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Educación en igualdad, una asignatura todavía pendiente en las aulas

La falta de referentes femeninos en los libros de texto está propiciando una desigualdad social dentro de las escuelas, por eso un grupo de profesoras andaluzas ha creado un blog en el que poder incluir a las mujeres con materiales elaborados por ellas mismas

Verónica Ojeda verojeper /
09 mar 2021 / 15:23 h - Actualizado: 09 mar 2021 / 15:32 h.
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Los niños no lloran, tienen que ser fuertes. Las niñas son sensibles y tienen muñecas. Los niños no bailan, juegan al fútbol. Las niñas llevan pendientes. Faldas para ellas y pantalones para ellos. Azul. Rosa. Pelo corto para los chicos. Pelo largo para las chicas. Pero ¿por qué es así? ¿Y si la sociedad dejase de imponer roles y estereotipos a las personas? ¿Y si los niños sí lloran y bailan, y las niñas no quieren llevar pendientes y no quieren jugar con muñecas? ¿Y si la educación fuese en igualdad y eliminase esos estereotipos por razón de sexo? Si los niños y las niñas pudiesen ver referentes femeninos en los libros de textos y más mujeres como directoras de los colegios, entre otros aspectos, entonces estaríamos hablando de coeducación -educación en igualdad-. Una educación libre de machismo, sexismo y, por tanto, violencias machistas. Una educación feminista que no trata diferente a los chicos que a las chicas.

Mayte Padilla, catedrática de la Facultad de Educación de la Universidad de Sevilla, cuenta a este periódico la diferencia entre la escuela mixta y la escuela coeducativa. «En la actualidad tenemos una escuela mixta, en la que están los niños y las niñas. Este es el modelo que predomina, aunque haya todavía algunos centros que se dedican en exclusividad a uno de los géneros. Sin embargo, el hecho de que sea una escuela mixta no quiere decir que sea una escuela coeducativa. Una escuela coeducativa sería la que reconoce que las mujeres y los hombres somos diferentes y que por el hecho de ser chico o chica se nos asignan unos roles distintos. De esta forma, intentamos que esas diferencias no se conviertan en desigualdades y cuestionamos los roles para que el mero hecho de ser chica no me conduzca a unos determinados estudios, no me traten de una manera determinada o no me enseñen unas cosas distintas que a mis compañeros», explica.

Desde 2005, Andalucía es la única comunidad autónoma que tiene un plan de igualdad dentro de una normativa de obligado cumplimiento en todos sus centros educativos. Entre los objetivos de este plan, se prevé la existencia de una persona responsable de coeducación que coordine al profesorado y proponga actividades en este ámbito o la aportación de datos segregados por sexo para poder estudiar con perspectiva de género. No obstante, las expertas afirman que estamos todavía lejos de una coeducación real y de calidad.

Una de las razones es la organización escolar en los colegios e institutos, en los que hay un 97,7 por ciento de profesoras en Educación Infantil, un 71,2 por ciento en Educación Primaria y un 55 por ciento en las enseñanzas de secundaria. Sin embargo, solo hay un 31,1 por ciento de mujeres directoras en los centros de Educación Secundaria y un 43,6 por ciento en los de Educación Primaria, según el último Informe Anual de la Coeducación en Andalucía. Mayte Padilla afirma: «Si hubiese igualdad en los centros escolares podríamos decir que hay un número equilibrado de mujeres directoras respecto al número de varones directores, pero no es así. La propia organización escolar no refleja el mismo papel para la mujer como líder que para el hombre».

El masculino como un lenguaje universal, excluyendo la presencia y el protagonismo de las niñas y mujeres, es otra muestra de desigualdad. Las investigadoras explican que el hecho de que utilicemos el lenguaje masculino es una consecuencia de que en nuestra cultura se atribuye mayor valoración social a todo lo relacionado con los varones. «Existen diferencias en el comportamiento del profesorado en cuanto al tipo de adjetivos que utilizan con los niños y las niñas o el contenido de las interacciones. A los chicos se les habla de una forma muy disciplinada y a las chicas de una forma muy explicativa, parece que como es mujer no lo va a entender y necesita que lo explique más veces».

