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Observatorio taurino

Espartaco: seis décadas de un figurón del toreo

El veterano diestro de Espartinas soplará hoy sesenta velas convertido en un referente de la profesión y en un auténtico icono del tiempo en el que fue mandón absoluto

03 oct 2022 / 11:58 h - Actualizado: 03 oct 2022 / 12:01 h.
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  • El maestro de Espartinas, a hombros de sus compañeros el Domingo de Resurrección de 2015.
    El maestro de Espartinas, a hombros de sus compañeros el Domingo de Resurrección de 2015.

Las seis décadas redondas que cumple este lunes Juan Antonio Ruiz Román pueden ser una excusa perfecta para volver a reivindicar –las veces que haga falta- la dimensión taurina y humana de un torero fundamental en la bisagra de los años 80 y 90 del pasado siglo XX. Espartaco fue el número uno indiscutible en esa época gloriosa para la profesión que siguió a la trágica muerte de Paquirri, desangrado en la angosta carretera que unía Pozoblanco con Córdoba. El ocaso del coloso de Zahara de los Atunes iba a marcar el final de la compleja transición taurina –paralela a la política- que siguió a la retirada de las grandes figuras de la Edad de Platino y la implantación del llamado toro del guarismo.

Juan Antonio se había forjado desde el sótano más hondo del toreo bajo la férrea tutela de su padre –fue el que estrenó el apodo bautizado por el genial Pipo- hasta alcanzar la cima. Hay una fecha que marca el antes y el después pero, sobre todo, el definitivo cambio de cotización de un torero que ya andaba por las ferias sin legitimar su caché. De hecho, Espartaco rondaba la idea de cambiar el oro por la plata por pura estabilidad económica. El célebre toro ‘Facultades’ de Manolo González lo cambió todo en la tarde del 25 de abril de 1985.

La última lección

Había tomado la alternativa en las Colombinas de Huelva en 1979 y ya había abierto la Puerta del Príncipe en la Feria de Abril de 1982 pero aquel Jueves de Farolillos del 85 cruzó la raya definitiva. Convertido en figura cotizada se hizo amo y señor del toreo hasta la fatídica lesión de rodilla que le cambió la vida.

En el recuerdo más cercano sigue estando aquella gloriosa reaparición puntual del Domingo de Resurrección de 2015. Fue la definitiva lección de una gran figura del toreo –las del momento habían vetado a la plaza de la Maestranza- y su última tarde vestido de luces. Su padre y su hijo le cortaron la simbólica coleta y se marchó por sexta vez por la Puerta del Príncipe a hombros de toda la profesión. Que sean muchos años más, maestro.

A vueltas con la TV

Recordar a las grandes figuras también nos sitúa en el tiempo y las circunstancias en las que se movieron y nos hace constatar –reloj no marques las horas- que los años pasan para todos y para todo. El toreo se movió en un medio social y económico muy distinto en aquellas dos últimas décadas del siglo XX. Siempre corremos el riesgo que creer que lo que nos rodea es inmutable, eterno... pero todo es susceptible de hacerse añicos en una milésima de segundo.

La perorata viene al pelo de los tiras y aflojas que están presidiendo las negociaciones de las retransmisiones de las ferias del primer circuito por parte de Canal Toros y la patronal taurina. Ya hemos hablado de ello pero conviene insistir. La ventana que aún tiene abierta la plataforma Movistar es necesaria. En el mundillo se habla desde hace tiempo de los problemas económicos para mantener la oferta; también de la caída del número de abonados y la competencia de ciertas soluciones piratas.

Es la pescadilla que se muerde la cola: el abonado no cuenta con un calendario cerrado de retransmisiones al comienzo de año y contempla, según va transcurriendo la campaña, como se van cerrando las distintas ferias sin demasiado orden y concierto. El ejemplo de Sevilla está cercano: el empresario llegó a decir que de tele, nasty pero el acuerdo se cerró a los dos o tres días, al borde del primer toque de clarín. No, ésa no puede ser la mejor imagen para el sector. Tampoco que se anden contando los duros al borde del comienzo de la Feria de Otoño de Madrid que, por ahora, se ha quedado sin el concurso de las cámaras.

Necesidad de sintonía

En la mesa de negociación unos aprietan al alza y los otros a la baja. Es normal. Pero conviene echar un vistazo por la ventana para ver la que está cayendo. En el panorama recesionista que vivimos –la viabilidad económica del toreo es un verdadero problema en ciertos escenarios- no conviene estirar demasiado una guita que cada vez es más fina. Y volvemos a lo mismo: no se puede fidelizar una clientela a la que se hace pagar por lo que no le interesa si ni siquiera sabe lo que va a ver en el mes de marzo. La tele de pago asegura la retransmisión de la gran temporada en una era, la que vivimos, en la que el toreo permanece orillado de los grandes medios. Que juzguen las partes interesadas...

Mientras tanto, la llegada de estas mañanas frescas de otoño y los crepúsculos adelantados empiezan a enseñar la puerta de salida a una temporada que aún tiene que salvar las citas de Madrid, Zaragoza y Jaén que por San Lucas pondrá el definitivo candado a este año de vuelta a la normalidad que ha enseñado demasiadas vías de agua abiertas. En Sevilla ya concluyó el abono pero aún resta ese atractivo festival que pondrá más que un grano de arena en la ejemplar Bolsa de Caridad del Señor del Gran Poder. Va a hacer falta ampararse a sus plantas.


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