder sus cómic en «lugares secretos». Hoy, Enrique Parrilla, sevillano de 44 años, es el presidente de Lantia Publishing, una compañía de software inmersa en el mundo editorial (en su página web afirman: «Te ayudamos a tener tu propio sello editorial en 24 horas»).

Hasta llegar a trabajar en lo que verdaderamente le apasiona desde pequeño, los libros, Enrique (ingeniero de Telecomunicaciones) se ha forjado como empresario a base de trabajo, constancia y un ingrediente básico según sus palabras: el fracaso. «Un empresario no puede tener éxito si no saborea antes el fracaso». Todos los años, al llegar el 15 de abril, el fundador de Lantia Publishing no solo sopla las velas de una tarta; también se acuerda de aquel 15 de abril de hace nueve años cuando «perdí mi primera empresa». «Todavía recuerdo esas oficinas vacías. Me dolió muchísimo, por eso quiero recordarlo, para que sabiendo en qué fallé, no vuelva a cometer los mismos errores», reflexionó Parrilla en los Desayunos Cinco Nueves, organizados por la Fundación Cobre las Cruces y El Correo de Andalucía, editado por el Grupo Empresarial Morera & Vallejo.

«No pasa nada cuando te la pegas y te la pegas a lo grande. Mejor pensar a lo grande e intentarlo que quedarte en casa», continuó su intervención (El fracaso. La herramienta secreta del emprendedor) ante un foro de emprendedores y representantes de organismos públicos y privados que trabajan por fomentar el emprendimiento. A todos ellos les dio la receta de su éxito (entre los últimos que ha añadido a la lista está el premio internacional de la revista Red Herring, que ha incluido a esta firma sevillana entre las cien empresas europeas más disruptivas del momento): trabajo, trabajo y más trabajo. «Mi padre fue el que me inculcó este valor», un valor que Enrique practica aunque le «repateen» tantos viajes de un lado al otro del planeta cuando sus dos hijos «están en una edad fantástica».

«¿A qué llamamos fracaso? Vivimos en un mundo privilegiado», así que lo más sensato es «no conformarse, no esperar» y perseguir el sueño. En estas últimas palabras ha jugado un papel esencial la experiencia vital de Enrique. «A mi padre le diagnosticaron un cáncer de colon y lo que iba a ser una operación relativamente sencilla lo tuvo dos meses en el hospital. Tenemos un tiempo limitado», relató emocionado a los presentes.

«Abrázate a tu pasión»

Enrique Parrilla subraya dos perfiles necesarios para conseguir la internacionalización de un proyecto: hablar inglés a la perfección y vivir al menos un año fuera de España para practicar una inmersión total en la cultura del otro país. Nada de comer paellas los fines de semana ni quedar con españoles. Donde fueres, haz lo que vieres, diría Don Quijote. Así es como Enrique consiguió hacerse un hueco (y qué hueco) en el exigente y competitivo mercado americano.

Si todos estos ingredientes se ponen en la misma coctelera, Enrique Parrilla lo tiene claro: «40 años después, toda mi formación me ha conducido a la que era mi pasión. Hay una frase que me gusta mucho El universo siempre conspira. No creo en el destino, creo que este nos lo hacemos nosotros, pero cuando te abrazas a tu pasión, al final, lo consigues». Aquel niño de cinco años al que sus padres castigaban de tarde en tarde con no leer sus tebeos es hoy, gracias a su constancia, un emprendedor de éxito: «Uno tiene que hacer aquello que le gusta. Si disfrutas no trabajas ni un solo día de tu vida».


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