También hay investigaciones que muestran que el uso del espacio del patio por parte de niñas y niños no es equitativo. Los estudios muestran que el espacio del patio que ocupan los niños es superior al que ocupan las niñas. Mayte dice que, como no prohíbas el fútbol, los chicos acaban utilizando los mejores espacios del recreo y las chicas se van a los sitios periféricos para evitar los balones, dejando los sitios centrales a los chicos para su juego.

Pocas mujeres en los libros de texto

Por otro lado, los libros de texto están mostrando una visión parcial de la realidad en la que las mujeres son excluidas sistemáticamente de las escuelas, propiciando también que no exista la igualdad dentro de la educación y dejen en inferioridad la posición de la mujer. Las niñas crecen pensando que no hay escritoras, historiadoras, científicas, pintoras, entre otras muchas profesiones, pero sí las hay. La inclusión de las mujeres es necesario para no privar al alumnado de una parte del conocimiento primordial, que es el derecho a conocer que la historia también la crearon las mujeres, no solo los hombres, porque lo que no se nombra no existe.

Educación en igualdad, una asignatura todavía pendiente en las aulas

El estudio «Olvidadas antes de ser conocidas. La ausencia de mujeres escritoras en los libros de texto en la enseñanza obligatoria» publicado en 2019 revela que solo hay un 7,51 por ciento de mujeres en los libros de la asignatura de Lengua castellana y Literatura de las editoriales Anaya, Edebé, Editex, Casals, Santillana y SM, mientras que de hombres hay un 92,49 por ciento. Por otro lado, el estudio «Análisis de la ausencia de las mujeres en los manuales de la ESO: una genealogía de conocimiento ocultada» realizado en 2014 detalla que la presencia de mujeres disminuye a medida que los cursos aumentan de nivel y los contenidos ganan en profundidad. En la segunda etapa (3.º y 4.º de ESO) su presencia es menor (10%) que en la primera (1.º y 2.º de ESO), con un 13%. Además, su presencia no forma parte de la información relevante ni son protagonistas del relato general que transmite la enseñanza. De esta forma, este estudio argumenta que las bajas cifras en todos los bloques de contenido muestran que la presencia de las mujeres no es relevante ni como partícipes del relato histórico, ni asociadas a los conceptos que tienen que ver con el desarrollo científico o artístico.

La falta de referentes femeninos limita las expectativas profesionales de las niñas e influyen en lo que conocemos como techo de cristal -barrera invisible que impide que las mujeres alcancen las mismas posiciones de poder que los hombres-. Según la UNESCO, el porcentaje de mujeres en carreras científicas es del 28,5 por ciento. El dato más preocupante se encuentra en el descenso en áreas claves para el desarrollo tecnológico de la sociedad, como la ingeniería informática, en la cual las mujeres no llegan al 12 por ciento en España, y las matemáticas, donde las mujeres representaron solo un 37 por ciento en 2018. De hecho, el estudio «Análisis de la ausencia de las mujeres en los manuales de la ESO» afirma que las asignaturas de ciencias mantienen un porcentaje de presencia femenina en torno al 8 por ciento.

La catedrática Mayte Padilla nos habla sobre un estudio que realizó sobre los libros de texto de los centros escolares en Ayamonte. «Analizamos cuántas mujeres aparecían en las programaciones de los distintos temas de las asignaturas y solo se mencionaban a tres: la Virgen María, Mariana Pineda e Isabel la Católica. ¿No había más mujeres en la historia, la ciencia o la música? Están enseñando que la historia la hicieron los hombres, que los grandes compositores son varones y que las mujeres nunca fueron científicas, y así están demostrando que la escuela no es la misma para todas las personas a través de mecanismos de transmisión ocultos en los que nadie cuestiona los contenidos», afirma.

