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Serena despedida de un librero

La librería Céfiro cierra sus puertas por jubilación de su propietario, tras 32 años atendiendo a sus clientes en la calle Virgen de los Buenos Libros. Su deseo es que el local acoja otra librería

11 ene 2017 / 21:54 h - Actualizado: 12 ene 2017 / 10:52 h.
  • Serena despedida de un librero
    Eduardo Baraja y Luis Salas, libreros de Céfiro. / Manuel Gómez

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Eduardo Baraja parece un hombre de pocas palabras, pero lleva más de tres décadas rodeado de ellas: es librero. Un librero que está a punto de echar el cierre de su establecimiento, Céfiro, no por el mal que ha truncado tantas librerías en España, la crisis, sino porque le ha llegado la hora de la jubilación. «Por eso, y también por cierto cansancio», puntualiza.

Los últimos años han sido, en efecto, despiadados para el sector. «Notamos el bajón en todo, en el público y en las compras de instituciones. Tuvimos que reducir el horario de personal... Demasiado que hemos resistido». afirma. «Los libreros que nos hemos mantenido –Reguera, Palas, Yerma...– casi siempre hemos sido propietarios del local. De lo contrario, necesitas contar con 1.500 o 2.000 euros todos los meses, y eso es inasumible».

Echando la vista atrás, recuerda aquel 28 de enero de 1985 en que se lanzó a la aventura de abrir Céfiro, una librería especializada en temas de Historia, aunque con el tiempo se ha diversificado en todo tipo de géneros. «Los comienzos siempre son duros, pero tienes toda la ilusión. Había un par de librerías amigas que nos animaban, nos decían: ‘Venga, un par de años hay que aguantar’. Y han sido 32», evoca.

«Al principio los medios eran más pobres. Internet es ahora una gran ayuda, pero te complica más la vida: tienes que estar pendiente de mil cosas, de Facebook, de la web...», comenta Baraja. No es el único cambio que han experimentado: el colegio de enfrente, por ejemplo, empezó a vender sus propios libros de texto, «y ahora hay como un miedo a recomendar lecturas a los estudiantes», agrega.

Por otro lado, «los lectores se han hecho mayores, se nota mucho que los jóvenes no leen, aunque algún cliente joven tenemos. Y lo más destacado es cómo las mujeres han ido adquiriendo seguridad y preparación: son las que saben lo que quieren, preguntan siempre por títulos concretos».

El secreto de Céfiro, si lo hubiera, ha sido, para empezar, «ser una librería de barrio» a pesar de estar ubicada en el centro. Tres décadas largas dan para muchas anécdotas, pero las que más fácilmente le vienen a la cabeza a Eduardo son las relacionadas con el nombre de la calle donde se ubica Céfiro, Virgen de los Buenos Libros. «¿En serio? ¿Le pusieron el nombre por ustedes? Esas son las preguntas más frecuentes. Hasta Ian Gibson sacó un artículo hablando de eso», recuerda.

A la hora de recordar los grandes superventas de su trayectoria, no duda: «Ocnos de Luis Cernuda es el libro que más hemos vendido. Luego Caballerizas 2, de un señor de aquí, Joaquín Vázquez Parlade, que quiso escribir sus memorias y fueron un éxito local. Y La voz de bronce, de Antonio Ortega, lo enviamos a toda España», señala. «También suelen pedirnos eso de ‘un libro sobre la Guerra Civil, pero que sea imparcial’. Y tenemos que explicar que eso es imposible».

Cuando se le pregunta cómo se han tomado sus clientes la noticia de la despedida, comenta con una sonrisa que «algunos se han mostrado muy afectados, pero entienden que vamos cumpliendo años. Una chica incluso se echó a llorar cuando lo supo, porque venía aquí desde chiquitita, pero se alegró también por nosotros»

Sobre el destino del local, le gustaría «que siguiera siendo una librería, y a la clientela también», pero ignora si podrá ser. «Han venido varias personas a interesarse», añade. A los libreros del presente y del futuro les recomienda «que no se desanimen, eso es todo en este oficio. Si ves que tu librería es un desastre, sí, pero hay que saber que hay que aguantar mucho para acabar teniendo al final tu clientela. Además, tienes que estar presente no solo en la librería, sino en muchos sitios, en ferias, en presentaciones de libros, en congresos... Cuando sales y te encuentras con tus clientes, te das cuenta de que les gusta verte también fuera de tu medio».

¿Cómo definir este oficio, tras 32 años? «Aparte de ser muy bonito, es un trabajo que principalmente ayuda a las personas. Muchos entran despistados y confían en ti para llenar sus horas, para acompañarse de un libro»..


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