Ejemplo de coeducación

África Cabanillas, profesora de historia del IES Mariana Pineda e investigadora de la Universidad de Sevilla, hace 6 años que coordina un blog que se denomina «Historia con nombre de mujer», un espacio en el que junto a 9 profesoras y 1 profesor elaboran materiales coeducativos para poder incluir a las mujeres que los libros de texto excluyen. «Queríamos hablar de mujeres en clase y en los materiales tradicionales no aparece la mujer, por eso creamos el blog», explica.

Educación en igualdad, una asignatura todavía pendiente en las aulas

El blog cuenta con contenidos sobre historia, economía, filosofía, lengua y cine. África explica que el objetivo es crear un banco de materiales y recursos TIC sobre el estudio de la historia de las mujeres lo más amplio y actualizado posible para que puedan utilizarlo cualquier persona, ya sea alumnado, profesorado o alguien que no sea del centro. «Este blog lo hemos visto como una necesidad para aportar un granito de arena a la ausencia prácticamente total de mujeres en los libros de texto, los programas y los contenidos», dice.

África cuenta que las alumnas de su clase «tienen mucho interés por los materiales, porque están conociendo a mujeres que no sabían que existían». También enfatiza: «El profesorado no puede elegir un libro en el que haya una igualdad en la presencia de hombres y mujeres porque no existe. La profesora de Historia del Arte y yo analizamos algunos libros y solo encontramos referencias a dos mujeres: una pintora y una escultora. No aparecía ninguna más. ¡Ni siquiera en el arte del siglo XX! Que hay muchas pintoras. No se mencionaba ni a Frida Kahlo. Ni una obra de mujer. Si quieres hablar de mujeres tienes que hacer tú los materiales porque no los hay».

Asimismo, África incide en la importancia de la formación del profesorado en feminismo y género. «No es suficiente tener un profesorado concienciando si no existe formación, porque ¿cómo vas a formar al alumnado si tú no sabes quienes son las mujeres? Nosotros en clase enseñamos lo que hemos aprendido. Lo que no hemos aprendido no lo podemos enseñar y nuestra formación es súper tradicional y convencional», afirma.

Coeducación sexual

La coeducación sexual también es una de las claves para que las aulas sean más igualitarias y, al igual que el profesorado necesita formación para poder tratar materiales coeducativos, también necesitan formación para poder abordar la coeducación sexual. Laura Marcilla, educadora sexual, explica a este periódico que no hay una coeducación sexual de calidad: «La educación sexual en la ley educativa aparece como un tema que habría que tratar de manera transversal, es decir, que en teoría habría que tratarlo a lo largo de muchas asignaturas durante el ciclo educativo, pero al final nadie lo hace en profundidad o depende de la buena voluntad del profesorado para incluirlo. Hay profesorado que sí está concienciado e incluye estos temas cuando puede y otros que no. Pero el problema viene de la falta de formación sobre sexualidad, por lo que cuando tienen buenas intenciones, interés y pretenden hacerlo no han recibido la educación necesaria. En la carrera de educación no hay asignaturas que trate la educación sexual, entonces claro, la buena voluntad y el interés no sirve de nada sin una formación detrás que lo respalde».

Educación en igualdad, una asignatura todavía pendiente en las aulas

Laura Marcilla suele ir por los centros escolares dando talleres sobre educación sexual y en sus redes sociales tiene una sección sobre preguntas reales de estudiantes de la ESO y bachillerato que han sido realizadas de forma anónima. Algunas de las preguntas tienen relación con la virginidad o las relaciones sexuales, pero también sobre malos tratos y violaciones.

Educación en igualdad, una asignatura todavía pendiente en las aulas

En una ocasión, esta educadora sexual se encontró con una pregunta anónima de una chica que le preguntaba qué hacer porque estaba sufriendo violaciones por parte de su propio padre. Ese día, Laura había estado hablando sobre el consentimiento durante el taller y explicó que si no hay consentimiento es una violación. La chica, al escucharla, escribió un papel anónimo para preguntar qué podía hacer, a dónde podía ir o cómo podía pedir ayuda. Al ser la pregunta anónima, Laura no podía saber qué chica del aula habría escrito esa pregunta, pero avisó al centro y activaron el protocolo de abusos sexuales. Laura cuenta a este periódico este suceso para visibilizar que la educación sexual es muy importante, porque si el alumnado no tiene la opción de tener esta educación de calidad acaban buscando información en Google y eso puede desembocar en desinformación, bulos, mitos e información dañina. Sin mencionar el daño que puede generar en la persona que haya aprendido sobre la sexualidad a través de la pornografía.

«Con una educación sexual de calidad, los problemas de violencia de género se reducirían mucho. Cuando ocurriesen, la gente sabría mejor cómo actuar y habría más conciencia social para que, cuando una mujer sea una víctima de una agresión sexual, la sociedad no actuase como un agente revictimizador que empeora la situación por la que pasa esa mujer, sino al contrario, fuese un elemento de ayuda y de superación», señala Laura.

Educación en igualdad, una asignatura todavía pendiente en las aulas

«La educación sexual se trabaja desde una información científica, formación y con unos fines que no son recomendar prácticas, pautas, consejos o trucos, sino facilitar que cada persona tenga la información necesaria para poder conocer qué le gusta sin hacer daño a nadie ni juzgar y con las medidas de protección necesarias. Las relaciones sexuales son una pequeña parte de lo que incluye la educación sexual, que también incluye habilidades sociales, autoestima, capacidad de relacionarnos con los demás, autoconocimiento... muchas cosas que trasciende a las relaciones sexuales pero que también influyen mucho en ellas», expresa Laura.

La educadora cuenta que las intervenciones que les dejan realizar en los centros son muy breves. No les dejan el tiempo suficiente para poder trabajar en profundidad y Laura tiene la sensación de que «lo urgente no deja tiempo para lo importante». «Generalmente cuando solo tienes dos horas para trabajar con un grupo de clase lo que te piden es lo que hace falta ya: prevención de violencia de género, prevención de bullying por LGTBfobia, enfermedades de transmisión sexual, prevención de embarazos y anticonceptivos... Muchas veces sientes que lo que haces es prevenir y apagar posibles fuegos y problemas que pudiesen surgir, como que alguien sufra violencia en la pareja. Pero la prevención solo debería ser una parte de la educación sexual. Lo ideal es que, además de prevenir lo malo, también se promocionase lo bueno, porque si la educación solo se centra en prevenir lo malo no estamos fomentando la autoestima, las habilidades sociales, la comunicación en pareja, la capacidad de marcar límites o expresar sus deseos. Todo eso no nos da tiempo a trabajarlo porque tenemos muy poco tiempo y nos piden que expliquemos lo que corre más prisa, que es muy importante, pero no lo único importante. O no debería serlo», manifiesta Laura.

La escritora Gemma Lienas propuso en su libro una metáfora que siempre conviene utilizar en casos de desigualdad entre hombres y mujeres. Consiste en ponerse «las gafas violetas» para mirar el mundo e ir dándote cuenta de las situaciones injustas, de desventaja o de menosprecio hacia la mujer. Utilizar estas gafas para ir cuestionando nuestras acciones. «Hay que preguntarse si le hablamos igual a un niño que a una niña, si en el rótulo pone ‘director’ aunque sea mujer, si las madres son las únicas que van a las tutorías o si el patio del recreo solo lo utilizan los chicos. En la medida en que yo soy consciente y cuestiono lo que me rodea, me voy dando cuenta y voy intentando corregir mis acciones», considera la catedrática Mayte Padilla.


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